Publicado el: 6 diciembre, 2017

Escrito por Juan Manuel Ávila, CEO & Co-Fundador de Top Energy México y  presidente de la Comisión de Energía de Coparmex Aguascalientes.

Sin duda alguna la reforma energética es una de las reformas más controvertidas de los últimos años. Comprendida por pocos y criticada por muchos, en esencia representa un cambio significativo en las políticas públicas relacionadas en dicha materia: de un modelo de estado controlador, regulador, generador y comercializador, a un estado con sus respectivos órganos reguladores y sus empresas productivas del estado – mismas que al menos en papel tienen el deber de competir en igualdad de condiciones de mercado.

 Aunado a lo anterior, significa un cambio en la costumbre de todos nosotros los mexicanos sobre los precios de los productos energéticos y la comercialización de los mismos. Al final las interrogantes se centran en las siguientes:

¿Dónde estábamos antes de la reforma?

Previo a la reforma energética, todas las áreas del sector energético eran controladas por las empresas paraestatales Pemex y CFE. Salvo servicios terciados en el caso de PEMEX, y los regímenes de pequeño productor y autoabasto en el caso de la CFE, la participación de los privados era inexistente.

Los precios de los energéticos , así como las políticas de inversión, eran fijados mensualmente desde la Secretaría de Hacienda y Credito Público. A raíz de la reforma energética empieza a ser del conocimiento del ciudadano “de a pie” el estatus de la subinversión que había en estos ramos.

Hoy sabemos que en el caso de Pemex, se dejo a un lado la inversión en el ramo de Midstream y Downstream, con lo que la refinación en México es poca e ineficiente, aunado a la falta de logística para transporte y almacenamiento de hidrocarburos; mientras que en el sector eléctrico, vemos pérdidas técnicas y no técnicas al doble del benchamark de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, subsidios cruzados y sin transparencia por parte del suministrador básico, así como un desconocimiento total del mercado eléctrico en el país.

¿Dónde estamos?

En materia eléctrica contamos con un esquema regulatorio novedoso. Sumado a esto, el regulador – La Comisión Reguladora de Energía- cuenta con 61 atribuciones en materia eléctrica, mientras que anterior a  la reforma contaba con 14.  

En materia de generación solamente en la subasta 1 y 2 – llevadas a cabo el año pasado- dando como resultado en la primer subasta eléctrica de largo plazo una capacidad a instalar de 2,180 MW y en la tercer subasta -celebrada apenas hace unas semanas- sumará a la capacidad por un total de 2,562 MW en 16 proyectos distintos, en los que nuevamente destaca nuestro estado con dos centrales: una de 300 MW y otra de 95 MW, mismas que se construirán en los municipios del Pabellón de Arteaga y El Llano, desarrolladas por Canadian Solar y otra por Neon Energy, respectivamente.

Además contamos con un esquema de generación distribuida que le ha dado a Aguascalientes una capacidad instalada bajo esta modalidad de poco más de 7 MW. Pero no todo es miel sobre hojuelas,  uno de los grandes retos de la reforma energética ya nos alcanzó y es el régimen tarifario. Al cierre de esta columna seguía habiendo una confusión entre las nuevas tarifas del modelo de la CRE (Comisión Reguladora de Energía) y las publicadas por la SHCP en el DOF el día 30 de noviembre.

A esto también se le suma que el mercado de CELs (Certificados de Energía Limpia) tendría que empezar su operación el día 1 de enero del año entrante y aun no contamos con las bases claras de registro y operación.

No cabe duda que se hacen esfuerzos sobrehumanos por parte del regulador y de la Secretaría de Energía. Sin embargo, hay un paradigma digno de mencionar con el que no se pensó – y realmente no se contaba – en las discusiones de la reforma, y es el “shift” tecnológico.

Nadie en su sano juicio, aun sin dedicarse a la industria puede negar que la tecnología esta rebasando cualquier regulación y/o proyecto de política pública. Basta mirar reportes de Bloomberg en 2014 sobre la capacidad y precios de la energía solar fotovoltaica para ver cómo 2 años después la realidad en México y en el mundo los vería rebasados.

Recuerdo aun los rumores de radio pasillo en algunos foros energéticos a inicios del año pasado cómo se hablaba que en la primer subasta eléctrica no se llegarían a precios por debajo de los $150 USD por MWH (incluidos CELs), sin embargo dicha subasta rompió récords con Enel, quien oferto por debajo de los $ 35 USD por MWH (incluidos CELs). Luego dijeron que ese proyecto no se iba a construir y que iba a quedar en el anecdotario.

Con gusto podemos decir que habría que preguntarle a la aduana de Manzanillo si es cierto que se construye este proyecto, a lo que responderán que de manera diaria reciben más de 20 contenedores de paneles solares exclusivos para dicho proyecto. Dos años después de ese récord, México se impone con un precio promedio de 20.57 USD por MWH (incluidos CELs) mientras que la Agencia Americana de la Información Energética (EIA por sus siglas en inglés), estima que en 2016 la generación con ciclo combinado a gas natural ronda los $57 USD por MWH (considerando que la tasa de fondeo americana es mucho menor que la mexicana y que el mercado de gas natural de EUA es el más económico del mundo), esto nos hace pensar que México en definitiva se consolidará como el campeón energético de las renovables.

¿Qué falta por hacer?

Falta mucho por hacer. Por el lado del regulador quedan aun demasiadas disposiciones por aprobar para poder generar un marco regulatorio que le dé certidumbre a las inversiones que están llegando; y no solo eso, falta la profesionalización de la maquinaria del estado en materia energética, esto es, que los juzgados conozcan la reforma, los ministerios públicos, la policía federal, estatal y el ejército.

No son pocos los casos que la falta de coordinación y/o desconocimientos entre los diversos actores de gobierno lleva a emitir juicios erróneos sobre la materia. Pero no todo es parte del estado, también como sociedad nos hace falta profundizar en el estudio de lo que irónicamente ha sido la reforma más odiada por la población, sin embargo es la que apunta a México como líder en rubros que previo a la reforma jamás soñó incursionar.