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Osvaldo Cuadro Moreno
Escritor y Consultor empresarial
osvaldo@homini.com.ar
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Esto sucedió hace unos años. Caminaba
por una de tantas ciudades populosas y grandes de
Sudamérica. No por un barrio marginal, pero
sí apenas medio, en una calle de cortas veredas.
De pronto vi estacionadas ante un gran portón
de rejas dos camionetas 4x4 flamantes, de la mejor
generación, y un Mercedes nuevo. Realmente
me sorprendió. Pregunté por ello a
un vecino, que me dijo: “Ahí vive la
reina de la papa”. La respuesta me sorprendió y
me hizo sonreír. ¿Adónde encontrar
a “la reina de la papa”? En la feria
más cercana. Hacia allí fui. Y allí la
encontré. Un puesto grande de papas, una mujer
con amplia falda y un enorme bolsillo adelante, donde
iba poniendo billetes y monedas, con dos ágiles
jovencitas encargadas de las ventas.
Al minuto de conversar me dijo: -Tenemos seis clases
de papas, más que
en cualquier otro lugar; unas son para puré,
otras para ensaladas, otras para freír, otras
para servirlas con salsa picante, otras…
“Bueno, bueno”, pensé. “Se nota que gana a otras al
menos en algo; una preciosa regla de marketing”.
Y me picó la curiosidad.
Ella me contó: -Bueno, tengo otros nueve
puestos iguales en otras partes; me los atienden
o supervisan mis hijas.
Ahí ya me asombré un poco más,
y otro poco cuando agregó: -En esta feria
ocho puestos son míos; a unos los alquilo
y a otros los doy en consignación. Y tengo
otros tantos en otras ferias.
-¿Siempre papas?
-No, también juguetes, ropa para niños,
artículos de limpieza y otras cosas.
-Es usted una mujer de negocios.
-Siempre me gustó eso. Estoy aquí porque
en este puesto empecé un día, cuando
me casé y estaba en el primer embarazo. Pero
también cuando me ofrecen algo bueno lo compro
y luego lo vendo.
-¿Qué cosas le ofrecen?
-Propiedades. Tengo varias así. Van y vienen.
-Usted necesita un administrador.
-De eso se ocupa una hija mía que para eso
estudió. Su marido, mi yerno, que tiene un
estudio contable, le lleva los números, los
impuestos, usted sabe, todo eso.
Yo me quedé pensando y salí de allí caminando
despacio. Y no pude con mi genio. De modo que otro
día, ya al anochecer, toqué a ese portón
de rejas. Me atendieron y mi hicieron pasar; adentro,
quien primero me saludó fue un BMW nuevecito
allí estacionado.
Quería verme con doña Rosa. Me atendió con
suprema sencillez, ya vestida de otra manera, en
una sala grande, no lujosa pero muy bien decorada,
con muebles todos finos. Un sirviente uniformado
nos sirvió. Yo quería saber más.
Pero en realidad, lo que había visto hasta
ese momento, me alcanzaba.
¿Qué conclusiones “de negocios” saqué?
Aquí las dejo:
- Doña Rosa era una empresaria hecha y derecha.
Empezó con poco y nada. Pero le sobraba
ambición. Y nada la arredraba. ¿Cómo
le llamaríamos a esto? ¿Visión,
iniciativa, creatividad?
- Consiguió el apoyo de su familia. Era
la jefa de una empresa familiar, en la que todos
confiaban en todos. Un logro que pocos alcanzan.
Y que no se gana sólo con autoridad, sino
con el liderazgo propio de un buen coach.
- Apreciaba las cosas buenas, como se veía
por los autos, los muebles, los arreglos de la
casa, el servicio. Crecimiento, desarrollo humano,
progreso, ambición, personalidad.
- Tenía una clara visión de las necesidades
básicas de la gente: alimentación,
ropa y detalles, vivienda. No partía de
sí, sino del cliente. Conocimiento realista
del mercado.
- Sabía cómo cumplir con esas necesidades
de la gente. No esperaba que la gente fuera a ella;
ella estaba donde estaba la gente. Multiplicación
de bocas de expendio, sin nada ostentoso ni gastador.
Buen mercadeo.
- En los empresarios un enemigo suele ser la vanagloria,
la imagen. A esta mujer eso no le interesaba un
comino. Seguía en su puesto de papas, desde
donde observaba todo.
- Era abierta y sociable; por eso actuó tan
confiadamente conmigo. Es decir, buena comunicadora.
Virtud fundamental en los negocios.
Creo que en estos momentos de dificultades empresariales,
algo podríamos aprender de doña Rosa,
viuda desde los 25 años, sobre todo teniendo
en cuenta que ella está viviendo en nuestro
mismo siglo y en nuestras mismas ciudades.
Además, al hablar con su yerno contador,
establecí que la suya no era por cierto una
pequeña empresa y menos la suya una pequeña
fortuna, sino mucho más. Y, para mi sorpresa,
la familia entera estaba investigando y soñando
cómo acrecentar los activos productivos. Siguiendo
su escuela. Por lo que se veía: buen liderazgo.
¿Habrá que ir a Harvard o al MIT para
aprender estas habilidades? A veces complicamos las
cosas, ¿no les parece?
Ahora vayamos a lo nuestro: crisis, globalización,
desocupación, descapitalización, feroz
competencia. Todo esto es cierto. Vayamos por lo
tanto a doña Rosa. Quedó viuda a los
25, con varios hijos, es decir, también en
crisis. ¿Qué tenía? Su puesto
de papas en una feria. E hizo lo que hizo y logró lo
que logró.
Es probable que este momento tan tenso de la historia
económica, nos impulse a ser prácticos,
sencillos y cultivar lo obvio.
Siempre recuerdo cómo comenzó Honda
en un Japón destruido por la guerra, sin gasolina,
sin autos por la calle y todo el mundo en bicicleta.
Su sueño de construir motos de competencia, ¡a
la basura!, no era el momento. Pero algo había
en las calles: había bicicletas; todo el mundo,
grande y chico, en bicicleta.
¿Cuál era el mercado real? Atender
a las bicicletas. Por lo tanto Honda se encerró en
su tallercito a preparar un motor para bicicletas,
que funcionara con el combustible más rústico
y gracias a ello más barato. ¿Qué pasó después?
Pues que todas las bicicletas de Japón tenían
un motor Honda. Y así comenzó su emporio
industrial. Empezó atendiendo a lo obvio,
a la necesidad primaria. Como doña Rosa: comida,
techo, y algunas cosillas de la vida diaria. Ambos
se dedicaron al mercado más grande, al mercado
de las necesidades diarias, al mercado de las primeras
pequeñeces.
Hay muchos ejemplos similares, como el del chico
Milton, y más recientemente el de Cola Real.
Es posible que también en este tiempo tengan
más suerte los sencillos. Los que “vean” y
luego se lancen a hacerlo; de a poco, pero con tendencia
sin embargo masiva. Visión y Misión.
Los “genios” manejan las técnicas.
Los líderes simplemente son los propietarios
de la visión y la misión.