La agencia Moody’s rebajó la calificación crediticia de Estados Unidos y pasó de “Aaa” a “Aa1”. Aunque la diferencia en la escala parece mínima, el movimiento tiene implicaciones profundas para la percepción global sobre la mayor economía del mundo y, por supuesto, para sus socios comerciales más cercanos.
Asimismo, la degradación obedece, según la agencia, a dos factores principales: el elevado déficit fiscal que arrastra el gobierno estadounidense y una trayectoria de deuda considerada insostenible. Por lo tanto, Moody’s advierte que el creciente pago de intereses ha llevado a niveles que superan por mucho a los de otras economías con calificación similar.
En consecuencia, para los inversionistas, este movimiento representa una advertencia. Es decir, ya no se trata del país “sin riesgo” que históricamente había fungido como refugio seguro. Ahora, aunque sigue siendo parte del grupo de alta calidad crediticia, su liderazgo se tambalea.
¿Qué responde el Gobierno de Estados Unidos la nueva calificación crediticia?
Igualmente, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, reaccionó rápidamente al anuncio. En ese sentido, afirmó que Moody’s “ofrece un indicador rezagado” y deslindó de responsabilidad a la actual administración de Donald Trump, señalando que el deterioro fiscal proviene del mandato de Joe Biden. Las inversiones realizadas en cobertura sanitaria y combate al cambio climático, explicó, incrementaron el gasto público en los últimos cuatro años.
Mientras tanto, Moody’s sostiene que la deuda pública de EE. UU. alcanza ya el 88% del Producto Interno Bruto (PIB), y el déficit fiscal ronda el 7.5% del PIB. Para la calificadora, estos niveles son preocupantes en un contexto en el que los pagos de intereses están aumentando a un ritmo superior al crecimiento económico.
A pesar de que la calificación “Aa1” sigue representando un emisor con una capacidad sólida de pago, la decisión de Moody’s alinea a Estados Unidos con países cuya salud fiscal se percibe con mayor vulnerabilidad. Y este cambio de percepción no tardó en reflejarse en los mercados internacionales.
Reacción de mercados a la baja calificación crediticia de Estados Unidos
Por otro lado, la rebaja tuvo un efecto inmediato. En Asia, el Nikkei de Tokio cerró con una caída del 0.74%, mientras que en China, los índices de Shanghái y Shenzhen también mostraron retrocesos, aunque menores. En Corea del Sur, el índice Kospi llegó a caer hasta un 1.2% antes de recortar pérdidas.
Europa tampoco fue inmune: Milán cayó 1.94%, París 0.71%, Londres 0.61% y Fráncfort 0.22%. Incluso el Euro Stoxx50, que agrupa a las empresas más capitalizadas del continente, perdió 0.76%.
La rebaja de Moody’s se anunció con Wall Street ya cerrado. Sin embargo, la Bolsa de Nueva York había cerrado con ganancias esa semana, impulsada por un acuerdo comercial temporal con China que rebajó los aranceles mutuos. A pesar de ello, se espera que los mercados estadounidenses reaccionen con cautela ante el nuevo escenario crediticio.
¿Cómo impacta a México la calificación crediticia de Estados Unidos?
En tanto, para México, el impacto no será directo pero sí relevante. Especialistas en finanzas coinciden en que el principal canal de contagio es el tipo de cambio. Si las agencias siguen rebajando la calificación de EE. UU. y los mercados globales entran en modo “riesgo”, el peso mexicano podría resentirse.
También, el flujo de inversiones en activos mexicanos podría desacelerarse si se percibe mayor incertidumbre en los mercados globales, sobre todo si se revisa a la baja la nota soberana de Estados Unidos por parte de más agencias. Por ahora, Fitch Ratings ha mantenido la calificación de México en “BBB- con perspectiva estable”, el último peldaño dentro del grado de inversión. Sin embargo, la calificadora también revisó a la baja su estimación del PIB mexicano para 2025, proyectando una contracción del 0.4%.
Cinco factores clave para México ante la baja en la calificación de Estados Unidos:
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Volatilidad cambiaria: Un deterioro en la percepción de riesgo global puede provocar depreciación del peso frente al dólar.
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Flujo de capitales: Los inversionistas podrían buscar activos más seguros, reduciendo su exposición en mercados emergentes como México.
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Impacto en tasas de interés: Si los bonos estadounidenses ofrecen mayores rendimientos, México podría verse obligado a subir tasas para seguir siendo atractivo.
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Nearshoring bajo presión: La incertidumbre comercial entre ambos países puede restar atractivo a México como destino para relocalizar cadenas de suministro.
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Dependencia comercial: Al ser el principal socio comercial de Estados Unidos, cualquier debilitamiento económico del vecino del norte se refleja en el crecimiento mexicano.
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