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Juan Enrique Sandoval
Skillsa S.C.-Capacitación y
Estrategia
juan.sandoval@skillsa.com
www.skillsa.com |
Los mercados hoy ya no son los mercados que eran
antes. Al interior de las empresas seguimos hablando
con conceptos de hace 10, 20 o 50 años, sin
entender que nuestro mundo ha cambiado totalmente.
Hoy, nosotros seguimos diseñando una estrategia
comercial, la fortalecemos con operaciones lean y
apalancamos nuestras finanzas con productos offshore.
Igual que hace varios años, tomamos viejos
conceptos y sólo les cambiamos el nombre.
Y mientras hacemos todo esto, los clientes buscan
alguien con quien hablar. Alguien que les resuelva
sus problemas. Pero también hoy en día
necesitan aprender y compartir. Sólo que nosotros
no les damos la oportunidad; estamos demasiado ocupados
en mejorar nuestros productos, terminar todas las
tareas para volvernos líderes en nuestros
mercados. Así que aquí le dejo siete
consejos para aprovechar mejor su tiempo y no perderlo
escuchando a los clientes.
1. Cierre los canales de comunicación
¿Cuántos canales de comunicación tiene abiertos? ¿Cómo
escucha a los clientes? Algunas compañías realmente están
dispuestas a luchar por los clientes actuales. Están interesadas en
que regresen y en que las recomienden entre sus conocidos. Escuchar sus quejas
(y tal vez alguna sugerencia) es importante porque son ellos quienes están
en contacto frecuente y constante con nuestro servicio
o producto.
La verdad es que escuchar críticas y comentarios
malos acerca de nuestros productos y servicios no
es nada agradable. Entonces, ¿por qué tolerarlos?
Retire hoy mismo ese buzón de quejas que nunca
revisa. Cancele el número telefónico
de servicio. No instruya a sus empleados en técnicas
de servicio al cliente. La mejor forma de detener
las quejas por mal servicio es dar un buen servicio.
Pero la forma más rápida, es taparse
los oídos.
2. Tenga fe sólo en su publicidad
¿Qué dice su publicidad? Que usted es el ideal, que es el más
rápido, el más efectivo, el primero y el mejor. Y reconózcalo:
lo que usted quiere es que los clientes se lo crean. A veces también
el problema es que usted también se lo cree. Pero la verdad no está en
su publicidad. Sus anuncios nunca dirán que los productos se rompen.
O que se descomponen bajo el agua. O que el servicio no se otorga en fin de
semana. Los que lo dirán son los clientes que cometan esos “errores”.
Y se lo dirán a sus conocidos. Darán
malas referencias de usted.
Sin embargo no puede resolver cada problema a cada
persona que usa su producto o servicio así que
no se preocupe. Usted escuche a su publicidad.
Y nada más. En verdad suena más bonito
escucharse a sí mismo.
3. Ignore la red
¿Quién cree que los mercados en línea funcionan igual
que los mercados reales? Yo no, pero usted tal vez sí. Podría
apostarle que usted no tiene una estrategia para trabajar en esa red. No tiene
un sitio Web, ni le interesa tenerlo. No es para usted. Bien. El asunto aquí es
que ‘La red’ no es esa cosa abstracta a la que se conectan sus
hijos en la computadora. No. La red, es el conjunto de personas reales que
usan, comparan y discuten sus productos todo el tiempo. Sí, en
la computadora, pero también a través de sus celulares, en blogs,
en aplicaciones sociales, en la escuela, en el radio y en los medios de comunicación
inmediatos. No en la publicidad. El mercado se ha convertido en una gran reunión
social. Y parece que a usted no lo han invitado.
Pero usted ya sabía todo esto, y de todos
modos no le interesa. Continúe haciendo lo
que hace siempre. Usted vende solo a través
de sus tiendas, hace su publicidad en flyers y
radio. Siga igual. Y asegúrese de rodearse
de gente que le diga lo que quiere escuchar. Igual
que hace dos siglos.
4. Construya su marca
En el mismo sentido, la construcción de marca
es tal vez lo más importante para usted en
términos de mercadotecnia. Y está decidido
a invertir todo su presupuesto de mercadotecnia y
ventas en ello. Ha definido cuál es su producto
y cuáles son los atributos que se deben comunicar.
Ha leído, o al menos escuchado las teorías
de Kotler en este tema. Branding: Crear nuestra marca.
Fortalecerla. Aunque en realidad esto nunca sucede.
