María Elena Orantes acomoda unos papeles que tiene frente a ella y nos mira. Toda su atención recae en nosotros. Nos invita a sentarnos y comenzamos la plática.
Originaria de Chiapas, es la única hija de cinco hermanos. Su padre se dedicaba a la ganadería; sin embargo, su madre fue la que la impulsó a estudiar una carrera universitaria.
Estudió Ciencias de la Comunicación en el Tec de Monterrey. Cuando egresó comenzó a trabajar en el radio, luego en televisión local y nacional. Fue en este periodo en el que comenzó a incursionar en la política, pues estuvo en varias áreas en las direcciones de comunicación y relaciones públicas. Desde estos puestos se dio cuenta de que ser mujer y representarlas sería una gran alternativa.
En el inicio de su carrera política fue la primera secretaria del Instituto de las Mujeres en Chiapas. Posteriormente, se convirtió en la primera diputada local en un congreso en el que sólo había dos mujeres. Dentro de este cargo se convirtió en la presidenta de la Comisión de la Mujer y la Niñez, en la que se dio cuenta de que había que actualizar y crear un marco jurídico y legal para proteger a las mujeres.
“Cuando llegué, pues estudié que no teníamos mecanismos jurídicos, que no teníamos leyes, que no estábamos en los códigos civiles, no había tipificaciones que protegieran a la mujer”.
De esta forma, creó el primer marco jurídico en contra de la violencia contra la mujer. A su vez logró tipificar en el Código Civil como una causal de violencia, el golpe, la fuerza física, la emocional y, a su vez, la violencia como una causal de divorcio.
De esta forma, se dio cuenta de que erradicar la violencia contra la mujer era algo en lo que podía cimentar su compromiso.
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Su carrera avanzó y llegó al Congreso de la Unión como diputada federal, donde continuó con su trabajo para erradicar la violencia contra la mujer a pesar de todas las trabas que le impusieran.
“Mi padre me dijo que no hiciera tantas cosas, pero que me adquiriera la expertise en una que me gustara, que me apasionara y que me pudiera aprender y yo tomé la decisión de trabajar en mi camino legislativo 21 años a favor de las mujeres y las familias”.
Después de 21 años de trabajo legislativo, decidió construir el colectivo 50+1 para continuar con su trabajo a favor de las mujeres. El nombre, confiesa, significa que las mujeres son el 50% de la población, mientras el uno es una institución o persona a la que le presentan su agenda de género. El colectivo comenzó en México, pero poco a poco fue creciendo y actualmente tiene capítulos en Estados Unidos, Canadá, Europa y Centro y Sudamérica.
“Me siento muy afortunada por trabajar para el empoderamiento femenino y la construcción de una red con la que vamos a visibilizar el talento del 51% de la población”, confiesa.
Posteriormente, la invitaron a ser la cónsul general de México en Houston, por lo que actualmente reside en EUA, continuando su trabajo. En esta línea, nos comparte que dos de sus mayores logros han sido representar a México en el extranjero a través del servicio exterior mexicano y crear un mejor mundo para sus hijas.
Actualmente, busca hacer llegar información sobre sus derechos en EUA a los mexicanos que viven en Texas. De la misma forma, busca dar una mayor atención a la población al aumentar el número de citas en el consulado, ya que hay más de 2 millones de mexicanos en Houston.
En lo que respecta al papel de las mujeres en la política, menciona que se requieren más mujeres en la política que se atrevan y tomen decisiones. Sin embargo, deja claro que eso es gracias a la capacidad, inteligencia, talento y preparación de las mujeres; pero también a la unión de las mujeres de diferentes generaciones.
Con esto, la cónsul, sonriendo y llena de energía, y nosotros, con la esperanza de un mejor futuro, nos despedimos.









