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Xavier Enriquez Frutos
Profitconsulting
xenriquez@profitconsulting.com
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“Nadie quiere llegar a viejo,
pero nadie quiere morir joven.”
-J.J. Curiel-
Considerando que nuestra realidad está acotada
por los que nos rodean debo decir que durante el último
mes, no sé si debido a la crisis, la mayoría
de mis clientes han demostrado un interés
extra sobre el tema de su patrimonio, sin duda uno
de los temas que más dolores de cabeza causan
a la mayoría de los empresarios familiares,
pues casi todos piensan que hacer su plan patrimonial
es, sobre todo, hacer un testamento, concepto que
los orilla a pensar en su muerte, tema que a muchos
desagrada pues culturalmente no nos han preparado
para eso, y vemos a la muerte como una tragedia y
no como algo natural e inevitable.
Estadísticas recientes con empresarios familiares
en nuestro país, muestran que aunque el 72%
de ellos ya tienen un testamento ante notario, el
61% de ellos no ha pensado ni definido claramente
en un plan patrimonial cómo y cuándo
van a repartir sus bienes.
El plan patrimonial es el proceso por el cual
un individuo o una familia consideran las alternativas y
deciden la forma más efectiva para hacer los
arreglos legales necesarios que se ajusten a sus
deseos específicos en caso de que algo les
suceda. Un plan patrimonial es algo más que
un simple testamento. Un buen plan patrimonial considera
minimizar los impuestos potenciales y fija planes
de contingencia para asegurar incluso sus deseos
acerca de tratamientos médicos si fueran necesarios.
Un plan patrimonial busca preservar la mayor cantidad
posible de riqueza para los beneficiarios, así como
flexibilidad para el propio individuo durante el
resto de su vida.
En la parte financiera el plan patrimonial coordina
qué le pasará a sus bienes inmuebles,
sus inversiones, su empresa, su seguro de vida, sus
empleados y otras propiedades en caso de que usted
quede incapacitado o muera. Para la empresa familiar
este instrumento es esencial, pues determina cómo
quedará la tenencia accionaria del tan preciado
patrimonio familiar. Aquí es de vital importancia
considerar los intereses y visión de futuro
de todos los miembros de la familia, ya que no es
nada sano dejar parte o toda una empresa a personas,
familiares o no, que no tengan un verdadero interés
de darle continuidad a la empresa familiar, pues
se debe de tomar en cuenta que junto con una empresa
también se hereda la responsabilidad social
que va aparejada con ella, tanto con sus empleados
y sus familias, como con todos aquellos que de una
u otra forma tienen alguna relación con su
empresa, llámense clientes o proveedores.
Piense en las relaciones entre sus hijos, hijas,
yernos, nueras y todos aquellos que usted ha considerado
como futuros dueños de la empresa; ¿tienen
buenas relaciones interpersonales?, ¿son capaces
de llegar a acuerdos?, ¿comparten la misma
visión general de la empresa?
Si las relaciones entre los futuros socios no es
buena, haga diferentes paquetes dentro de su plan
y deje la empresa solo a los que se lleven bien,
o solo a uno de ellos, y a los demás déjeles
otras cosas, no complique ni fuerce una relación
dentro de la empresa, ya que eso puede llevar a rompimientos
familiares y eventualmente también al fracaso
de la empresa.
Si usted se ha dado cuenta que sus herederos no
tienen el empuje o capacidad necesaria para llevar
la empresa adelante, pero sí el interés,
considere formar un buen consejo de administración
y edúquelos para ser unos dueños responsables,
y manténgalos fuera de la operación.
Si por otro lado, no tienen interés sobre
la empresa, tal vez sea mejor que usted vaya pensando
en la opción de vender su empresa cuando usted
todavía esté con vida y pueda hacerlo
en el “valor” real o adecuado ya que
si no existe el interés, probablemente terminen
malbaratando algo que a usted costó sangre,
sudor y lagrimas, crear y consolidar.
En el lado personal, un buen plan patrimonial debe
de incluir indicaciones acerca de tratamientos médicos,
donación de órganos, última
voluntad, cómo se dispondrá de su cuerpo,
etc.
El plan pudiera ser complejo o muy sencillo reflejando
sus necesidades personales y el tamaño de
su patrimonio, además de que algunas de estas
medidas se pueden ir haciendo cuando usted todavía
esté con vida y vea cómo se van cumpliendo
y desarrollando.
Revise su plan patrimonial cada dos años
y después de alguno de los siguientes sucesos:
matrimonio, divorcio, nacimiento o adopción
de un hijo o de un nieto, mudanza a otro estado o
país, la muerte de su albacea o tutor, o un
cambio significativo en su situación financiera.