Parece que por mucho dinero que invierta, sin importar
cuántas veces usted habla con sus vendedores
y clientes, ellos no lo entienden; la verdad es que
usted no construye su marca. La construyen ellos.
Pero lo que ellos construyen no se parece en nada
a lo que usted quiere que digan. Ellos hablarán
de sus cualidades, sí... cuando realmente
descubran dichas cualidades. Pero también
de sus defectos. De su mal servicio. De sus empleados
intransigentes. Entonces no se arriesgue. En vez
de tratar de hablar con ellos, siga haciendo lo que
hace hasta ahora. Establezca qué es lo que
quiere que se diga de usted y sus productos. Intente
construir su marca.
5. Estrategia de servicio sin servicio
Otra opción es plantear la importancia de
nuestras estrategias, y darlas a conocer a nuestros
clientes. Tenemos que hacer una visión, una
misión y unos objetivos de calidad. Tenemos
que certificarnos en ISO Diez Millones,
y decirlo en nuestra publicidad. Nuestra estrategia
es la mejor, porque la hicimos nosotros, los mejores.
Pero al cliente hoy en día no le importa
que sus productos se vendan en China, Taiwán
y Osetia del Sur. O que el gobierno nos haya certificado
como empresa Mega1000. Lo que quieren es que usted
haga algo por ellos cuando tengan un problema. Quieren
que alguien los escuche y emprenda una acción.
Están cansados de escuchar “No puedo
extender su garantía, pero somos la empresa
con mayor capitalización del estado”.
¿Cómo lo resolvemos? Los abrumamos
con más información técnica.
Aquí la idea no es dejar de escuchar a nuestros
clientes, sino abrumarlos con tanta información
sobre nosotros y nuestros productos que ni siquiera
los dejaremos hablar. Lo que importa es la estrategia,
horas y horas dedicadas a diseñar una Misión,
y pesos y pesos destinados a imprimirla en todas
nuestras etiquetas. ¿Ya lo está haciendo?
6. No agradezca
Una empresa agradecida es una empresa personal.
Los mercados y los clientes se han cansado de hablar
con la compañía y sus políticas.
Hoy lo que quieren es hablar con una persona real.
Y si no la encuentran en su empresa, la buscarán
en otro lado. Y la encontrarán. Lo que buscan
es a alguien que sea real, que diga “por
favor” y “gracias”. Que aprecie
el hecho de que una persona vino a comprar y se
lo comuniquen. Yo casi no he encontrado empresas
en nuestro país que hagan esto. Ni siquiera
una nota de agradecimiento a los clientes frecuentes.
O un descuento inesperado de vez en cuando, acompañado
por un “Gracias, Señor Pérez,
estamos para servirle”. Nunca.
Y esto no sucede porque es demasiado caro tratar
a cada cliente como si fuera el único. Enviarle
una tarjeta de fin de año o una nota de agradecimiento
por parte del director, puede resultar muy caro.
Por supuesto, puede prolongar la fidelidad de sus
clientes. Pero es muy caro.
7. No ponga atención
Las conversaciones que mantienen nuestros mercados
allá afuera pueden sonar confusas, difíciles
de entender. El cliente no habla el lenguaje de
negocios. Ni el de producción, ni nada. Los
mercados hoy en día hablan de miles de temas
a la vez: discuten política, impuestos,
actrices famosas y resultados de fútbol
al mismo tiempo; vinculan la influenza porcina
con los alienígenas de Venus y otras conspiraciones.
Escuchar con atención a lo que realmente
quieren decir nuestros mercados cuando se dirigen
a nosotros puede ser un dolor de cabeza. ¿Cuál
es la intención detrás de ello? ¿Con
qué otros productos relacionan nuestros servicios? ¿Qué van
a necesitar en el futuro? Saber todo esto podría
darnos información muy valiosa acerca de los
clientes, pero requeriría tener un departamento
de mercadotecnia, o una agencia que se dedicara a
interpretar esta información para nosotros.
O a un experto que pusiera mucha atención.
Pero esto cuesta. Y al final de cuentas, no estamos
para escuchar, sino para vender, ¿no?
En fin, que los mercados han cambiado sus formas
de comunicarse con nosotros pero usted no tiene por
qué hacerlo. A menos que quisiera vender más
y modificar sus sistemas de relaciones con los clientes
de manera radical. Tal vez es demasiado esfuerzo.
Y recuerde, no me haga caso.