De incompetencia y corrupción como estilo de gobierno Otto Granados   La sujeción a diversos procesos penales a que ha sido sometido el ex gobernador Reynoso Femat no es, por supuesto, obra de la casualidad ni mucho menos. Es la consecuencia directa, concreta y tangible de una forma de ser y de entender la cosa pública como patrimonio privado y feudo familiar; de la falta de límites psicológicos, éticos y morales;  de una vocación consciente y consentida para ejercer el poder con sistemática vulgaridad y con la corrupción  como norma y, desde luego, de la falta casi total de contrapesos, en particular de la mayoría de los diputados que formaron parte de la LX Legislatura del Congreso local que cohonestaron el bandidaje que, ante sus ojos, se vino cometiendo entre 2004 y 2010. Pero esta realidad pura y dura no debe ocultar otra igualmente grave: ese gobierno no solo operó como delincuencia organizada sino que, peor aún, fue notoriamente incompetente en la mayor parte de las políticas públicas con que se mide la eficiencia de lo que hace un gobierno estatal. Veamos algunos ejemplos:
  • Según INEGI, la economía estatal pasó de representar, en 2004, 1.04 del PIB nacional a 1.03 en 2008, mientras que su población apenas llegó, en el Censo 2010, a 1.1% de la población nacional. Esto quiere decir, por un lado, que el tamaño de la economía decreció ligeramente en términos relativos, y, por otro, que a diferencia de otros estados que aportan más que el tamaño de su población, Aguascalientes apenas producía para la auto-subsistencia e incluso un poco menos en proporción al porcentaje de su población.
  • En su confusión, ese gobierno presumía de haber hecho de Aguascalientes un polo de atracción turística y del show business (dispendio en el futbol, donaciones para realizar películas, pistas para carreras automovilísticas, etc.). La realidad fue otra: en la clasificación del INEGI (2003-2008), dos de los sectores directamente asociados con infraestructura para esas actividades --servicios de esparcimiento, culturales, deportivos,  recreativos, así como hotelería, restaurantes y bebidas--, prácticamente no variaron o incluso decrecieron en ese sexenio.  El primero, que ocupaba el 0.65% del producto estatal en 2004, apenas pasó a 0.67% en 2008; y el segundo, cayó de 2.17% a 1.72%, todo ello expresado a precios corrientes en valores básicos. Más aún: el porcentaje de ocupación hotelera en Aguascalientes, un indicador globalmente aceptado para medir el dinamismo del  sector, fue más que mediocre: de acuerdo con SECTUR, la ocupación promedio anual fue en 2007 de 45.5%; en 2008 de 40.1; en 2009 de 31.6%, y en 2010, de 33.7%.
  • En materia de competitividad, el estado se fue a la lona. En el informe La competitividad de los estados mexicanos. Fortalezas ante la crisis 2010, del Tecnológico de Monterrey, por ejemplo, Aguascalientes cayó del lugar número 2 que tenía en 1999 al diez en 2010. En el mismo lapso, otras 13 entidades, en cambio, subieron y en algunos casos hasta  9 o 10 posiciones. Este índice, reveló que en eficiencia gubernamental Aguascalientes se fue del primer lugar al 7, en eficiencia de los negocios del 7 al 22, y en infraestructura del 3 al 12. Por su parte, el reporte del Instituto Mexicano de Competitividad (IMCO), por su parte, señaló en su edición 2010 que  Aguascalientes descendió del sitio número 3 en 2001 al 5 en 2008 (último dato entonces incluido). Y, finalmente, en un tercer reporte, el Índice de Competitividad de las Entidades Federativas Mexicanas, que produce El Colegio de la Frontera  Norte, Aguascalientes se fue hasta el lugar número 12, del 7 que ocupaba el año anterior, y en las siete variables que incluye, la relacionada con la “gestión de gobierno” obtuvo una calificación aún peor, en el sitio número 18 a nivel nacional.
  • La economía local se estancó claramente esos años. Con datos del INEGI, entre 2001 y 2008 (es decir, los gobiernos de Felipe González y de Reynoso) la economía de Aguascalientes apenas creció 0.6% promedio anual mientras que la economía nacional lo hizo al 2.1%. Al analizar el crecimiento del PIB por persona del estado, también se observa que fue 2.5% menor al promedio nacional, lo que quiere decir que los aguascalentenses generaban 2,753 pesos menos por persona que el promedio para los mexicanos.
  • El siguiente desastre fueron las finanzas públicas, que condujo por cierto otro de los ex funcionarios que están siendo buscados por la ley. De acuerdo con la SHCP, de 1998 a 2004 la deuda pública total del estado registrada en esa secretaría —es decir, no incluye otro tipo de pasivos no registrados o pagos pendientes a proveedores— se fue de 197.3 millones de pesos (mdp) a 621 mdp y de 2004 a 2010 (cifras a junio) a 2,603 mdp. Esto quiere decir que mientras en 1994 cada aguascalentense debía 213 pesos, seis años después debía 2,170 pesos: diez veces más.
  • Finalmente, la generación de empleo fue un fracaso. En diciembre de 2004, cuando empezó el gobierno de Reynoso, la cifra de trabajadores asegurados permanentes en el IMSS era de 168.127, y, seis años más tarde, cuando terminó, era de 186.894. Es decir, apenas se crearon 3.127 empleos permanentes nuevos por año cuando la demanda laboral de nuevos puestos de trabajo en el estado es de al menos 12 mil anuales.
  Lo que los Aguascalentenses vieron entre los años 2004 y 2010 fue, en suma, un período escandaloso de corrupción e irresponsabilidad, motivos por los cuales el entonces gobernador está hoy siendo enjuiciado. Pero no es menos trágico que, además, haya sido un gobierno tan ineficiente y tan incompetente en aquellas cuestiones que son las torales para el bienestar de los ciudadanos y el desarrollo del estado. Otto Granados