Unas salsas caseras, originarias de Ahualulco y elaboradas a base de nuez, almendra y cacahuate, cruzaron el Pacífico para encontrar un nuevo destino en Japón.
La travesía fue hecha por Karen Berbera Morales y su empresa A la Potosina, quien atribuye el éxito a las recetas que heredó en la cocina de su abuela.
En apenas cinco meses, estás salsas que no salían de la dieta familiar lograron cautivar el paladar nipón.
Comenzó con una pequeña degustación a su amigo Jun Tozawa, que dio paso a unas primeras ventas en Nagoya y, más tarde, a participar en una diversidad de eventos en Tokio, dónde logró aumentar la presencia del producto.
Ahora, con una empresa recién creada, Karen está en los preparativos de levantar su primera planta de producción en San Juan de Coyotillos, comunidad que pertenece al municipio de Ahualulco del Sonido 13.
La localidad es de esas que aún conservan un profundo arraigo en sus tradiciones. Cuenta con menos de 900 habitantes y es conocida por sus gorditas cocidas en hornos de adobe. De ahí saldrá su primera plantilla laboral: al menos 10 personas, entre ellas su madre, quien asumirá el rol de ingeniera de calidad.
La intención es responder a una futura demanda, ya que, según la emprendedora, el propio secretario de Desarrollo Económico de San Luis Potosí, Jesús Salvador González Martínez, le ofreció apoyo para vincularla con una cadena restaurantera que cuenta con más de 15 mil sucursales en el mercado asiático.

Karen está en los preparativos de levantar su primera planta de producción desde una pequeña comunidad que pertenece al municipio de Ahualulco del Sonido 13.
Cuando la escasez se convierte en punto de partida
Proveniente de una familia de escasos recursos, la emprendedora confesó que las carencias económicas de su infancia fueron un impulso para aspirar a algo más grande.
Si no eran los zapatos, eran los uniformes escolares que heredaba de sus hermanos, porque en casa no había dinero para comprar unos nuevos. La falta de ese recurso la hizo trabajar desde la secundaria hasta convertirse en la única integrante de su familia en concluir la universidad por cuenta propia.
Más adelante, se incorporó a la Secretaría de Educación de San Luis Potosí, experiencia que le permitió recorrer las cuatro regiones de la entidad. Del mismo modo, se dedicó a realizar diseños para pequeños negocios y colaboró, junto a su esposo, en el desarrollo de páginas web.
Nunca pensó en crear una marca de alimentos, tan ajena a su profesión como mercadóloga, y mucho menos en exportar un producto hecho de ingredientes caseros, pero que hoy dan identidad a la empresa que fundó.
Salsas con sabor a México
A la Potosina produce dos tipos de salsas: una macha, de textura cremosa, elaborada con aceite, granos y semillas; y otra de jalapeño, también cremosa, con aceite y una consistencia similar a la del aguacate
El viaje de sus salsas por el Pacífico fue, en gran parte, gracias a Jun Tozawa, un agricultor japonés que llegó al municipio de Ahualulco con el interés de conocer el campo mexicano y, de paso, sumergirse en su cultura local.
Por recomendación de una amiga en común, Karen ofreció hospedarlo en San Juan de Coyotillos mientras permaneciera en el municipio. Así fue como ella y su familia le compartieron la vida del rancho, cuyas labores incluyeron cortar leña, trabajar la tierra y participar en celebraciones locales como la feria de Ahualulco.
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Ese gesto de hospitalidad se convertió en amistad y más tarde en una valiosa alianza que permitió a la emprendedora internacionalizar sus recetas.
Aunque varios amigos ya le habían sugerido vender las salsas caseras, fue Jun quien realmente la motivó a dar el paso… pero en Japón.
Le aseguró que allá no existía nada parecido y que su sabor sería un éxito. Una vez convencida, le pidió permiso para venderlas en su país, con la promesa de enviar a México todas las ganancias obtenidas.

“Yo le dije cómo hacerlo, le pasé la receta, hicimos una videollamada. Aquí en México eran como las 2 de la mañana, mientras él lo hacía allá, después de salir de su trabajo. Lo hicimos y, al final, en el primer evento, todos los frascos se vendieron”, relató la emprendedora potosina.
Cuando las salsas comenzaron a ganar presencia, Karen realizó su primer viaje a Japón en septiembre de 2025, un mes que coincidió con la inauguración de la oficina internacional del gobierno de San Luis Potosí en Tokio.
Durante esa visita, fue invitada por la Embajada de México a una noche mexicana para ofrecer una degustación de sus salsas. Ahí, su propuesta fue detectada por el equipo de la reciente oficina potosina.
“En ese evento tuve muchísimo apoyo por los mexicanos. Me encontré también con algunas potosinas. Y la mayoría me dijeron que era la primera salsa que realmente sabía a México”, destacó.
A la Potosina, un homenaje a la fuerza femenina de San Luis Potosí

A la Potosina es la marca bajo la cual se comercializan las salsas hechas en Ahualulco. Karen explicó que el nombre no solo es un tributo a su tierra natal, sino también una forma de reconocer a las mujeres que la formaron tanto en su vida profesional como personal.
La primera de ellas fue su abuela materna, Braulia Morales Moreno, a quien describió como una mujer de personalidad imponente, pero cuya alegría lograba unir a la familia en las fechas más importantes.
Por doña Braula nació la pasión por la cocina y las enseñanzas ligadas a la siembra de maíz, apio, calabaza y frijol.
Pese a los regaños por las lecciones culinarias, confesó que la casa de su abuela terminó por convertirse en un refugio silencioso frente al bullying que enfrentaba fuera de esas paredes.
“El primer platillo que me enseñó a hacer fue una sopa de fideo. Me dijo: ‘Hija, se tiene que aprender a cocinar, porque si no, nadie la va a querer’”, declaró.
La segunda mujer que marcó su formación fue su madre, Alicia Morales, de quien aprendió la importancia del orden y la disciplina a partir de las cosas más elementales en casa: tender la cama, lavar los trastes o planchar una muda de ropa.
“Desde chiquita me decía: si vas a hacer algo, hazlo bien; si no, no lo hagas”, reveló Karen.
La tercera persona a quien agradece es Zoila Aguilar González, maestra de telesecundaria y guía en su formación académica a través del programa Redes de Tutoría: Aprender a Aprender.
Como relató, este modelo educativo le enseñó el valor de aprender de forma independiente y de compartir el conocimiento con los demás.
“Tuve que trabajar para pagar la secundaria, para pagar la preparatoria. Estudiaba y trabajaba al mismo tiempo, y este programa me dio un gran impulso. Me hizo creer que yo también podía lograr algo, sin importar el apellido del que viniera”, aseguró.
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