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Juan Enrique Sandoval
Skillsa S.C.-Capacitación y Estrategia
juan.sandoval@skillsa.com
www.skillsa.com |
Nos dan productos defectuosos, nos atienden exclusivamente
vía telefónica y eso, a través
de un sistema totalmente impersonal. Para ellos no
somos un nombre, sino un número de factura,
nos amenazan en sus instalaciones y nos ven como
al enemigo. ¿Cuántas empresas con las
que tratamos tienen un enfoque formal de atención
a sus clientes? Yo diría que muy pocas y tal
vez hay una razón de peso para ello.
¿La razón principal? Los clientes
abusan. Si observamos desde la perspectiva del empresario
nos daremos cuenta inmediatamente de esto. En cuanto
uno les da la mano a los clientes, ellos quieren
más. Se creen que tienen derechos y nos obligan
a realizar mayores esfuerzos e inversiones para poder
atenderlos. Y a cambio, ¿qué nos ofrecen?
solamente la posibilidad de volver y comprar nuestros
productos. O tal vez recomendarnos. No estoy seguro
de que valga la pena el esfuerzo. Aquí, algunos
consejos para evitarlo.
1. No deje que le llamen
“Si llamas por teléfono y te atienden rápido, con amabilidad
y te ayudan, es muy probable que tengan un buen servicio” dice Alex Charles,
experto en servicio al cliente basado en California. Es lógico que los
clientes quieran ser atendidos de inmediato y no esperar varios minutos mientras
suena el teléfono para que al final los salude
una grabadora.
Sin embargo, sabemos que un cliente que es atendido
una vez, querrá ser atendido todo el tiempo.
Como si fuera el único. Y se volverá más
demandante o comenzará a comunicarse con mayor
confianza por teléfono si sabe que no hay
filtros. Así que usted debe hacer lo imposible
por facilitarle su llamada y debe asignarle rutinas
que suenan como: Para inglés, presione 1.
Para quejas, presione 2. Para oír nuestro
catálogo, presione 3. Para servicio al cliente,
presione 1*44#92*0082#. O aún mejor. No conteste
el teléfono.
2. Tampoco le llame
Los clientes
necesitan también que nosotros
nos comuniquemos con ellos. Si sucede que el pedido
está atrasado y el cliente lo va a recibir
dos o tres días después, él
espera que se lo avisemos con tiempo y le expliquemos
las razones por lo que esto sucedió. ¿Hubo
un contratiempo en la producción? ¿Falló el
servicio de mensajería, el de fletes? Bueno
lo ideal sería que se lo informáramos,
pero no.
Darle a conocer paso a paso lo que estamos haciendo
nos volvería predecibles. Mejor hacerlo que
espere y luego le damos la sorpresa. ¿Cambiaron
los colores? ¿Cerramos por vacaciones? ¿Subió el
precio del producto que quería? Si le informamos
de todo esto hasta que sea demasiado tarde, el cliente
nos lo agradecerá por que le habremos dado
color a su día. Bueno no, tal vez no lo agradezca.
Así son de ingratos.
3. Inhiba a sus propios empleados
Dar
permiso a los empleados para resolver en el momento
puede ser una buena idea si quiere que la atención
sea más flexible y rápida. Pero también
hace que sus trabajadores y empleados se sientan
muy importantes. ¿Cómo resolver este
dilema? Por ejemplo, si un cliente llega con una
queja sobre un producto que adquirió con
nosotros, podríamos hacer que el empleado
esté realmente a cargo y que tenga suficiente
autoridad para tomar una decisión en el
momento. Pero podría ser un mal ejemplo
y tanto el cliente como el empleado podrían
comenzar a creer que ellos solos pueden llegar
a un acuerdo.
Si no quiere que los empleados se sobrevaloren,
ni arriesgarse a perder el control y la autoridad
que a usted tanto le ha costado, hágalos que
repitan frases como estas: “El Ingeniero no
está ahorita”; o “Entiendo,
pero yo no estoy autorizado para hacer ningún
cambio”; o “Los dueños están
de vacaciones y no me dejaron nada dicho”. ¿Estas
palabras le suenan conocidas?
