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| OPINIÓN
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| ¿Qué queremos
para Aguascalientes? |
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Otto Granados Roldán
Director General del Instituto de Administración Pública del Tecnológico
de Monterrey
otto.granados@itesm.mx
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Varios empresarios de Aguascalientes me han preguntado
en los últimos meses cuáles son las
expectativas que fundadamente pueden hacerse respecto
del futuro del estado a corto y mediano plazo, en
especial ante el cambio de sexenio. Mi respuesta
invariable es que, desde luego, las personas que
gobiernen importan, pero lo fundamental es tener
una idea, una visión, un proyecto y un programa claros
para los próximos años.
Partamos de lo siguiente: por más que se diga lo contrario, la gestión
del actual gobierno ha sido un fracaso a juzgar por los indicadores razonablemente
aceptados como más relevantes para medir la situación de cada entidad
federativa en México.
Hagamos unas reflexiones:
- Banamex, en su reporte más reciente sobre
Aguascalientes, estima que el crecimiento real
de la economía del estado durante 2008 fue
de apenas 0.1% del PIB lo que, comparado
con el crecimiento de la economía nacional
para el mismo período, que fue de 1.6%,
indica que Aguascalientes creció 15 veces
menos que el promedio nacional. La cifra en sí misma
es terrible, pero los efectos en el empleo y en
los salarios son peores. Por ejemplo, el empleo
formal registrado en el IMSS decreció en
2008 en -0.1% en el estado, mientras que
en el país aumentó 2%, y los salarios
reales –es decir, descontada la inflación-
prácticamente no crecieron en ninguno de
los dos ámbitos: 0.2% en Aguascalientes
y 0.3% en México.
En suma, fue un pésimo
año y sienta
un precedente fatal para este 2009 fundamentalmente
porque a la pérdida de velocidad y rumbo en
el estado ahora se añaden los costos asociados
a la inseguridad, la crisis financiera nacional e
internacional, la caída del PIB nacional,
calculada conservadoramente en un 4% este año
y, por si fuera poco, los efectos derivados
de la influenza y de la cancelación de la
feria en diversos sectores de la economía.
- Aguascalientes disfrutó en el pasado de épocas
de bonanza porque aprovechó muy bien una
variedad de factores como su ubicación geográfica,
su tamaño, la homogeneidad social y la estabilidad
política y laboral. Todo eso se combinó para
hacerlo un lugar en donde las empresas ubicadas
en sectores tradicionales florecieron aprovechando,
sobre todo, que México tenía una
economía aún cerrada y protegida
y donde la primera oleada de inversión extranjera
encontró buenas condiciones para establecerse.
La buena noticia es que gracias a ello el estado
creció, se construyó una buena imagen
como estado exitoso en donde, como se hizo en los
gobiernos de 1974 a 1986, bastaba con atender bien
a los empresarios que llegaban, regalarles algunas
cosas, llevarlos a comer y extraerles una que otra
participación accionaria, sin mayores complicaciones.
Poco más tarde, de 1992 a 1998, con un enfoque
mucho más moderno, ordenado y abierto, el
estado se encontró con la apertura comercial
y la inserción de México a la economía
internacional, la afrontó con eficacia y
junto con otras políticas públicas,
como por ejemplo el énfasis en la educación,
la buena administración y el desarrollo social,
lograron que el estado ocupara los primeros lugares
en numerosos indicadores en los estudios de competitividad
general que empezaron a elaborar instituciones como
el Tec de Monterrey o el IMCO, que son los
reportes sin duda más respetados. Esa inercia
positiva dejada en 1998 duró unos años
más, digamos hasta alrededor del año
2000 y allí vienen las malas noticias y por
tanto las causas del estancamiento.
¿Cuáles son? Una primera es que la
economía tanto del
país como sobre todo, la internacional cambiaron radicalmente y el estado
no ha sabido replantearse de una manera muy seria y rigurosa su nuevo modelo
de desarrollo. Ahora hay suficiente evidencia que prueba que los países
y los estados exitosos son aquellos que han transitado con fuerza hacia la
economía del conocimiento, es decir, han potenciado los sectores más
productivos, que aportan mayor valor agregado y que usan intensivamente tecnología,
innovación e I+D para producir los bienes, productos y servicios que
hoy demanda un mercado compuesto por las nuevas mega tendencias sociales, tecnológicas,
urbanas y científicas que imperan en el mundo.
