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José Luis Díaz Ramírez
Plató 54
Con la colaboración de Miguel Ángel de Alba
luisdiazfoto@hotmail.com
www.joseluisdiazfotografo.com |
Pionera como hotelera y empresaria, María
Luisa Parada de Medrano es un ícono y ejemplo
para toda mujer de empresa. La constancia, la honradez,
el aceptar que todos pueden tener más razón
que ella y escuchar, denomina son las claves de su éxito,
aunque por encima de todo, se encuentra su enorme
fe.
¿Dónde y cuándo nace?
En Encarnación de Díaz, Jalisco, el
21 de junio de 1922. Mis padres fueron Ramón
L. Parada y María de la Luz González
González. Cuando tenía alrededor de
cinco años ocurrió la revolución
cristera, algo espantoso a esa edad, porque era muy
estresante no saber qué pasaba y oír
los balazos, ver cómo se metían los “pelones” (los
federales) al pueblo, cerraban las tiendas, tomaban
lo que había y acuñaban su dinero para
utilizarlo en la plaza ocupada, que tenía
por un lado el águila y por el otro el valor
de la moneda.

También estaban las monedas de oro, pero ésas
se usaban para una emergencia. Por su parte, los
cristeros también manejaban su moneda. Fue
una infancia de mucho temor y miedo, pero estábamos
protegidas porque vivíamos cerca de la plaza
principal de Encarnación, en una casa muy
grande, de tres patios: en el primero estaban las
recámaras, el despacho del patrón,
el costurero de la señora, el comedor y los
pasillos; en el segundo patio, vivía la
servidumbre, y en el tercero el corral, donde estaban
los animales.
Mi padre, Ramón L. Parada, era un hombre
muy trabajador, acomodado, con los tres Caquixtes
y El Mesón de los Sauces, que fue el que más
se desarrolló al estar en una vía intermedia
para llegar a “La Villita”, que era como
se conocía a Encarnación de Díaz
o “La Chona”, que por disposición
de don Porfirio Díaz, lleva parte de su nombre.

Servicio Medrano, inició en
la plaza principal.
Años después
se trasladaría
a la periferia, donde desarrollarían el complejo
hotelero.
Mi papá se casó tres veces: en 1918,
con María Romo, con quien procreó cinco
hijos; cuando ocurrió la gripe española,
fallecieron su esposa y tres de sus hijos. Le sobrevivieron
Consuelo –religiosa, la Madre María
Dilecta del Santísimo- Parada y Juan Manuel.
Ella pidió la gracia de ser religiosa a los
ocho años, cuando fue el obispo a confirmar.
Cumpliendo 15 años le dijo a mi papá que
quería ir al convento a vivir para el Señor.
Hizo cosas increíblemente buenas para aquel
tiempo: fue la primera religiosa de la comunidad,
que a los 22 años recibió un título
de Licenciada en Filosofía y Letras en Washington.
Estuvo en la Congregación de las Madres Mínimas
de María Inmaculada.
Cuando mi padre quedó viudo, se casó con
María de la Luz González, con quien
procreó tres hijos: María de los Dolores;
yo, María Luisa y Ramón, quien murió de
tifoidea a los tres años.

En la construcción de la gasolinera
durante los años 50,
ubicada en el hoy Salón
de la Amistad.
¿Dónde estudió?
En
Encarnación de Díaz, Jalisco, pero
cuando yo tenía ocho años de edad,
nos vinimos a Aguascalientes por la enfermedad de
mi madre, por los años 30. Ella fallece y
a raíz de ello, nos llevaron a México
de internas en el Convento de las Madres Mínimas
de María Inmaculada, donde terminé la
primaria, la secundaria y el primero de preparatoria.
Estudié para ser una buena ama de casa, porque
la mujer estaba destinada a casarse –o a quedarse
de “cotorritas”-, atendiendo a los hermanos.
Era el tiempo del Presidente (Plutarco Elías)
Calles, quien cometió barbaridad y media,
cerrando colegios católicos porque no quería
que conociéramos a Cristo y no quería
que fuéramos católicos; encarcelaba
a las monjitas. Tenía una inspectora que le
apodaban “La Loba”, quien se comportaba
militarmente y si encontraba un libro con la inscripción
FTD (Familia Toda de Dios), le prendía fuego.
¿Cómo conoce a su esposo y
cuándo se casa?
Mi padre se casó por tercera vez y cuando
yo tenía alrededor de 14 años de edad
y nos dijo: ya tengo casa y pueden venir a vivir
conmigo. Llegamos a Encarnación de Díaz
y seguimos estudiando corte, manualidades, lectura,
punto de cruz… A los 16 años, mi tía
Guadalupe Parada nos invitó a la Feria de
San Marcos y, al estar en uno de los balcones de
su casa, llegó uno de sus vecinos, Rodrigo
Medrano, propietario de una gasolinera, quien me
vio y preguntó quién era yo; nos invitó a
escuchar por la radio la primera corrida de toros
de la Feria de San Marcos en su casa. Después
nos invitó a la coronación de la reina;
otro día, nos invitó a un refresco
y, finalmente, pidió hablar conmigo y me pidió permiso
para tratarme como pretendiente. Le dije que me dejara
pensarlo.
Regresé a Encarnación. Él
me escribía e iba cada ocho días. Nos
veíamos un ratito en el parque. Nos hicimos
novios, pero sólo podíamos platicar
si había otra persona acompañándonos.
En 1940 nos casamos y tuvimos ocho hijos: Luz
María, María Elena, Elba Alicia, Carlos
Rodrigo, Jesús Eduardo, Irma Eugenia, María
Luisa del Consuelo y Hugo Alberto, quien a los 20
años había terminado la carrera de
hotelería y tenía la ilusión
de crear una escuela para preparar gente para la
hotelería. Por eso, a su muerte, decidí construir
un tecnológico que llevara su nombre.