4. Limítese a lo estrictamente necesario
Algunos
consultores en ocasiones sugerimos a los empresarios
que vallan un paso adelante en la relación
comercial. Que no se limiten a dar al cliente únicamente
aquello por lo que ha pagado, sino que intenten
construir realmente un vínculo casi personal.
Pero, ¿qué locura es esta? ¿No
se supone que negocios son negocios, y lo personal
debe quedar fuera? Bien, puede que así sea
si quiere verlo de esa manera.
Sin embargo, algunos emprendedores y empresarios
tratan de llevar la relación hasta el extremo
de que recuerdan los cumpleaños de sus clientes
y les envían felicitaciones. ¡Estos
locos les envían tarjetas de Navidad incluso
a las secretarias de los clientes! Usted no. Usted
se ahorrará los regalitos costosos o no tan
costosos y se dedicará exclusivamente a su
negocio. ¿De qué puede servir saber
si el cliente principal tiene hijos pequeños
o un interés en practicar el Golf? Solo sería
un gasto innecesario y nos distraería de nuestras
ganancias.
5. No ponga atención
En
caso de que no le haya hecho caso al primer consejo
de este artículo, y haya contestado el teléfono,
por lo menos no registre la conversación.
Otro de los grandes errores que le hacen perder
mucho tiempo y esfuerzo a los empresarios es llevar
un registro de las llamadas telefónicas,
de las quejas presentadas por escrito, de las críticas
de los clientes, y luego atenderlas. No cometa
usted ese error. Ahórrese la molestia.
Ahora, no me malinterprete. Se trata de hacer cara
como de que sí pone atención, aunque
usted esté pensando en cualquier otra cosa.
Se trata de poner un buzón de quejas, pero
no hacer caso a las quejas. De declarar ante un reportero: “Nuestra
prioridad es la retroalimentación de nuestros
clientes”, y no hacer nada más. De esta
manera, usted estará enviando el mensaje de
que le interesa saber las opiniones de sus clientes,
pero en realidad estará pensando en cómo
aumentarles los precios para el próximo trimestre.
6. Ahorre en garantías
Algunos
empresarios y dueños de negocios creen
que ofrecer garantías en sus productos es
una buena idea para atraer más clientes. Lo
que no saben es que eso significa un doble compromiso:
por un lado tienen que asegurarse de que sus productos
y servicios son de buena calidad. Por otro lado,
tienen que realmente responder a esas garantías
con acciones efectivas cuando sea necesario.
Si usted ofrece una garantía tendrá que
asegurarse de que pone en letras pequeñas
todo lo que NO cubre la garantía: “No
aplica en caso de guerras, terremotos, actos de dios,
mal uso o exposición excesiva al pasito duranguense”.
Y como todos hacen lo mismo y en realidad usan la
garantía para protegerse a sí mismos
(y no al cliente), ésta se vuelve irrelevante
como un factor distintivo o diferenciador. Al cliente
le da igual porque sabe que nadie le va a cumplir
en caso de que se presente un problema con el producto. ¿Moraleja?
Como empresario ni siquiera ofrezca la garantía:
no pierda su tiempo ni su dinero.
7. No resuelva sus necesidades
Por último,
dedíquese usted a vender
su producto, sin pensar en cómo resolver los
problemas del cliente. Hacer lo contrario significaría
tener que reevaluar sus propios procesos de negocio
continuamente considerando que las necesidades de
los clientes cambian con la misma frecuencia. ¿Se
supone que usted y sus productos deberían
de adaptarse a los nuevos gustos y requerimientos
del cliente?
No suena muy lógico que tenga usted que cambiar
las especificaciones de los productos o servicios
sólo porque los clientes creen que así debería
de ser. Claro, son ellos quienes van a usar dichos
productos y ponerlos a prueba todos los días,
pero ello no significa que nosotros debamos adaptarnos
a sus caprichos y cambios de estilo, ¿o sí?
En fin, siguiendo estos consejos usted podrá ahorrar
mucho tiempo y esfuerzo, aunque también verá como
poco a poco alguien le pone más atención
a sus clientes y se los lleva. Pero bueno, si usted
no quiere tener tanto tiempo libre y tal vez sí quiere
conservar a algunos de sus clientes, ya lo sabe:
no me haga caso.