La segunda razón: otros países y otros
estados han entendido más rápidamente
el nombre del juego, se han movido con mayor eficacia
en la dirección correcta y han desplazado
a Aguascalientes de los sitios que antes tuvo. Demos
un dato: el año pasado 17 estados captaron
más inversión extranjera realizada
que Aguascalientes.
Y la tercera es que hay una cierta autocomplacencia,
tanto por parte de las autoridades y de los políticos
como de los agentes económicos, educativos
y empresariales, por seguir instalados en una especie
de zona de confort en donde no estamos bien pero
tampoco tan mal, ni muy exitosos ni muy fallidos,
ni muy grandes ni muy chicos, etc., es decir, en
una zona de mediocridad exasperante. Hoy día,
las industrias o los sectores o las instituciones
que están verdaderamente ocupados y preocupados
por cómo competir en una economía del
siglo XXI, son contados.
- Nunca como ahora habíamos tenido tanta
información, de tan buena calidad, tan variada
y tan rica tanto de las cosas que sí funcionan
como de las que no en materia de políticas
públicas. Si esto es así, estamos
en un momento sumamente oportuno para ver con toda
claridad dónde estamos como estado y como
país, hacia dónde van las grandes
tendencias globales, dónde quiere verse
Aguascalientes en 10 años, y cómo
construir el modelo de desarrollo para avanzar
en esa dirección. No se trata de volver
a los modelos de hace décadas porque esos
ya no funcionan en el mundo o en el Aguascalientes
de hoy, sino de algo diferente. Entonces hay que
hacer un balance lo suficientemente crudo, documentado
y realista para tener un diagnóstico claro
y por lo tanto una base sólida de planeación
estratégica para el futuro de corto y mediano
plazo.
El modelo de industrialización tradicional
se agotó y las industrias manufactureras
de menor valor agregado –como la textil,
confección
y vestido- tendrán que encontrar fórmulas
más innovadoras para competir ahora, por
ejemplo, en el terreno del diseño, la logística,
el marketing o el servicio a un tipo de consumidor
que está cambiando también, porque
de otra forma seguirá en el nivel más
elemental y ese ya se está mudando a El
Salvador, a Dominicana, a Filipinas.
Otras industrias, como la automotriz o electrónica,
tienen ya mucho más claro que su productividad
depende de la mayor innovación tecnológica
que introduzcan en sus procesos, y esto es una
tendencia que se verá acentuada con la remodelación
del mapa automotriz global o con el tremendo dinamismo
en la industria del software o de las tecnologías
digitales. En el sector primario la transición
inicial también ya se dio; el campo como
tal sigue descendiendo como proporción del
PIB estatal, y anda ya en un 3.5% o 4%, y nunca
volverá a
ser lo que era en los sesenta, de modo que el negocio
está y estará cada vez más
en el desarrollo agroindustrial y comercial pero
con componentes mucho más vigorosos basados
en modernización, en biotecnología,
en cadenas de distribución sofisticadas,
en adelantarse a los cambios en el comportamiento
del consumidor, en la experimentación ante
las novedades en la genética, en los patrones
de salud. Y
así sucesivamente en otros sectores.
- Finalmente,
habrá que empezar, en serio,
de manera integral y creativa, a construir una
política pública que, a partir de
lo que ya se tiene, detone una economía
orientada al conocimiento o, mejor dicho, a producir
con base en el conocimiento acumulado. Consiste
en identificar los sectores emergentes, los que
mejor conectan con las mega tendencias, e ir impulsando
hacia allá la producción del estado. ¿Cuáles?
Biotecnología, inteligencia artificial, desarrollo
de nano-tecnologías, desarrollo de materiales nuevos,
etc.
Pensemos en el desarrollo dinámico
de una vasta red de infraestructura de servicios
médicos
y hospitalarios, de servicios educativos, de servicios
para los negocios, de servicios financieros, entre
otros. No se trata de que éstos reemplacen
a los ya muy consolidados en el terreno automotriz
o electrónico, los cuáles seguirán
muy bien, sino de complementarlos con los sectores
del siglo XXI para construir la nueva economía
de Aguascalientes.
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