El secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, advirtió que, si el cierre del gobierno federal se mantiene una semana más, el país podría enfrentar un escenario de “caos masivo” en su espacio aéreo, con retrasos generalizados, cancelaciones y la posibilidad de cerrar parcialmente sectores del cielo estadounidense por motivos de seguridad.
Duffy explicó que, pese al contexto de crisis presupuestaria, el sistema aéreo del país sigue siendo seguro y operativo, aunque cada día sin financiamiento aumenta el nivel de riesgo.
“Sería deshonesto decir que con el cierre no se inyecta más riesgo al sistema”, expresó.
Según el secretario, miles de controladores de tráfico aéreo continúan trabajando sin recibir pago, lo que ha provocado ausencias, dobles turnos y desgaste operativo en los centros de control.
El funcionario subrayó que el Departamento de Transporte (DOT) y la Administración Federal de Aviación (FAA) están haciendo todo lo posible por mantener las operaciones.
“El sistema es seguro; si no lo fuera, lo cerraríamos”, afirmó.
En casos puntuales —dijo— se han retrasado o cancelado vuelos cuando no hay suficiente personal para garantizar la seguridad. Sin embargo, advirtió que si la situación se prolonga, el margen de maniobra será cada vez más estrecho.
En ese sentido, Duffy explicó que muchos controladores están recurriendo a empleos temporales fuera del sector para solventar sus gastos, algo que consideró “inaceptable”.
“Nuestros controladores no deberían manejar Uber ni servir mesas; deberían controlar nuestros cielos”, comentó.
La situación se complica porque, legalmente, el DOT no puede liberar fondos de emergencia mientras el Congreso no apruebe la reapertura del gobierno.
“Ojalá existieran fondos que pudiera usar, pero no los hay. Así funciona la ley”, lamentó.
De acuerdo con el secretario, si el cierre continúa una semana más, los controladores recibirán un talonario con pago en cero, lo que podría derivar en ausentismo masivo.
“Muchos pueden resistir un cheque perdido, pero ninguno puede resistir dos”, dijo.
En ese escenario, se tendría que considerar restricciones o cierres parciales del espacio aéreo, priorizando la seguridad por encima de la continuidad del servicio.
No obstante, Duffy descartó la posibilidad de un apagón total del espacio aéreo. Explicó que, en caso de emergencia, se podría redistribuir tareas entre centros de control o mover operaciones a otras instalaciones para mantener la funcionalidad del sistema.
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Al margen de la crisis inmediata, el DOT avanza en su plan para modernizar la infraestructura de control aéreo, con el objetivo de pasar de un sistema analógico a uno digital.
El proyecto contempla una inversión de 31.5 mil millones de dólares, de los cuales 12.5 mil millones ya están asignados. Actualmente, dos consorcios tecnológicos compiten por liderar la primera fase.
“Tenemos el sistema más seguro y eficiente del mundo, no por el equipo, sino por los hombres y mujeres que lo operan. Pero es un sistema viejo; vamos a reconstruirlo”, sostuvo Duffy.
El cierre también ha comenzado a impactar en la formación de nuevos controladores, un aspecto que el DOT considera esencial para el futuro del sistema. La academia de la FAA incrementó en 20% su matrícula durante 2025, pero sus estudiantes dependen de un estipendio que podría suspenderse si no se aprueba el presupuesto.
“Si no reciben ese apoyo, abandonarán el programa, y eso sería catastrófico para nuestra próxima generación de controladores”, advirtió el secretario.
Finalmente, Duffy hizo un llamado al Congreso para aprobar la reapertura del gobierno y restablecer los pagos al personal federal.
“Los demócratas deben hacer su trabajo: financiar el gobierno, abrirlo y permitirnos volver al trabajo”, expresó, insistiendo en que el cierre es una medida “dolorosa” que termina afectando al público y comprometiendo la seguridad operativa.
Por ahora, no hay cierres confirmados del espacio aéreo, pero las autoridades reconocen que la presión aumenta con cada día que pasa sin financiamiento.
Si el shutdown se extiende, Estados Unidos podría entrar en una de las pruebas más delicadas para su sistema de aviación en décadas: mantener sus cielos abiertos y seguros en medio de una crisis presupuestaria.
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