José R. Pérez Jr. nos mira cuando tomamos asiento. En silencio nos sigue con la mirada sin juzgarnos, luego rompe el silencio al presentarse con un tono amigable y sincero. En cuanto nos sentamos vemos en los ojos un atisbo de la historia que está a punto de contarnos.
Nació en Cuba, pero desde pequeño se enfrentó a varias problemas que lo forjaron en lo que es actualmente. A los 10 años salió junto con sus padres y sus cinco hermanos de Cuba, huyendo de la revolución. En un principio llegaron a México, pero luego consiguieron sus visas para emigrar a Estados Unidos.
Su padre era un odontólogo muy reconocido, pero para ejercer en EUA tuvo que revalidar sus estudios a la par en la que trabajaba para el gobierno como dentista. Una vez que logró acreditarse como dentista, tomaron la decisión de mudarse a San Antonio, Texas.
José se declara inquieto e inquisitivo. El mayor regalo que le dio su padre fueron los estudios, cosa que aprovechó al estudiar Historia en el Saint Mary’s University para poder comprender por qué su familia y él tuvieron que escapar de Cuba.
“La Historia es un reflejo del pasado que te hace entender el presente. Y con el presente también puedes anticipar para no repetir los mismos errores pasados”.
Sin embargo, confiesa que al trabajar como profesor de historia, se dio cuenta de que no es lo que él quería, por lo que dio un golpe de timón hacia otras aguas: las leyes.
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Su entrada al mundo de las leyes fue natural. Comenzó trabajando en un despacho de abogados de inmigración, por lo que empezó a aprender el oficio antes de estudiar formalmente leyes en el Thurgood Marshall School of Law.En este despacho su primera tarea fue preparar las solicitudes de asilo político, cosa que le encantó. Posteriormente, logró pasar el examen que le permitiría ejercer como abogado en el estado y se unió al despacho de Gordon Quan. Ahí estuvo toda su carrera hasta que se fusionó con Foster LLP.
Esta entrada le permitió ver la estructura desde abajo y aprender de los mejores abogados de inmigración. Pero no sólo aprendió cuestiones legales, sino también cuestiones éticas como hacer lo mejor posible por el cliente y el cliente siempre tiene que ser primero. Gracias a esto, se ha mantenido en la misma empresa por casi 39 años, por lo que considera a todos sus colegas en la firma como su segunda familia.
A su vez, debido a su historia, hace hincapié en que una de las mayores ventajas de mantenerte en un trabajo es la estabilidad. Y, a partir de esta, llegar a una buena situación personal, económica y social. Algo que valora sobremanera.
No todo es sencillo siendo un abogado de inmigración. La práctica legal de inmigración es administrativa, por esta razón, se enfrentan a la maquinaria burocrática que cambia con cada administración. En especial, porque tiene décadas que no han actualizado las leyes de migración y el proceso sigue siendo engorroso y largo, por lo que se hace frustrante para el abogado, pero sobre todo para el cliente.
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“La práctica de inmigración es una práctica administrativa y desafortunadamente algunas veces las cosas no salen rápido por la burocracia que existe. Yo creo que algunas veces es muy frustrante para el cliente y para el abogado. Pero hay que saber que esto es básicamente como funciona el Sistema”.
Sin embargo, su mayor logro es uno que se repite a lo largo de su práctica legal: ayudar a las personas a obtener su estadía legal en EUA, ya que esto les cambia la vida a ellos y a su familia.
Por ese motivo, aconseja a las personas que actualmente quieran emigrar hacia EUA que primero revisen qué visa requieren o buscan y luego vean si puede lograrse a través de un familiar, de un trabajo o por alguno de los apartados del T-MEC.
Pero José se muestra optimista. Mira su historia y sabe que, aunque la migración es un tema complicado actualmente, esto va a cambiar en un futuro próximo.
“Se creará un camino legal para las personas que quieran emigrar porque al final, si no lo hacen, la economía de EUA va a ser afectada”.
Con esta predicción que proviene de sus casi cuatro décadas de experiencia, nos despedimos. José como buen anfitrión nos acompaña a la puerta y nos invita a cruzar la frontera de su oficina cuando gustemos.








