En un entorno empresarial donde la volatilidad parece ser la única constante, Andrés Benavides, CEO de Daikin Manufacturing México, ha encontrado en la adaptabilidad, la rendición de cuentas y la ejecución efectiva los pilares de un liderazgo que trasciende estructuras tradicionales.
Desde su posición al frente de una de las principales firmas de climatización a nivel global, Benavides no sigue fórmulas predefinidas, sino que interpreta el liderazgo como un arte que requiere sensibilidad contextual, disciplina operativa y una confianza inquebrantable en el desarrollo de su equipo.
“La clave está en transformarse continuamente”, afirma. Para él, los momentos definitorios no se limitan a los inicios de carrera, sino que se extienden a cada etapa profesional. “Siempre me siento, volteo a verme a mí mismo hace cinco o diez años y me avergüenza pensar en cómo lo hacía; eso es bueno, porque indica que estoy creciendo”. Esta visión de evolución constante está profundamente enraizada en su filosofía de gestión: el cambio no es una amenaza, sino el principal catalizador del desarrollo.
Benavides entiende que un líder no puede anclarse a un sólo estilo. En su gestión, hay momentos para priorizar la estrategia, otros para sumergirse en la ejecución o en los detalles financieros, y muchos más para permitir el error y fomentar la experimentación. “Lo que funciona en una situación no funciona en otra”, sostiene. De ahí que una de sus prácticas centrales sea lo que denomina la “cadencia de rendición de cuentas”, un modelo de gobernanza que articula revisiones periódicas —mensuales, trimestrales o anuales— para monitorear desempeño, proyectos clave e indicadores críticos, con lo que promueve un “healthy sense of crisis” que mantiene a su equipo en un estado de alerta productiva.
En este marco de exigencia también hay espacio para el desarrollo humano. Benavides compara su rol como líder con el de un padre: “A mis hijos no los trato como quieren que los trate, sino como necesitan ser tratados para desarrollarse. Lo mismo aplico con mi equipo”. Delegar es fundamental, pero sin abdicar de la responsabilidad. “Delegas la tarea, no la responsabilidad”, remarca, dejando claro que confiar no es desentenderse, sino tener claridad sobre qué sí y qué no debe ser supervisado.
La toma de decisiones es otro de sus diferenciales. Bajo el principio “60-40” —60% de información, 40% de intuición—, impulsa a su equipo a avanzar sin esperar certezas absolutas. “Nunca vas a tomar la decisión perfecta, pero puedes ajustarla con una buena ejecución”. Este enfoque ágil le permite capitalizar oportunidades sin quedar paralizado ante la incertidumbre.
En cuanto a la innovación, su método es claro: no estorbar. “Muchas veces los líderes frustran la innovación por querer controlarlo todo”. Fomenta ensayos en entornos controlados y reconoce públicamente los intentos de mejora, incluso cuando no resultan perfectos. “Lo peor que puede pasar es que aprendamos algo para hacerlo mejor la próxima vez”.
Benavides también subraya la importancia de balancear lo profesional y lo personal sin necesidad de compartimentar. “No me gusta hacer esa distinción. Si te gusta tu trabajo, ¿cuál es el problema?”. Esta integración, más que separación, le permite enfocarse en lo esencial: dormir bien, comer bien, ejercitarse y pasar tiempo de calidad con su familia.
Como reflexión final, llama a los líderes mexicanos a mirar más allá de sus responsabilidades corporativas. “Nos falta colaborar más hacia afuera: con universidades, con otras empresas, con la comunidad. Hay mucha oportunidad para construir un mejor entorno”.
Bajo esta visión, Andrés Benavides no sólo dirige, sino que transforma. Su liderazgo no busca seguidores, sino constructores de futuro.











