El gobierno de Donald Trump ha dado un giro en su estrategia arancelaria al ordenar, a través de un nuevo decreto publicado este 29 de abril del 2025, la eliminación de aranceles a diversos productos importados, entre ellos, a las autopartes provenientes de México.
La orden ejecutiva firmada por el presidente estadounidense, establece que cuando un artículo –como una autoparte– esté sujeto a más de un arancel bajo diferentes fundamentos legales, no se sumarán entre sí, salvo en circunstancias específicas. Esta disposición aplica retroactivamente a todas las importaciones realizadas desde el 4 de marzo de 2025.
El trasfondo legal de los aranceles
Desde 2018, Estados Unidos ha impuesto tarifas sobre productos importados con base en varias leyes: desde la Ley de Expansión Comercial de 1962 y la Ley de Comercio de 1974, hasta medidas de emergencia por amenazas a la seguridad nacional.
En el caso de México, estas políticas se han traducido en una carga arancelaria adicional para piezas automotrices que cruzan diariamente hacia territorio estadounidense.
La nueva orden ejecutiva se apoya en estas mismas leyes, pero introduce una modificación técnica que impide que un mismo artículo reciba múltiples tarifas simultáneas si provienen de acciones amparadas en las siguientes disposiciones:
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Proclama 10908 (sobre importaciones de automóviles y autopartes),
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Órdenes ejecutivas relacionadas con el combate al narcotráfico en la frontera norte y sur,
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Proclamas sobre aluminio (9704) y acero (9705), incluyendo sus respectivas enmiendas.
¿Qué significa esto para las autopartes mexicanas?
De forma concreta, si una autoparte mexicana es sujeta a un arancel por estar cubierta por la Proclama 10908, no podrá ser gravada además por medidas dirigidas a enfrentar el tráfico de drogas en la frontera sur, ni por los aranceles aplicables a acero o aluminio, salvo en los casos en los que se cumplan ciertas condiciones específicas establecidas en el decreto.
Este cambio en los aranceles implica que muchas empresas que exportan autopartes desde México dejarán de enfrentar el llamado «efecto stacking», que se traducía en tarifas acumuladas y costos más altos para los importadores estadounidenses.
Además, al establecer que la disposición es retroactiva, las empresas podrán solicitar reembolsos de aranceles pagados en exceso desde principios de marzo, conforme a los procedimientos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos.
¿Una reducción de fondo?
Aunque la medida no elimina por completo los aranceles existentes, sí modifica sustancialmente su forma de aplicación, eliminando redundancias que habían generado confusión tanto en exportadores como en autoridades aduaneras. Se trata, más bien, de una racionalización del sistema arancelario que podría traducirse en menores costos logísticos para el comercio bilateral.
La orden no afecta otras tarifas aplicadas por razones diferentes, como las impuestas bajo la sección 301 de la Ley de Comercio de 1974 o aquellas derivadas de procesos antidumping y compensatorios. También se mantiene la vigencia de las obligaciones fiscales generales del Arancel Armonizado de los Estados Unidos (HTSUS).
Cambios operativos en puerta
Para dar cumplimiento a esta nueva política, el decreto instruye al Departamento de Seguridad Nacional y a la Oficina de Aduanas a actualizar sus sistemas, regulaciones y mecanismos de aplicación antes del 16 de mayo de 2025. La Comisión de Comercio Internacional de EE.UU. también deberá coordinar los ajustes correspondientes al HTSUS.
Este tipo de actualizaciones en los aranceles podría impactar directamente los flujos de comercio entre México y Estados Unidos, particularmente en el sector automotriz, donde las autopartes representan uno de los principales componentes del intercambio bilateral.
Implicaciones para la región
La decisión se produce en un momento en que los sectores automotriz y de manufactura en América del Norte enfrentan presiones derivadas de la inflación, las tensiones geopolíticas y los desafíos en las cadenas de suministro. En ese contexto, la reducción del efecto acumulativo de los aranceles representa un gesto de pragmatismo regulatorio con beneficios indirectos para los socios comerciales de Estados Unidos, como México.
Aunque la administración Trump mantiene su retórica de firmeza en materia de seguridad fronteriza y defensa comercial, esta modificación abre espacio para una mayor certidumbre en las operaciones transfronterizas, al menos en el corto plazo.
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