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Salvador Rodríguez
Aldrete
Director General de Asesores Patrimoniales CAS del Bajío, S.C.
srodriguez@sryamex.com
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Estimado Lector:
Prever el mañana siempre
ha sido un deseo del humano pero para el empresario
es una necesidad. En la empresa tomamos decisiones hoy que tienen repercusiones
sobre su viabilidad por muchos meses adelante. A la mayoría de nosotros
nos enseñaron que las fases de la administración son Planear, Organizar,
Dirigir y Controlar (Agustín Reyes Ponce, dixit) pero nadie nos
preparó para realizar estas actividades en un mundo de caos.
¿Cómo
planear ante una contingencia económica como la actual? ¿O
será que es mejor no hacer planes puesto que las cosas cambian tan rápido
que de nada sirven?
El propósito de esta colaboración es elaborar sobre la importancia
de la planeación en tiempos de crisis y sobre el entorno actual que nos
debe servir de referencia para nuestro proceso de previsión hacia el 2010.
En otras palabras, la primera parte del artículo tiene que ver con el
concepto y la segunda trata los específicos
del momento.
Veamos primero si vale la pena planear
en tiempos agitados. Existen corrientes que nos dicen
que en medio de una contingencia económica
de nada sirve trazar objetivos más allá del
fin del mes porque la incertidumbre es tanta que
nuestros supuestos seguramente van a cambiar. A mí me
parece que esta posición es como si el capitán
de un barco en medio de un huracán se olvidara
del rumbo y se dedicara solamente a luchar contra
la marea del instante. Tarde que temprano encallaría.
Es en medio de la contingencia cuando nuestra visión
tiene que ser más clara y firme.

Por supuesto
que en tiempos de turbulencia no podemos poner el
piloto automático.
Si en una situación de estabilidad económica
nos damos el lujo de hacer planeación anual,
cuando las situaciones cambian con tanta rapidez
tenemos que revisar con mucha mayor frecuencia. ¿Qué tanta?
No existe una respuesta única, depende de
la empresa y de los cambios. Si somos una empresa
importadora y las fluctuaciones de la moneda son
del 5% en una semana como ha sucedido en los últimos
días pues tendremos
que revisar nuestro plan cada semana o diario si
es necesario.
Sin embargo, hay algo que tiene una
baja sensibilidad a los vaivenes económicos
y a la fluctuación del mercado. Esto es la
propuesta de valor que fundamenta la competitividad
de la empresa. En otras palabras, nuestra estrategia
competitiva.
Permítanme recordar dos conceptos
que ya he revisado en colaboraciones anteriores:
estrategia competitiva y eficiencia operacional.
Durante los últimos
años las empresas y sus ejecutivos se han
volcado sobre las técnicas modernas de administración
como calidad total, mantenimiento predictivo, apoderamiento,
organizaciones que aprenden y muchas otras y han
creído que el dominio de estos métodos
representa una estrategia sostenible.
No hay nada
más falso que esta forma de pensar. La razón
es muy simple: cada vez que yo avanzo en una de estas
técnicas mi competidor
hace el famoso “benchmarking” y me sobrepasa,
entrando ambos en una carrera hacia abajo donde sacrificamos
precios, márgenes y posición
competitiva. Todos estos métodos son valiosos
pero nos llevan a una eficiencia operacional pero
no significan que tengamos una estrategia.
Estrategia
es ser diferente. Es ofrecer al cliente una combinación
de valor y precio mejor que la de la competencia.
Es saber engranar cada una de las actividades de
la empresa para que el todo sea mejor, no para que
seamos los mejores en una o varias de ellas. Es aceptar
que no podemos ser los mejores en todo pero si en
la suma.
¿Qué sucede en las crisis?
Pues que como nuestros recursos se vuelven escasos
y los mercados débiles la tentación
de extremar la eficiencia operacional es mucha. Así hacemos
reingenierías,
reducciones de personal, outsourcing, lean
manufacturing,
etc. Ello no está mal intrínsecamente
sino en el momento en que disminuye nuestro valor
al cliente.
Pensemos en un ejemplo muy sencillo: Tarjetas
de Crédito o Servicios.
Muchos de nosotros somos o hemos sido usuarios de
una tarjeta de servicios American Express y sabemos
que es cara, no se acepta en tantos lugares como
la Visa o la MasterCard, es por invitación,
si no la pagamos a tiempo los cargos son muy altos.
