Pareciera una meta imposible, pero Miguel Ortiz y su empresa Kooltoon están empeñados en revolucionar la industria de animación mexicana. El objetivo: “que lo hecho en México compita con productos creados por una compañía mundial como lo es Disney”.
“Probablemente se nos vaya la vida en ello […] Queremos darle una sacudida al mercado mexicano para que se valore el talento nacional, mejoren los sueldos y se eleven los estándares de la animación mexicana”, dice Miguel Ortiz.
No sólo es un sueño, afirma, sino una oportunidad en medio de una industria de animación en auge, tanto en plataformas digitales como en los medios tradicionales de difusión. Sin embargo, aunque el talento de la industria de animación mexicana es admirable, aclara que un buen producto tiene que ser respaldado por toda una estrategia empresarial y financiera.
Por ello, como ingeniero industrial por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), explica que la fórmula para competir radica en “crear buenas historias con una gran calidad audiovisual”.
“La gente es más selectiva con su tiempo frente a tanto contenido. Para destacarte, el corazón es un buen guión y un buen resultado audiovisual, pero que mejor que se lo comuniques al publicó”, explicó.
Un director sui generis para la animación mexicana
Con nulos estudios en las artes cinematográficas, pero con una gran intuición artística y experiencia en la creación de contenido educativo, Ortiz dirigió la película animada Águila y Jaguar: Guerreros Legendarios.
Es su ópera prima y la primera de tres historias inspiradas en la mitología prehispánica que retoman problemáticas ambientales. En ella, el director potosino trabajó por una película moderna, de fantasía y acción; sin aludir a representaciones pintorescas o estereotípicas.
Como director, valora sus fortalezas y debilidades, pero destaca su capacidad para evaluar resultados en cada área que implicó la realización del filme. Asimismo, subraya su asertividad para mejorar los procesos de producción, el desarrollo de estrategias con base en la comunicación, talento y habilidad de su equipo.
Como productor, afirma que asumió más responsabilidades ajenas al desarrollo del filme pero que son necesarias para la estrategia empresarial y la administración del presupuesto.
Confiesa que hacer una película animada es una labor titánica. Al ser un producto creativo, muchos procesos son subjetivos y con resultados ajenos a parámetros establecidos por la producción. Por ello, fue fundamental balancear los objetivos entre las áreas de trabajo y la flexibilidad que requiere el trabajo artístico.
“La función de un director es como la de una empresa: Hay que coordinar áreas para que avancen en tiempo y forma. Evidentemente, hay que ser un líder que toma decisiones creativas clave y define la estrategia artística ”, concluyó.











