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Juan Enrique Sandoval
Skillsa S.C.-Capacitación y
Estrategia
juan.sandoval@skillsa.com
www.skillsa.com |
Estamos todos de acuerdo en que la creatividad hace
que las empresas se vuelvan más competitivas.
Nos permite explorar nuevas oportunidades de mercado
y nos abre los ojos a diferentes fórmulas
de hacer negocios. Pero también es cierto
que la creatividad extrema nos obliga a desviar valiosos
recursos de la compañía que bien podrían
dedicarse a solventar las necesidades cotidianas
de la empresa. En muchas ocasiones hemos visto compañías
enteras ir a la quiebra por el hecho de haber dedicado
demasiado tiempo a impulsar la creatividad de sus
cuadros dirigentes o de sus propios empleados.
A continuación, algunos consejos para impedir
que la creatividad desmedida en la empresa la obligue
a comprometer su tiempo, personal y dinero, en sueños
utópicos que podrían duplicar el valor
de la empresa, pero que al mismo tiempo significan
grandes riesgos para una persona tan conservadora
como usted. Tal vez descubra que tiene razón
si piensa que hay que evitar todos los riesgos.

1. Desconfiar de los mejores
La primera tarea de la administración de la
creatividad es contar con un departamento de recursos
humanos de esos que se dedican sólo a llevar
la nómina y generar los cheques quincenales,
pero que pocas veces ayudan a implantar sistemas
que evalúen las verdaderas aportaciones, la
actitud y el empuje de los empleados. ¿Quiénes
son esas personas diferentes? Los empleados con mejor
actitud son aquellos que llegan con una sonrisa todos
los lunes, que proponen nuevas ideas a sus jefes.
Que tienen ambición pero también están
dispuestos a ayudar a sus compañeros.
Usted pregúntese por qué estas personas
siempre parecen estar de buen humor. ¿Por
qué siempre tienen una nueva idea para proponer
o para resolver problemas, mientras los demás
sólo saben quejarse y maldecir su mala suerte? ¿No
es demasiado sospechosa esa actitud? Si no se hace
estas preguntas, podría correr el riesgo incluso
de terminar escuchándolos. No lo haga, confínelos
a una pequeña oficina y no permita que su
entusiasmo se contagie a los demás. Vamos,
siga llamándolos “recursos”.
2. No incentivar
Si usted cometió el error de escuchar a estas
personas o alguien tuvo el atrevimiento de implantar
una mejora en sus procesos de producción o
de mercadeo, no los premie. Incluso si tuvieron éxito.
Las ideas continuas acarrean riesgos, recuérdelo
siempre. Y premiar a los empleados que han dejado
libre su creatividad significa poner en riesgo a
su empresa.
Por ello, déjelos relegados en los ascensos.
No aumente su sueldo. Es más, regáñelos
públicamente por atreverse a proponer nuevas
ideas que comprometieron la seguridad y permanencia
de una empresa tan sólida (y aburrida) como
la suya.
3. Crecer internamente
Algunos autores de negocios recientemente se han
atrevido a sugerir que las empresas demasiado grandes
en realidad se convierten en monstruos incontrolables
donde domina la política interna en lugar
de las acciones orientadas a resultados. No sé si
tengan toda la razón pero también
es verdad que las empresas mientras más
grandes son, más dificultades tienen para
encontrar su propia creatividad, pues los empleados
están demasiado ocupados en conocer cuál
es su posición en el organigrama, así como
en entender las relaciones laborales y sus políticas
internas.
Una empresa de más de cien empleados deja
de ser creativa. Impide la propuesta de soluciones
novedosas y bloquea las relaciones interpersonales.
Así que esto es precisamente lo que debe hacer
usted. Déjelos que crezcan. Contrate gente
sólo por contratarla, porque son hijos de
alguien, amigos o parientes. Construya jerarquías
más complicadas en lugar de crear nuevas empresas
que ataquen nuevos mercados. En otras palabras, no
despida a los creativos: sofóquelos en la
burocracia.
4. No escuchar a su competencia
En ocasiones nos concentramos tanto en las tareas
cotidianas de la empresa que dejamos de poner atención
a las acciones que realiza nuestra competencia.
Consideramos que el mercado está compuesto únicamente
por nuestros clientes y por nosotros mismos. Esto
nos sirve para en efecto, enfocarnos únicamente
en nosotros mismos pero nos impide ver los movimientos
laterales y las oportunidades que los competidores
han descubierto.
Si usted ha decidido seguir este camino, está bien.
Perderá algunas oportunidades pero al menos
no lo llamarán “oportunista”.
5. Delimitar su mercado
De la misma manera, usted debe concentrarse únicamente
en el mercado que significa su razón de ser.
Esos clientes que ya lo conocen y a quienes ustedes
ya conoce bien. Es una forma de crear un estado mental
en el que todo está bien. No importa si las
nuevas relaciones sociales, las tecnologías
y la misma vida cambian pronto y frecuentemente.
De lo contrario, estaría cediendo terreno
a las ideas creativas que inevitablemente surgirían
para atender a nuevos clientes o a las nuevas necesidades
de los actuales. Todo esto conlleva tiempo y esfuerzo.
Evite la fatiga, atienda a los mismos de siempre.
Como dicen por ahí: mas vale malo por conocido...
6. Asegurar su posición
Si usted ha decidido ignorar a su competencia,
ignorar las tendencias de su mercado y básicamente
evitar todas las aventuras creativas, felicidades.
Prácticamente ha cubierto todos los flancos
para asegurar su posición. No ampliará sus
mercados, no crecerá más de lo planeado,
pero al menos no estará tomando riesgos
desmedidos.
Ahora dedíquese a proteger esas fronteras.
Invierta su tiempo y dinero en fortalecer las relaciones
con los proveedores de siempre. Limítese a
leer libros y boletines de negocio que coinciden
con sus propias ideas. No se exponga a atrevimientos
que nada tienen que ver con su negocio, pues esto
hará que su personal y probablemente usted
mismo comiencen a ser más creativos e incluso
tal vez querrá correr algunos riesgos. Repítase
a sí mismo, “Así estoy bien,
así estoy bien aunque sólo yo lo sepa”.
7. Apalancarse en su banco
Nada mejor que contraer más y más deuda
con su banco de siempre. Esto le permitirá a
usted jugar con dinero fresco que no es de usted,
para generar utilidades que al final no serán
suyas tampoco. Sé que mis amigos banqueros
no apreciarían que yo hable de lo altas que
son sus tasas de interés, o de lo absurdas
que resultan sus políticas de comisiones sobre
comisiones. Por ello, no hablaré de esto.
Solo diré que contraer deuda en estos tiempos
es una buena idea para frenar la creatividad desmedida
en las empresas, pues nos obliga a jugar a lo seguro.
Nos ata las manos y nos hace ser doblemente precavidos
al momento de tomar decisiones tanto internas como
externas en las empresas. Siga por el camino del
préstamo y verá como es más
fácil administrar su negocio, pues estará básicamente
siguiendo las instrucciones de alguien más.
Eso es seguro.
En fin, que la gestión de la creatividad
despierta sentimientos encontrados en aquellos hombres
de negocios que buscan oportunidades para ser mejores,
pero que al mismo tiempo quieren evitar los riesgos.
En esta ocasión le recordaré que las
personas creativas tienen más posibilidades
de fracaso. Quienes no toman riesgos, nunca fracasan.
Pero tampoco tienen éxito. Así que
por favor, no me haga caso.