¿Cómo
sobrevive Amexco con estas desventajas? Pues ofreciendo
servicios como reservaciones de viaje, atención
mundial 24 horas 365 días
al año en nuestro idioma, cheques de viajero
sin costo en otro país
cuando se nos acaba el efectivo, seguros de viajero,
etc. podemos decir que la estrategia de Amexco es
exclusividad y servicio.
¿Qué pasaría
si como producto de mejorar la eficiencia operacional
Amexco corta su personal de atención a la
mitad y elimina las llamadas por cobrar cuando estamos
en otro país? Pues que sería
igual a cualquier tarjeta bancaria pero más
cara y perdería clientes.
La eficiencia operacional choca directamente con
la estrategia.
En síntesis, en tiempos de crisis
tenemos que revisar los cambios del entorno frecuentemente
y ajustar nuestra eficiencia operacional pero NUNCA
a costa de nuestra propuesta de valor.
Establecida
la importancia de la planeación y sobre todo
de proteger la estrategia competitiva podemos revisar
brevemente algunos indicadores económicos
para el próximo año. Me apoyaré en
los datos que el secretario Carstens presentó a
la H. Cámara de Senadores hace un mes.
Para
iniciar, se reconoce que en 2009, por primera vez
en 27 años, habrá una
caída en el comercio mundial. Esto para nosotros
significa que nacionalmente tenemos que estar muy
atentos a vendedores de otros países con mucha
hambre y dispuestos a bajar precios y crecer plazos.
Es probable que el dumping crezca sobre todo por
el exceso de capacidad en Oriente y los inventarios
en América
del Norte. Afortunadamente pareciera ser que agosto
fue el primer mes con crecimiento industrial de los
Estados Unidos en más de dos años.
Por
otra parte, se espera que el déficit gubernamental
de México,
de no hacerse nada, rondará los 400 mil millones
de pesos equivalentes a 4% del producto interno bruto.
Ya no habrá ingresos por coberturas de
precios de petróleo ni por ganancias cambiarias
del Banco de México
(a menos que tengamos otra macro devaluación
lo cual sería catastrófico)
y los fondos de estabilización estarán
bastante disminuidos. Esto significa sin duda, mayores
impuestos y programas gubernamentales de austeridad.
En el lado de los impuestos probablemente suba el
ISR/ IETU y los precios y tarifas del sector pública.
Con dificultad se ve un aumento en IVA a alimentos
y medicinas por el difícil ambiente político
al respecto. Es bastante posible que el endeudamiento
suba aunque difícilmente será externo
por la contracción mundial del mercado financiero.
Se retirará dinero
que de otra parte estaría disponible para
crédito a las empresas,
hipotecario y para adquisición de bienes de
consumo duradero.
Las razones de este déficit
son tema de un artículo posterior.
Por ahora baste decir que el crecimiento del gasto
gubernamental programable ha sido del 80 % en una
década. Tendríamos que analizar si
se uso responsablemente. Pero cualquier juicio que
se emita no puede hacer que el gasto se reduzca en
un porcentaje importante en términos de tres
meses que faltan para terminar este año. Si
habrá reducciones en obra pública,
en servicios y en otros rubros pero nunca para equilibrar
el déficit.
¿Que podemos hacer las empresas?
Los ajustes tradicionales siguen siendo válidos.
La reducción de costos vía manufactura
esbelta, disminución de costos de calidad,
optimización de personal, etc.
Nos darán algunos (o muchos pesos) para capear
el temporal. Sin embargo, tenemos que planear que
nuestra competencia muy probablemente haga lo mismo.
Desde
mi punto de vista la mejor alternativa es trabajar
en la estrategia de la empresa para buscar una propuesta
al cliente con mayor valor. Me parece que es el momento
de analizar el mercado y definir muy claramente hacia
donde vamos y como debemos de enfocar nuestra ruta.
Es importante entender que lo que importa no es el
volumen o el precio sino el margen total que nos
dejen nuestras ventas, incluyendo los costos del
crédito, cuando lo podemos obtener.
Esta crisis
es el momento de hacer una verdadera planeación
estratégica,
con horizonte de largo plazo y metas muy claras y
medibles a largo plazo. Los que diseñen una
estrategia competitiva verdadera van no solo a sobrevivir
sino a salir fortalecidos de la crisis. No olvidemos
que las grandes fortunas se hacen en las épocas
de vacas flacas.
Hasta el próximo número
de Líder Empresarial.