La historia de Olivia Iwadare Iijima no comienza con un restaurante de moda ni con un título universitario en gastronomía, sino en una cocina familiar donde el trabajo era un rito cotidiano y el café se tostaba a mano.
Nieta de migrantes japoneses que abrieron algunas de las primeras cafeterías en San Luis Potosí, Olivia fue criada entre recetas, disciplina y una identidad cultural que cruzaba océanos. Con esa herencia como punto de partida, ha forjado un camino propio: es la mente detrás de Wavia SLP, uno de los restaurantes más innovadores del estado, y también una figura clave en la promoción de la cultura japonesa como secretaria de la Asociación Japonesa en San Luis Potosí
Aunque estudió Diseño Gráfico, su sensibilidad creativa y la formación disciplinaria recibida en casa encontraron una nueva forma de expresión en la cocina. A los diez años, empezó a involucrarse de lleno en el negocio familiar y, con el tiempo, se formó en técnicas culinarias directamente de chefs japoneses. “La cocina requiere creatividad, pero también mucho respeto por el proceso”, afirma. Esa combinación ha sido clave para el desarrollo de Wavia, un proyecto donde los ingredientes importados, las técnicas tradicionales y la reinterpretación contemporánea se conjugan en una propuesta única que ha sido reconocida con el Premio Revelación a Mejor Restaurante por la Canac.
Sin embargo, su trabajo va más allá de lo gastronómico. En un contexto marcado por el arribo de empresas japonesas a San Luis Potosí, Olivia ha sido un factor de cohesión entre la comunidad migrante y los descendientes Nikkei. Hace una década impulsó la formación de una asociación local que hoy organiza actividades culturales, talleres y eventos como la Expo Japón. “Teníamos la necesidad de crear una estructura para recibir a los nuevos japoneses y al mismo tiempo preservar nuestras raíces”, explica.
Uno de los logros más emblemáticos de esta labor cultural es el jardín japonés del Parque Tangamanga, considerado el más grande de su tipo en México y el segundo en Latinoamérica. Concebido por arquitectos japoneses en colaboración con el gobierno estatal, este espacio no sólo embellece la ciudad, sino que representa el espíritu de intercambio que Olivia ha promovido durante años.
IEn su faceta como líder empresarial, Olivia se define por un enfoque horizontal y colaborativo. “Uno no impone, se une al equipo”, dice. Conoce de primera mano cada área de operación en sus negocios y prioriza la formación integral de sus colaboradores. Este modelo de liderazgo, que combina cercanía, innovación y exigencia, le ha permitido consolidar un equipo comprometido con la calidad y la autenticidad.
Al hablar del estrés inherente al sector restaurantero, no recurre a frases hechas. Reconoce la presión, pero también la importancia de disfrutar el proceso y mantener claridad emocional. “Hay que saber controlar el carácter y tener momentos para meditar”, comenta. Su filosofía se basa en la constancia y el disfrute como pilares del equilibrio.
Como representante de una nueva generación Nikkei, Olivia asume su papel con responsabilidad y visión. Su consejo para quienes buscan emprender o invertir en San Luis es claro: crear identidad. “Muchos negocios repiten fórmulas. Lo importante es construir una propuesta única”, enfatiza. Y a los empresarios japoneses que llegan a México, les extiende una invitación franca: “Aquí hay oportunidades reales. Es un país con calidad de vida, talento humano y un enorme potencial de crecimiento”.
Olivia Iwadare encarna una síntesis entre tradición y modernidad, entre dos culturas que ha logrado tejer con sensibilidad y visión. Su trabajo no sólo ha enriquecido la escena gastronómica potosina, sino que ha fortalecido los vínculos entre México y Japón, convirtiéndola en una embajadora cultural que honra el pasado mientras cocina el futuro.











