La propuesta de reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales en México ha generado un amplio debate entre sectores productivos, trabajadores y legisladores.
Desde la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), el consenso es claro: sí a la reducción de horas, pero con gradualidad, flexibilidad y enfoque tripartita.
Para la confederación, el cambio es viable y deseable, siempre que se realice en función del contexto económico del país, se escuche a todos los sectores y se eviten consecuencias no deseadas como despidos masivos, cierres de empresas o incremento en la informalidad.
“Estamos a favor de una mejor calidad de vida para los trabajadores, pero este cambio no puede hacerse de forma súbita ni sin estrategia. Necesitamos tiempo, consenso y apoyo fiscal para que esta transición sea sostenible”, afirmó Fernando Ernesto Sánchez Argomedo, presidente de la Comisión Nacional de Innovación de COPARMEX.
Una realidad compleja: más de la mitad del país trabaja en MIPYMES
Uno de los principales argumentos de COPARMEX sobre la jornada laboral de 40 horas es la composición del mercado laboral.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, más del 50% de los trabajadores mexicanos están empleados en micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES).
Muchas de estas operan con recursos limitados y en sectores como comercio, turismo, construcción o servicios, donde reducir un día de actividad puede tener un impacto directo en la operación y la rentabilidad.

“¿Cómo le pides a una MIPYME con tres personas que deje de trabajar un día entero sin afectar sus ingresos? Estamos hablando de negocios donde el dueño también es cocinero, mesero y administrador al mismo tiempo”, subrayó Sánchez.
“La persona debe estar en el centro, pero también hay que mirar las condiciones reales”
Rosa Marta Abascal Olascoaga, vicepresidenta nacional de Responsabilidad Social Empresarial de COPARMEX, también se pronunció a favor de avanzar hacia una jornada laboral más corta, siempre que se respete el equilibrio entre idealismo y realidad.
“En un mundo ideal, todos deberíamos tener dos días para convivir con nuestras familias. Pero para lograrlo necesitamos políticas responsables que protejan tanto al trabajador como a la viabilidad de las empresas”, explicó Abascal.
Ambos líderes coincidieron en que el gran desafío no está en el número de horas, sino en cómo se estructura el cambio.
Abascal advirtió que si la reducción no se acompaña de políticas de productividad, apoyo fiscal y negociación colectiva, se corre el riesgo de debilitar aún más el mercado laboral formal.
“Tú quítale un día a un vendedor que gana por comisión, y lo que haces es reducirle su ingreso. El objetivo es mejorar su vida, no empujarlo a la informalidad”, agregó.
Cuatro principios para una transición responsable
COPARMEX ha establecido una propuesta basada en cuatro ejes estratégicos que buscan garantizar una aplicación eficaz y realista de la jornada laboral de 40 horas:
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Gradualidad: aplicación escalonada en un periodo de cinco años para permitir ajustes operativos, financieros y contractuales.
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Flexibilidad sectorial: creación de regímenes especiales por industria o tipo de actividad, acordados entre empresas y trabajadores.
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Revisión periódica: seguimiento tripartito para evaluar efectos y realizar ajustes según el contexto económico o emergencias nacionales.
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Apoyo a MIPYMES: implementación de incentivos fiscales como deducibilidad de prestaciones, subsidios al empleo y revisión del ISR.
“Este es un esfuerzo que debe ser compartido. Gobierno, empresas y trabajadores debemos poner algo sobre la mesa. No puede ser una carga exclusiva de un solo sector”, enfatizó Abascal.
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Riesgos que deben considerarse
Tanto Abascal como Sánchez coincidieron en que el entusiasmo por una jornada laboral más corta debe ir acompañado de realismo.
Según COPARMEX, existen al menos tres riesgos concretos si la reforma se aprueba sin planeación:
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Crecimiento de la informalidad, al buscar los trabajadores un ingreso adicional por fuera del sistema formal.
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Despidos en microempresas, que no podrán absorber el aumento de costos laborales.
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Incremento en precios al consumidor, derivado de la necesidad de trasladar esos costos al producto final.
“No basta con reducir la jornada, hay que proteger el ingreso. Si no cuidamos el equilibrio, el impacto social puede ser negativo”, advirtió Abascal.
Más allá del horario: productividad, salud mental y transformación
La discusión sobre la jornada laboral de 40 horas también abre otras interrogantes sobre la forma en que se trabaja en México.
COPARMEX considera que el cambio debe estar acompañado de una transformación más profunda: uso estratégico de tecnología, reorganización del trabajo, y reinversión en bienestar emocional y capacitación.
“Trabajar menos horas solo funcionará si trabajamos mejor. Eso implica capacitar, innovar y adoptar modelos más inteligentes de producción”, señaló Sánchez.
“La salud mental y el salario emocional también deben formar parte de la conversación. Mejor calidad de vida no es solo menos horas, sino también condiciones más humanas”, añadió Abascal.
Una reforma viable, pero no inmediata
Para COPARMEX, la reducción de la jornada laboral de 40 horas no es un objetivo inalcanzable, pero tampoco debe ser una medida precipitada. Requiere de política pública integral, corresponsabilidad de todos los actores y mecanismos de adaptación.
“Queremos una reforma laboral que dure, que funcione y que realmente beneficie a quienes más lo necesitan. Para eso necesitamos diálogo, evidencia y estrategia”, concluyó Sánchez Argomedo.
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