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Otto Granados Roldán
Director General del Instituto de Administración Pública (IAP)
del Tecnológico de Monterrey
otto.granados@itesm.mx
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La natural disputa por las candidaturas al interior
de los partidos políticos y el morbo mediático
usual en estos casos ha desplazado casi por completo
la necesidad de situar una interrogante central para
el estado: ¿de qué se trata la elección
de 2010 y cuáles serán sus consecuencias
para Aguascalientes?
Más allá de los nombres de los aspirantes
o de los indicios estadísticos que arrojan
las encuestas, la cuestión central es que
cuando se tiene un sistema imperfecto pero razonablemente
competitivo hay dos formas de acercarse a la naturaleza
de una elección. Una es simplemente quedarse
en el análisis de los nombres y sus trayectorias,
y otra es saber y debatir las ideas y las propuestas
que tienen para gobernar el estado con independencia
del número de hojas que contengan sus resúmenes
biográficos.
En las democracias que funcionan y en sociedades
razonablemente civilizadas algo importa -pero
poco- si los candidatos sacaron diplomas en la primaria,
si le llevaban flores a su mamá el 10 de mayo
o si fueron buenos oradores en los concursos abrileños.
Pero lo verdaderamente relevante es que como los
problemas actuales son eso: actuales, el estado y
la gente demandan soluciones a los retos de hoy y
políticas públicas que preparen a Aguascalientes
para crecer y competir en pleno siglo XXI. La nuestra
no es, desde luego, la secular democracia británica
ni la sociedad local muestra la disciplina japonesa,
pero de todas formas debemos hacer un esfuerzo por
clarificar y debatir lo que realmente interesa: ¿cuál
es la agenda?
Lo primero es revisar con detalle el modelo económico
del estado. A primera vista, el sector agropecuario
sigue bajando como proporción del PIB, las
manufacturas mantienen más o menos su
mismo peso, pero los servicios crecen. Esto nos dice
que el próximo gobierno debe construir una
nueva política de desarrollo económico
que acelere esa transición e introduzca incentivos
positivos para que a mediano plazo Aguascalientes
se ubique en el camino de una economía basada
en el conocimiento. Y esto ¿con qué se
come? Pues se come asumiendo que si queremos elevar
el ingreso per cápita, crear empleos productivos
y aumentar el crecimiento es indispensable enfocar
las baterías hacia los sectores y, más
específico, los 4, 5 o 6 productos de alto
valor agregado en los que el estado pueda ser uno
de los mejores en México y más allá.
Hay que usar a nivel micro el SCIAN (Sistema de Clasificación
Industrial de América del Norte) para empujar
la producción ya no hacia, por ejemplo, el
sector automotriz en general sino hacia bienes muy
específicos de la cadena.
La estrategia tiene que considerar que el tránsito
de la manufactura a la “mentefactura” demanda
una concepción radicalmente distinta de la
promoción económica hecha en el pasado –desde
cambiar el diseño de los parques industriales
ahora ya arcaicos por una nueva generación
de parques “tecnológicos” hasta
la formación del recurso humano y la orientación
de la investigación académica- porque
supone tomar decisiones difíciles, modernas
y audaces pero será la única vía
para salir del estancamiento y la mediocridad actuales.
El segundo reto es la educación. El estado
ya alcanzó un elevado porcentaje de cobertura.
Ahora no solo se trata de impulsar la calidad y la
excelencia, sino de colocar al sector educativo como
uno de los líderes en la economía del
estado. Aguascalientes tiene todo para atraer una
infraestructura de servicios educativos de alto nivel
y darle a este renglón el peso que, por ejemplo,
tiene en las economías de países como
Canadá o Irlanda o en ciudades como Boston
o varias más de la costa este de Estados Unidos,
lo cual no solo es una oportunidad de negocio sino
que puede desatar una sinergia positiva en la creación
de valor en una economía que avanza hacia
los servicios, o, dicho de otra forma, hacia la “terciarización”.
El tercer desafío consiste en proceder hacia
una reingeniería completa del papel de las
autoridades estatales y municipales en el desarrollo
económico. No se trata solo de evitar los
problemas de corrupción mediante una desregulación
completa y el uso del gobierno electrónico,
sino de delinear cuáles son las áreas
que deben merecer un apoyo público, establecer
mecanismos nuevos de atracción de inversión
privada nacional y extranjera, alinear políticas
como la construcción de infraestructura en
función de los objetivos de largo plazo y
abrir lo más posible el conjunto de la economía
del estado a una competencia abierta. Esto pasa,
por ejemplo, por modificar todas las reglamentaciones
que inhiben la apertura y funcionamiento de los negocios
y hacer que las compras gubernamentales o los concursos
de obra pública sean obligadamente nacionales
para que gane el que brinde mejores condiciones,
con independencia de su lugar de origen.
Un cuarto aspecto de la agenda tiene que ver con
la cultura. Barcelona, la capital industrial de España,
ha realizado un esfuerzo eficaz de vinculación
entre la oferta cultural y el desarrollo industrial
y turístico, mediante una significativa inversión
en instalaciones, museos, exposiciones, etc., que
son ciertamente un fin en sí mismo –un
fin lúdico, placentero, ético incluso-
pero que también aportan valor al crecimiento
económico. Hay que explorar cómo construir
una “marca” que sea referencia obligada
cuando se hable del México moderno y dinámico.
Dicho con una idea más gráfica: hay
que voltear los ojos a ciudades abiertas como la
propia Barcelona, Montreal o Milán y no hacia
Zacatecas y su feria o, peor aún, Jesús
María y sus chicahuales.
Por último, y lo más difícil:
cambiar de mentalidad. Que yo sepa, ya estamos en
pleno siglo XXI: hay el triple de países en
el mundo respecto de los que existían en los
años cincuenta; Internet, Twitter o Google
son los nuevos lenguajes del presente; las uniones
del mismo género, las familias monoparentales
y la diversidad sexual son cada vez más normales,
aceptadas y protegidas por la ley en todo el mundo;
cada vez más personas se mudan de país
y casi el 18% de quienes vivan en los 50 principales
países en 2015 serán inmigrantes; la
gente es libre para creer en la religión o
confesión que le venga en gana o sencillamente
para no creer en ninguna, en fin, el mundo ha cambiado
y, en general, para bien.
Aguascalientes no se puede quedar en la época
en que se comían guayabas, las muchachas daban
vuelta en la plaza en sentido inverso al de los hombres,
los empresarios evadían o negociaban sus impuestos
con las autoridades y las señoras se recogían
después de la misa de 8. Todo eso, ni modo,
ya no existe y, por fortuna, no regresará.