El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha prendido las alarmas: México podría ser una de las primeras economías relevantes en entrar técnicamente en recesión en 2025, con una proyección de crecimiento negativo de -0.3%, según su informe más reciente de Perspectivas de la Economía Mundial, publicado este mes de abril. La pregunta que flota en el ambiente económico nacional es tan directa como preocupante: ¿Está México al borde de una recesión económica?
La respuesta no es unívoca, pero sí inquietante.
Crecimiento estancado y riesgos sistémicos
Mientras el crecimiento mundial se desacelerará de 3.3% en 2024 a 2.8% en 2025, las economías avanzadas crecerán apenas un 1.4%, y América Latina solo un 2.0%. México, en cambio, sufrirá una contracción, la única entre los principales países de la región.
El FMI asocia esta caída al impacto de nuevas tensiones geopolíticas y comerciales, lideradas por la reciente oleada de aranceles impulsada por Estados Unidos y las consecuentes represalias de sus principales socios económicos.
“Nos enfrentamos a un shock comercial negativo sin precedentes en la economía moderna”, advierte el prólogo del informe.
Y este golpe no será simétrico. Para México, altamente dependiente de las exportaciones a su vecino del norte y de las cadenas de suministro globales, el golpe puede ser particularmente severo.
“México entrará en recesión técnica este 2025”: más que una predicción
En un contexto donde los aranceles vuelven a ser armas de política económica, y la incertidumbre desborda los mercados financieros, el FMI identifica a México dentro del grupo de países que enfrentarán una caída en su producto interno bruto, junto con Alemania, Italia y Reino Unido.
Pero hay más. El informe fiscal del FMI alerta que la deuda pública crecerá en más de un tercio de los países, entre ellos México, reflejando los altos costos de financiamiento y el aumento del gasto gubernamental en respuesta a un entorno global más hostil.
“Las condiciones financieras más restrictivas y volátiles en EE. UU. pueden propagarse a las economías emergentes como México, encareciendo el crédito y frenando la inversión”, señala el organismo multilateral.
¿Y el nearshoring?
La narrativa optimista en torno al nearshoring, que ha dominado los discursos gubernamentales y empresariales, encuentra ahora su primer gran test de realidad. El FMI no menciona directamente esta estrategia, pero sí lanza una advertencia que cae como un cubetazo de agua fría: la inversión extranjera directa se verá afectada por la incertidumbre y la reevaluación de riesgos comerciales.
La reorganización de las cadenas de valor será lenta y costosa. La oportunidad, aunque sigue vigente, dependerá más que nunca de la estabilidad institucional y la certidumbre jurídica en México.
¿Qué significa esto para empresarios, políticos e inversionistas?
La recesión no es solo un número negativo en el PIB. Es un fenómeno con consecuencias reales: reducción de márgenes, menor inversión, presión sobre el empleo y caída en el consumo interno. Para los inversionistas, el mensaje es claro: prudencia extrema. Para los políticos, especialmente en un año preelectoral, urgencia por blindar la economía. Y para los empresarios, resiliencia financiera y enfoque estratégico.
El FMI sugiere ajustes fiscales graduales, pero en un entorno de alta polarización y escaso margen presupuestal, aplicar esas recomendaciones será todo menos sencillo.
México, en la delgada línea
Para 2026, el FMI prevé una recuperación de 1.4% para México. Sin embargo, ese repunte está condicionado a una mejora del entorno global, una desescalada comercial y una reconfiguración del crecimiento interno. Nada garantiza que eso ocurra.
En este momento crítico, México enfrenta el riesgo de cruzar la línea que separa el estancamiento de la recesión plena. La pregunta ya no es si habrá una desaceleración. La pregunta es cuánto costará y quién pagará la factura.









