OPINIÓN
¿Y usted qué piensa?
 

Otto Granados Roldán
Director General del Instituto de Administración Pública (IAP) de Tecnológico de Monterrey
otto.granados@itesm.mx

Como su nombre lo indica, esta es una revista dirigida esencial, aunque no exclusivamente, a personas vinculadas a la comunidad empresarial o al mundo de los negocios en Aguascalientes. Se entiende que son ciudadanos  informados, preocupados por el presente y futuro del estado, y que en tal capacidad ejercen una función de liderazgo en sus redes sociales particulares. Por consecuencia, pueden contribuir a que el debate político no solo sea de calidad, algo exigible en cualquier circunstancia, sino que se concentre en lo que realmente importa.

La primera cuestión es si los lectores quieren influir en la marcha del estado. Hay dos caminos. Uno es asumir un comportamiento pasivo, cuidar sus intereses personales, ver con quién se pueden acomodar mejor, analizar las opciones de manera complaciente y seguir la tesis de que si le va bien a uno, lo demás no importa. El otro es examinar las propuestas con realismo, con  alto sentido crítico, cuestionar desde ahora lo que prometan los partidos y candidatos con datos y argumentos, y sostener públicamente una posición política clara. Esta última modalidad, desde luego, es más difícil porque supone jugar el rol de ciudadano y porque algunos políticos, o que dicen ser tales, son todavía de la etapa “conmigo o contra mí”.    

Una segunda urgencia es centrar los términos del debate. Todo partido y candidato suele siempre hablar de lo que quiere y eso le facilita inventar, mentir, exagerar o criticar la gestión actual. Esa es la tónica del pasado. Hoy la alternativa es exigirles que hablen de lo que a los ciudadanos les interesa y que respondan con propuestas que puedan ser refutadas y contrastadas. En los países que mejor funcionan en el mundo del siglo XXI ya no se gobierna con retórica ni con superficialidad mediática. Tampoco son los gobiernos asilos para pasar los últimos años de una carrera burocrática ni para lanzar encendidas verborreas asegurando que el maná está por venir. Ahora son ejercicios de habilidad, astucia, capacidad, visión, energía, conocimiento e información actualizados.

Buenos gobiernos, que al final es lo que se quiere, consiste en tener las soluciones concretas para los problemas concretos. Algunos candidatos pueden tener un currículum sexagenario, pero no tienen idea de qué hacer para levantar el crecimiento, para promover la competitividad, para impulsar la economía del conocimiento, para modernizar la educación o para establecer los nuevos modelos de gestión cultural que hoy se practican en Canadá o España porque nunca se prepararon por sí mismos sino que dependieron de maquinarias o equipos que eran en realidad los que hacían las cosas. Y el problema central es que el papel del gobernador es el de dirigir, generar un liderazgo efectivo, ejecutar políticas de manera autónoma y entender, como bien decía uno de los grandes políticos españoles, que cuando el teléfono del presidente es el último en sonar es que ha llegado la hora de tomar decisiones complejas y graves.

El tercer reto es saber cuáles son las prioridades y organizarlas eficazmente. Gobernar no es un tropel de eventos, reuniones y juntas, ni un ejercicio de relaciones públicas o comidas bien regadas. Gobernar es decidir. Para decidir hay que considerar un set de opciones en torno a una política pública concreta o un problema esencial. Y decidida una cuestión el desafío es ejecutarla de manera impecable. Hay que revisar entonces las biografías de cada uno para saber quién de ellos realmente ha gobernado y tenido responsabilidades ejecutivas lo cual es muy distinto a haber sido parte de un grupo y haber realizado encargos administrativos o de relaciones públicas.

Y finalmente un gobernante debe operar con un equipo profesional y no con los amiguetes de ocasión, con los empresarios cuates de la prehistoria, ni con empleados de bajo nivel cuyo mérito es solo obedecer órdenes.  Los gobernantes de hoy, los que quieren tener éxito, son “primus inter pares” porque hay una gran cantidad de materias de las que no saben, técnicamente, las entrañas y no están en capacidad de opinar sino de elegir entre las alternativas. Esto hace una dinámica de trabajo donde ya no cabe “mandar” sino “procesar y construir” soluciones, lo cual es muy distinto. Y cuando eso ocurre, los miembros del equipo más competentes deben tener el respeto del gobernador y eso solo es posible cuando hay un gobernador moderno.

En síntesis, si usted cree ser un verdadero ciudadano, es decir, un ciudadano activo, participativo, libre y crítico, entonces le toca hablar, demandar, exigir, proponer, cuestionar, opinar y criticar. Solo así hará la diferencia entre ser un ciudadano real o ser parte de una muchedumbre.