 |
Osvaldo Cuadro Moreno
Escritor y Consultor Empresarial
osvaldo@homini.com.ar
|
Estaba leyendo un buen artículo de William
Ury, sobre la importancia de manejar con soltura
el no y el sí. En definitiva,
para ir al grano, lo que él presenta es un
tema que más que estar relacionado con las
técnicas de negociación, está relacionado
con la personalidad del negociador. Y este es el
punto clave: personalidad. Me asombra y me complace
comprobar que la gran mayoría de todos los
más exitosos empresarios del siglo pasado,
no tenían estudios importantes ni un gran
currículum. Pero llegaron y superaron a todos.
A su vez tenían a su disposición a
gente inteligente, con estudios sobresalientes, contratada
por ellos y puesta a su servicio.
Recuerdo un curso de trabajo en equipo que di para
el personal de una empresa internacional. Estaba
basado en el procedimiento de una muy importante
consultora francesa. Finalmente, después de
ese gran curso, me evalué a mí mismo
y me sentí decepcionado conmigo, pues no estaba
seguro de los resultados. El curso era muy bueno
pero sólo parcialmente aplicable, pues en
los equipos allí formados había problemas
que debieron haber sido solucionados anteriormente.
Por ejemplo: en unos y otros, jefes y subordinados,
susceptibilidades, temores, envidias, baja autoestima,
resentimientos, egoísmos, individualismo y
otros. Y era por allí por donde debía
haberse empezado, pues el mejor curso del mundo fracasará si
no hay disposición, si no hay personalidad.
Ahí está la base, el fundamento.
De modo que si se quería pleno éxito,
debió empezarse con un curso que curara esas
enfermedades que impiden la solidaridad, la comprensión
mutua, y bloquean el triunfo común, pese a
todo lo que se les diga. Es decir, comenzar ayudando
al desarrollo de la personalidad.

En estos tiempos de crisis es cuando más
se pondrá en juego la medida de la personalidad
empresarial. La capacidad creativa de evaluar y atreverse,
de entusiasmar y convencer, la visión de futuro,
y otras cualidades, serán necesarias, fundamentales.
Y, por ello, algunas empresas quebrarán o
casi desaparecerán, mientras otras surgirán
con fuerzas renovadas. Es lo que nos enseña
la historia.
Si alguien quiere ser como son todos, si abandona
el atrevimiento, si ha decidido simplemente hacer
lo que hacen todos, ha tomado para su vida la decisión
de ser manada. Por consecuencia, no espere ser distinto,
no espere que lo sigan, no espere convertirse en
líder o en piloto de tormentas o en renovador.
Nadie se lo reprochará porque todos son así.
Habrá elegido el camino fácil, la senda
ancha. Será su elección. Pero, en este
caso, nadie lo admirará, nadie lo imitará porque
ya lo hacen todos, nadie lo tomará como modelo.
Vivirá diluido en la masa. Habrá pasado
por la vida sin pena ni gloria. Y nadie notará cuando
tapen su féretro.
Como vemos: estos son tiempos en que lo más
importante es el liderazgo.
También son tiempos duros, difíciles,
de inevitables cambios y de sufrimientos que están
desafiando a los mejores. Y los mejores serán
en este tiempo los que sigan la senda del servicio,
de entregar la vida por una causa grande, por amor
a su gente y a todos.
La felicidad, el logro propio, está a la
puerta de muchos, y golpea. Pero absortos en las
mezquindades diarias, no tienen tiempo ni fuerzas
ni ganas para abrírsela, pues la felicidad
pertenece a los generosos y a los que se hacen atrevidos
para poder servir mejor.
Por cierto que entre los temas empresariales este
es uno que se elude siempre, como si fuera muy sentimental
y por lo tanto algo despreciable. Es la felicidad.
Sin embargo, todos sabemos que quien es feliz rinde
más y mejor. Pero tengamos en cuenta: la felicidad
en la empresa es resultado del esfuerzo –por
amor- de servir a los demás atendiendo a sus
auténticas necesidades. El alma se ha agrandado.
Y se siente a sí misma magnífica, sana,
superior.
La felicidad es propia de aquel que no pierde tiempo
en buscarla, que no es egocéntrico. La felicidad –al
contrario- va en busca de aquél que por estar
interesado en ayudar, cuidar y proteger a otros,
no tiene tiempo para buscarla.
Luego el equilibrio emocional, la paz interior,
la autoestima, la madurez de carácter, las
buenas relaciones, son únicamente añadidos
que vienen solos. También ellos están
a la puerta esperando.
Y, finalmente, esto es lo que da más rendimiento
y desarrolla la empresa.
Todo es cuestión de personalidad.