Publicado el: 7 diciembre, 2017

Por Alejandro Basáñez Loyola

A principios del mes de agosto de 1925, el presidente Plutarco Elías Calles hizo una visita a la Tesorería de la Nación. El secretario de hacienda, Alberto J. Pani, deseaba mostrarle los 36 millones de pesos en centenarios, que estaban guardados en las bóvedas de seguridad del edificio. Estos ahorros estaban destinados a cumplir el ambicioso sueño del subsecretario Manuel Gómez Morín: fundar un banco, proyecto irrealizable desde tiempos de Porfirio Díaz. Las razones de crear una institución financiera eran favorecer la solidez de la moneda mexicana para realizar transacciones con otros países y tener mayor seguridad para los inversionistas nacionales al haber un único emisor controlado de billetes.

El 1 de septiembre de 1925, Calles visitó las instalaciones del Banco de Londres y México, en la esquina de 16 de septiembre y Bolívar, donde provisionalmente se ubicarían las oficinas del recién fundado Banco de México. El gerente de la nueva institución, el señor Alberto Mascareñas, recibió al presidente, quien iba acompañado por Alberto J. Pani; Ezequiel Padilla, diputado; Luis L. León, secretario de Agricultura, y otros representantes de la banca, el comercio y la industria. Juntos recorrieron las instalaciones del lugar y se tomaron una foto junto a la bóveda abierta, en la cual refulgían las decenas de torres de centenarios que conformaban los ahorros del gobierno.

—Señor presidente—dijo el consejero Manuel Gómez Morín—, este billete de cinco pesos simboliza la primera emisión realizada por nuestra noble institución. Es un honor para mí hacerle entrega de esta muestra que representa el billete número uno.

Calles miró el billete por los dos lados, prestando particular atención a la gitana que aparecía en él. 

—Nos van a comer vivos por poner a esta pinche vieja, Beto—le dijo al oído a Alberto J. Pani. 

—Ya habrá algo que inventar, Plutarco. No te preocupes.

El billete estaba extendido en un fino estuche transparente tipo carpeta. En un lado, tenía impreso en su centro a una gitana, y del otro, estaba la columna de la independenciaEl general de división lo tomó orgulloso en sus manos y luego, lo levantó para que todos lo miraran. Los aplausos no se hicieron esperar.

El Banco de México nació gracias a los ahorros acumulados durante diez meses. En sus inicios era un banco más, el cual se excedió otorgando créditos directos a los generales e instituciones gubernamentales hasta llegar a su límite de préstamos. Con el correr del tiempo cobró solidez y respetabilidad; logró asociarse con las demás casas bancarias y convertirse en el robusto organismo financiero que alguna vez prometió Manuel Gómez Morín.

Se dice que la famosa gitana del billete era la bailarina española Gloria Faure, amante de Alberto J. Pani. Al viajar a Nueva York para cerrar el trato con la empresa que elaboraría los primeros billetes (American Bank Note Company), Pani sería acusado de trata de blancas y de mantener encerradas a mujeres en contra de su voluntad (en un lujoso departamento de Manhattan), entre las cuales se dijo que estaba Gloria Faure. El escándalo fue tan grande que, al regresar a México, el funcionario presentó su renuncia; pero Calles no la aceptó alegando que él no quería eunucos en su gabinete.

Como era de esperarse, la gente se indignó con la imagen que aparecía en el papel moneda. La versión oficial de la American Bank Note Company fue que la foto correspondía al retrato de una mujer de Argelia, sacada de sus archivos de 1910; por lo cual no podía ser Gloria Faure. 

 

El ingeniero Alberto J. Pani nació en la ciudad de Aguascalientes el 12 de junio de 1878. Su madre, Paz Arteaga y Terán fue sobrina de Jesús Terán, quien fuera gobernador de Aguascalientes a mediados del siglo XIX.

Su niñez y adolescencia transcurrieron en un Aguascalientes en desarrollo, aún apegado a la vida campirana y tradicional. Creció rodeado de enormes sembradíos y hortalizas, en palacetes de un piso… un micro mundo donde todos los vecinos se conocían y convivían por las tardes y domingos en la Plaza Principal.

Alberto J. Pani estudió en el Instituto Científico y Literario de Aguascalientes, fundado por su célebre tío abuelo Jesús Terán. Después de graduarse de la Escuela Nacional de Ingeniería en 1902, se unió al maderismo para combatir al decadente régimen de Díaz, del cual se consideró enemigo según consigna su autobiografía: “La forzada paz porfiriana mantenía y perpetuaba el reinado de la injusticia en México”Este involucramiento lo hizo colaborar, durante cuatro décadas (1911-1952), con los distintos presidentes surgidos de la Revolución Mexicana. Sus cargos más importantes fueron: subsecretario de instrucción pública (1911), secretario de industria y comercio (1917 y 1918), ministro de México en París (1918) y secretario de hacienda (1923-27 y 1932-33).

Durante su carrera, Pani promovió la creación de instituciones que resultaron fundamentales para México. Como secretario de hacienda, creó la Dirección de Pensiones Civiles (el futuro ISSSTE), la Comisión Nacional de Irrigación (el antecedente de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos) y el Banco Nacional Hipotecario Urbano y de Obras Públicas (BANOBRAS). También fue impulsor de la remodelación, durante la década de 1930, del centro histórico de la ciudad de México, junto con el Zócalo, y de la conclusión de las obras del Palacio de Bellas Artes.