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Rodrigo Hernández
Oneto
Maestro en
Derecho por la Universidad Panamericana Campus
Bonaterra y profesor de la materia “Legislación
Administrativa” en la misma institución
rhernandezo@up.edu.mx
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En este tiempo en que mucha gente habla de crisis,
en vez de ver esta época como de retos y oportunidades,
es muy fácil para algunas personas visualizar
el comercio informal como una opción viable
y favorable.
Sin embargo está demostrado que la ilegalidad
en los negocios lejos de traer beneficios al bien
común, acarrea –en la mayoría
de los casos- consecuencias desfavorables para
la comunidad como lo son mafias en tianguis y mercados,
obstrucción de las vías de comunicación,
evasión de impuestos, tráfico ilegal
de mercancías, contrabando y piratería,
entre otras.
La vigilancia en las fronteras aumenta, no sólo
en materia de narcotráfico, sino también
en el ingreso y egreso ilegal de mercancías
dentro de los países. Cada vez hay más
ajustes a los aranceles de importación y exportación
a fin de evitar competencias desleales entre las
economías mundiales; el valor agregado que
ofertan las empresas debe ser producto de su mejora
en competitividad y no como resultado de la reducción
de costos a través de la ilegalidad.
Es cierto que tenemos un problema muy serio en materia
de mercado informal, pero también lo es el
hecho de que día con día los distintos
actores sociales debemos hacer lo propio para hacer
frente a éste problema con firmeza y determinación
y una manera eficiente de contribuir con ello es
el evitar consumir productos cuyo origen es ilegal.
Se ha puesto en marcha por parte de los distintos
niveles de gobierno, una estrategia de apoyo a las
personas físicas y morales que quieran emprender
un negocio, o que si bien teniéndolo, quieran
ampliarlo o tecnificarlo. Pero es necesario que dichas
personas se sumen en mayor medida a la cultura de
la legalidad, constituyéndose conforme a la
ley como empresas o personas físicas con actividad
empresarial, contar con su RFC, pagar impuestos,
prestaciones de ley, etc.
Como ejemplo de lo anterior el Gobierno del Estado
de Aguascalientes, a través de la Secretaría
de Desarrollo Económico, ha creado un histórico
paquete de apoyos a éste respecto, los cuales
van dirigidos al desarrollo y el fortalecimiento
de nuestras empresas; en la medida en que todos nos
involucremos en esta cultura de la legalidad, veremos
incrementado nuestro nivel de calidad vida, traducido
en mejores servicios (más y mejores hospitales,
vialidades, vivienda, alumbrado público, etc.)
que tanta falta hacen en el territorio nacional.
El hecho de que el comercio informal crezca, va
en detrimento de las empresas establecidas legalmente
(que pagan IMSS, ISR, DAP, etc.), la cuales ante
la imposibilidad de competir con el mercado ilegal
en igualdad de circunstancias, lamentablemente pueden
llegar a cerrar sus puertas.
Por parte de los gobiernos se apoya al comercio
formal haciéndoles llegar financiamiento,
apoyo para infraestructura, tecnología y capacitación.
Es menester de la sociedad hacer lo propio consumiendo
aquellos productos y servicios que genera el comercio
formal, dejando a un lado y de una vez por todas
la informalidad.
Finalmente, estoy convencido que en materia de incentivos
que propicien la formalidad y la legalidad en
los negocios, se ha avanzado mucho en los últimos
años. De la misma manera se le ha ganado terreno
a la ilegalidad con el combate frontal a la misma,
más no por ello debemos -como reza el dicho
popular- “dormirnos en nuestros laureles”. Hay
todavía mucho por hacer y según aportemos
todos nuestro grano de arena a favor de la legalidad
y la formalidad en los negocios, iremos terminando
con las prácticas contrarias a derecho, que
tanto daño han ocasionado en nuestro país
y en la economía mundial.