Al lado de su esposo Ramón
Medrano, hombre de empresa y gran visión
el día de
su boda,
en el año de 1940.
¿De qué forma se inician en
la hotelería?
Rodrigo tenía su gasolinera en la plaza de
armas, cerca del Palacio de Gobierno y de la Catedral,
hasta que el gobernador Jesús L. Rodríguez
le pidió sacarla de ahí por ser un
riesgo para la ciudadanía. Construyó la
nueva en lo que después sería la Carretera
Panamericana, donde muchos camioneros que dormían
en sus unidades le pidieron construir un café y
luego le pidieron hacer unos cuartitos y construyó 19
habitaciones. Así surgieron la gasolinera
y el Hotel Medrano. Luego, unos americanos pidieron
se les construyeran unos “bungalows” y
se denominó “Motor Hotel”. Luego
hicimos las suites y la alberca, siempre a petición
de los clientes. Estamos hablando de hace 50 años.
Primero entonces fueron 19 habitaciones; luego,
19 más; 12 suites y 20 residencias pequeñas,
sietes casas de renta y la nuestra, hasta llegar
a 112. Después cambiamos de fachada y pasó de
ser motel a hotel. Mi esposo y yo nos hicimos cargo
tanto de la gasolinera como del hotel y nuestros
hijos nacieron aquí, y aquí se formaron,
al grado que todos son señores hoteleros.

Merecedora de múltiples
reconocimientos,
María Luisa Medrano es
un ejemplo de éxito
y superación.
¿Cómo se preparó para
administrar el hotel?
Nunca me preparé.
Los mismos huéspedes
me fueron enseñando. Pero como siempre he
sido inquieta, tomé muchos cursos, siendo
el principal el del IPADE. El Presidente Miguel Alemán
Valdés impulsó mucho a la hotelería
y nosotros, mi esposo y yo, íbamos a todas
las conferencias, para buscar cómo ser mejores
y cómo capacitarnos para dar mejor servicio
a nuestros huéspedes.
¿Qué elemento considera su
principal factor de éxito?
La constancia,
la honradez, el aceptar que todos pueden tener
más razón que yo, escuchar.
Acuñé una frase: “Pensar
en grande, trabajar en grande y confiar en grande”. Tengo
una gran fe y todo lo pongo en manos de dios.
¿Cómo llega a ser la mujer
empresaria del año?
Hace ocho años,
vi en la televisión
algo de la Asociación Mexicana de Mujeres
Jefas de Empresa –AMMJE- y me interesó.
Me entrevisté con la presidenta de las mujeres
empresarias de Guadalajara, la Sra. Patricia Vergara,
quien me invitó a fundar el capítulo
Aguascalientes. Ahí cambiamos el nombre de
Jefas de Empresa a Mujeres Empresarias y tuvimos
58 socias.
Nuestra Asociación es muy prestigiada y actualmente
la preside Laura Elena Fonseca Yerena, quien es una
mujer muy profesional y trabajadora. Una gran líder.

A sus ochenta y siete años ¿cómo
logra estar tan bien?
Trabajando diario,
pensando en grande, trabajando en grande y confiando
en grande. Mi alimentación
es muy sana, como muchas frutas y verduras; camino
mucho. Ahora que estamos en crisis, no hay que bajar
la guardia. Yo no puedo estar en crisis, tengo que
ver la manera de salir adelante, de innovar, de reestructurar,
de entrar a la Internet. El secreto está en
confiar en grande, pues yo como humano estoy limitada,
pero él, (dios) no.
¿Qué le falta por hacer?
Quité la
gasolinera, hice el centro de convenciones, el tecnológico
y ahora las villas. Si dios me da licencia, voy a
convertir esto en un coto de residencias. Acabo de
inaugurar unas villas en Playa del Carmen, Quintana
Roo, llamadas Agua Azul. Hasta allá, quiero
llevar en lo alto el nombre de la familia Medrano,
donde nuestra principal característica
sea un excelente servicio al cliente.
¿Cómo le gustaría ser
recordada?
Por lo que he podido hacer por
la voluntad de dios y la mía. Con voluntad
puedes hacer lo que sea. Y para fortalecer la voluntad,
nada como estar cerca de dios. Sin él, no
hubiera podido salir adelante.