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Martin Orozco Sandoval
Asesor de administraciones municipales
martinorozco25@yahoo.com.mx
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Transcurridos los años, la historia se vuelve
clara por compromiso. Así, es imposible no
darnos cuenta de las oportunidades que dejamos pasar
en las distintas etapas que hemos recorrido. Sin
embargo, también el tiempo renueva las posibilidades
de reivindicar nuestras omisiones.
La crisis económica por la que hemos transitado
desde el último trimestre de 2008 y seguramente
continuaremos una parte de 2010 es un buen ejemplo
de esas desatenciones y, por lo mismo, las estrategias
puestas en práctica hasta el momento apenas
han logrado aminorar sus consecuencias. Ahora, con
la presentación del paquete económico
para el 2010 junto con la propuesta de reforma fiscal
que el presidente Felipe Calderón entregó al
Congreso de la Unión se busca cubrir un hueco
en las finanzas públicas nacionales de 300,000
millones de pesos en el próximo año,
ya que no se contará con ganancias cambiarias,
fondos de estabilización o coberturas petroleras
que este año compensaron los menores ingresos
por tributos y exportación de crudo.
¿Qué hay detrás del paquete
fiscal presentado?
De inicio, que el petróleo se está acabando.
Administrar la riqueza, como alguna vez se dijo,
ya no es posible, y la recuperación de la
pérdida de los ingresos que conllevaba, resultará muy
difícil.
En este sentido, quienes aseguran que no se debe
reducir el gasto e incrementar los impuestos en medio
de una recesión, si bien es cierto, también
lo es que el problema fundamental del país
no es la recesión. La complicación
de fondo está en el hecho de haber vivido
del petróleo y de la deuda externa por varias
décadas. De haber dejado de lado la activación
del gasto de inversión por largos períodos
y la infraestructura necesaria para soportar e ir
elevando con el tiempo la competitividad nunca se
realizó.

Hoy vivimos el futuro que en el pasado no construimos.
Hoy, con todo el pesar de nuestro descuido, hay que
emprender un nuevo esfuerzo destinado a cambiar no
sólo de rumbo sino de destino.
A la propuesta del Ejecutivo, el Congreso deberá puntualizar
las estrategias para hacer frente a la más
grave crisis de las finanzas públicas en la
historia del país y obtener recursos para
superarla; además, tiene ante sí el
desafío de dar muestra de qué tanto
se quieren atender los problemas de fondo para crecer.
Es verdad, el planteamiento no es un proyecto acabado
ni tan profundo como debiera serlo, faltan mayores
definiciones para conducir a una nueva planta productiva
propia y diseñar la infraestructura que actualice
los niveles de competitividad exigidos en el actual
y cambiante contexto internacional, falta establecer
los mecanismos de interrelación entre los
diversos agentes productivos y las directrices para
hacer más amplia y completa la participación
social en las decisiones que hagan una realidad la
convergencia de rumbo, por mencionar algunos, ¿pero
cuántos y quiénes sumarán a
este nuevo intento por sentar nuevas bases?
Las necesidades de inversión para que la
economía crezca a tasas suficientes, (entre
6 y 7% anual promedio) hoy por hoy rebasan las posibilidades
presupuestales del Estado, además de requerir
de muchas cosas más. A este respecto, es momento
de enriquecer el paquete económico propuesto
con más estudios, programas e iniciativas
nacidas de los distintos sectores, pero lo presentado
da pie a revisiones sustantivas como las exenciones
al pago de impuestos, los impuestos locales, la eficiencia
y transparencia en el manejo de recursos, etc. Da
pie también a esperar las respuestas solidarias
del Poder Legislativo y Judicial, así como
de los gobiernos locales y organismos autónomos.
Es un punto de partida, al cabo del cual todas las
fuerzas políticas deberán mostrar su
presencia y responsabilidad. Los costos, que comienzan
a dejarse ver, deberán compensarse con la
certidumbre y una correcta dirección. Si ahora
que se está en crisis no se corrige lo que
es corregible ¿cuándo se hará?
Es tiempo de dejar atrás concepciones unilaterales
que han obstaculizado darnos cuenta de las oportunidades
fallidas, es momento de plantearnos una visión
de futuro consensuada.
Es necesario alinearnos en un nuevo marco formal,
que logre conciliar nuestro presente crudo y crítico
por sí mismo con el abanico de retos del futuro.
Alinear al gobierno y a la sociedad, los partidos
políticos, las empresas, el sistema educativo,
los medios de comunicación, etc.
Se requiere dejar de auxiliar las ineficiencias
y rediseñar los mecanismos de redistribución
de la riqueza pues la única manera de resolver
la desigualdad social es con crecimiento económico.
Nuestro diagnóstico, como primer paso y por
severo que resulte, requiere ser real a fin de encontrar
los cauces que verdaderamente oxigenen nuestra transición.
Albert Einstein afirmó: “no pretendamos
que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo”.
El cambio puede iniciar hoy, si decidimos olvidarnos
de los vientos el pasado. Hay que romper con los
paradigmas económicos, cambiar las reglas
del juego. Necesitamos comenzar a diseñar
los planes del futuro y preparar a la población
para ello. Quizá sea tiempo de empezar a pagar
los platos rotos de las cosas que se han hecho
mal, -la mejor prueba es esta crisis-, pero el cambio
debe venir de adentro.
El campanazo sufrido con este trance, que evidenció nuestras
vulnerabilidades y carencias, debe ser el acicate
suficiente para reconocer que algo se hizo mal, pero
sobre todo para crear las condiciones para que nada
igual vuelva a ocurrir.
Dejemos el pasado atrás y construyamos un
mejor porvenir, estamos en tiempo.