Publicado el: 22 septiembre, 2017

Jorge de Luna creció en un mundo artístico. Sus padres fueron escuela para su futuro; ambos eran fotógrafos, aunque su padre también se dedicó a la pintura. Jorge decidió seguir el mismo camino que ellos y hacer de la fotografía una forma de vida. 

Antes de eso, tuvo que tomar varias decisiones. Una fue dejar su andar como misionero, después de pasar un tiempo en el seminario, y otra fue no ejercer la ingeniería industrial, carrera que había estudiado en la universidad. Al final, eligió lo que desde niño le apasionaba: mirar a través del visor de una cámara e inmortalizar momentos.

En poco tiempo, se convirtió en uno de los fotógrafos más reconocidos de Aguascalientes. Y en la actualidad, incluso con todos los cambios que ha sufrido su profesión, sigue teniendo el mismo prestigio.

Líder Empresarial (LE): ¿Qué hizo posible que la gente reconociera tu trabajo? 

Jorge de Luna (JL): Creo que es algo que se da solo, con tu trabajo, no lo piensas, simplemente lo disfrutas y tratas de hacerlo bien. Como es un negocio, tratas de ser consistente, dar más de lo que te piden. Yo disfruto hacer sesiones, a veces invito a alguien porque me llena, me completa en el aspecto profesional. Esa es la clave: disfrutar. 

LE: ¿Cómo fue tu formación profesional?

JL: Cuando inicié era muy complicado porque casi no había escuelas, sólo en la Ciudad de México, y estudiar en Estados Unidos era carísimo. Los fotógrafos en aquel tiempo éramos autodidactas; nos formábamos en convenciones, seminarios y cursos con otros fotógrafos.

Algo que me ayudó mucho fue que de niño acompañaba a mis padres a las convenciones de fotografía. Ellos se metían a las conferencias y yo me encerraba en la calificación de fotos. Así aprendí mucho porque venían fotógrafos americanos a juzgar las fotos y emitían sus juicios. 

Fotografía/Yoliztli Ramos

LE: ¿Ha habido momentos difíciles en tu carrera?

JL: Siempre ha habido momentos difíciles. Diario debes superar retos, en todos los aspectos, sobre todo en la satisfacción de tu trabajo.

Para el fotógrafo análogo fue muy difícil la transición a la era digital. En las primeras conferencias que hablaron de ello, no sabíamos de qué se trataba. Todos estábamos sorprendidos, los fotógrafos de hoy no se imaginan el shock que nos causó.

Un fotógrafo que inició en análogo piensa muy distinto a uno de la era digital. Antes era más fácil en muchos sentidos; ahora es más complejo, sobre todo en tiempos, se ha quintuplicado el tiempo de trabajo.

LE: ¿Cómo te adaptaste al cambio tecnológico?

JL: Fue muy difícil, recuerdo que para comprar mi primera cámara tuve que ir a Nueva York, no sabía ni cuál elegir. Después, me fui a tomar cursos; fue un proceso bonito, pero complicado. Gracias a Dios tengo un soporte muy fuerte de diseñadores. Mis hermanos son muy buenos fotógrafos también y me han ayudado.

LE: Cuando las personas acuden a ti, ¿qué encuentran?

JL: Las personas que vienen a Rembrandt buscan nuestra esencia como fotógrafos. Hacemos que la gente se sienta feliz con su fotografía, que se vean bien, lo cual requiere de mucha habilidad. El estilo que crearon mis padres es único, usamos mucho la luz natural, jugamos con los contraluces, creo que por eso nos buscan.

LE: En una época en la que cualquiera tiene acceso a una cámara, ¿qué debe ofrecer un fotógrafo?

JL: Un verdadero fotógrafo debe tener un estilo propio. Si tú ves a fotógrafos de boda ahora, notas que el 99 por ciento hace lo mismo porque han tomado workshops con la misma persona y replican su estilo. Se pierde la identidad. Un fotógrafo debe seguir siendo profesional: una persona que haga fotografías, no que las tome.

La esencia de la foto se sigue manteniendo por los fotógrafos que valen la pena. La competencia es voraz; pero si eres una persona equilibrada, sabrás que lo importante no es cuánto tengas o hagas, sino disfrutar lo que haces.