Publicado el: 11 agosto, 2017

Es innegable que deportistas masculinos y femeninos reciben un trato diferenciado. A ellos, se les califica por su desempeño en las competiciones, y a ellas, se les exige que lo destacable sea su aspecto físico. El ejemplo más claro es el de Alexa Moreno, ganadora de dos medallas de oro en Juegos Centroamericanos (una en 2010 y otra en 2014), que al participar en las Olimpiadas de 2016 recibió críticas por su supuesta gordura.

La filósofa feminista Matilde Fontecha lo dice en una entrevista para eldiario.es: “Es como si hubiera una ley no escrita que dijera: Las mujeres os empeñáis en hacer deporte, pues lo vais a pagar caro”.

Sin embargo, también señala que la actividad física y el deporte son emancipadores, pues el empoderamiento empieza por el propio cuerpo. Para muestra de ello, están dos momentos en los que el deporte fue el pretexto para que las mujeres exigieran sus derechos.

La mujer y la bicicleta

En el siglo XIX, la bicicleta y el ser sufragista eran casi sinónimos. Nada más revolucionario que una mujer usando su cuerpo, yendo de acá para allá, lejos de la mirada inquisitorial de sus padres. Susan B. Anthony, la emblemática sufragista estadounidense, decía: La bicicleta ha hecho más por emancipar a las mujeres que nada en el mundo. Me levanto y me regocijo cada vez que veo a una mujer paseando sobre ruedas”.

Los médicos de la época auguraban enfermedades raras como las deformaciones en la cara o la espalda por andar en bici. A las mujeres se les advertía que tendrían menstruaciones irregulares y dolorosas, abortos o excitación accidental por el roce con el sillín.

Y pesar de esto, se usó. La bicicleta cambió formas de pensar y motivó el empleo de pantalones bombachos que permitían conducir con más comodidad. Se hizo presente la “nueva mujer” que buscaba alejarse de los roles de madre y esposa, trabajar fuera de casa y conseguir el voto femenino.

La mujer que corrió en el maratón de Boston

Pensamos que la desigualdad es cosa del pasado, pero basta recordar que los primeros Juegos Olímpicos en los que participaron mujeres en todas las disciplinas deportivas fueron los de Londres 2012.

Apenas 18 años antes, el Comité Olímpico Internacional incluyó el maratón femenil en su catálogo de competiciones, gracias a las gestiones y esfuerzos que hizo la segunda corredora del Maratón de Boston, Kathrine Switzer.

En 1977, se hizo famosa al ser abordada por un organizador en medio del maratón, quien trató de impedir que siguiera. Era la única mujer compitiendo, pero recibió ayuda de otros corredores y pudo terminar la competencia.

La escena fue registrada por los medios, quienes la nombraron de manera errónea “la primera mujer en correr el maratón de Boston”, sin reparar en que un año antes, Roberta Gibb había hecho la misma carrera, incluso recibió una felicitación del entonces gobernador de Massachusetts.

A partir de ese incidente, Switzer se hizo una famosa comentarista deportiva, escritora y activista del género femenino en el deporte. Gracias a estas dos corredoras, se consiguió que en 1972 se permitiera la participación de mujeres en el maratón de manera oficial, aunque ésta no estaba expresamente prohibida.