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Eduardo Campos Segura
Director General, PROSEG Information Security |
La mayor parte de las empresas pierden información
valiosa por el extravío de los dispositivos
electrónicos y en menor porcentaje por robo.
De acuerdo a estudios de mercado, 63% de las empresas
públicas y privadas pierden anualmente archivos
de información valiosa, pero solo 23% es por
robo. De la pérdida de información
57% se debe al extravío de equipos portátiles,
como computadoras, celulares, agendas electrónicas,
o dispositivos como discos compactos y memorias USB.
Las personas en general utilizan sus computadoras
portátiles en lugares públicos sin
considerar que las actividades que realizan en ellas,
pueden estar siendo observadas por alguna persona
que no debe tener acceso a dicha información.
Tener mecanismos de destrucción controlada
de información una vez que los dispositivos
van a reasignarse, también es un elemento
de protección.
Generalmente hablamos que los problemas que se
generan en la seguridad informática pasan por el concepto
de cultura de seguridad. No obstante, se hace muy
poco para lograrla y en muchas ocasiones se ha dicho
que la creación de un programa de concienciación
sobre la importancia de la información y su
protección en las organizaciones contribuiría
a la sinergia de reforzar el eslabón más
débil de la cadena, que es el usuario final.
Así, un plan de cultura organizacional dirigido
a la seguridad informática debe ser completo,
esto es, que incluya políticas sobre
aspectos de seguridad, reuniones con grupos objetivo,
una metodología adecuada, y sobre todo, estar
apoyada por la alta dirección.
Cuando se da vida al programa de cultura, tenemos
que entender que este escenario es dinámico
y por lo tanto está en construcción
permanente, lo que significa que sus definiciones
y documentos debemos usarlas todos los días,
pues no se trata de elaborar un texto para archivarlo
y dejarlo llenar de polvo en un escritorio de la
organización. Adicionalmente, se hace necesaria
la creación de indicadores que nos permitan
medir (lo que no se mide, no se puede mejorar) la
eficiencia del programa e identificar las variaciones
para de esa manera aplicar los correctivos y mejoras
necesarios que lleven al funcionamiento óptimo
del programa.
Muy seguramente en el camino nos encontraremos
con algunos obstáculos que hay que sortear y que
son de carácter general en cualquier organización
que quiera implementar un plan de cultura para la
seguridad. Algunos de los obstáculos pueden
ser:
• No reconocer que la seguridad es tarea de
todos
• La llegada de una nueva tecnología
• La falta de seguimiento adecuado al programa
• No recibir apoyo de la alta dirección
• Empleados reacios a cambiar paradigmas
Teniendo en cuenta lo antes dicho, debemos encontrar
el equilibrio que nos permita definir qué clase
de metodología se necesita en nuestras organizaciones.
Generalmente las metodologías utilizadas constan
de cinco grandes ítems: análisis, diseño,
desarrollo, implementación y una evaluación
y mantenimiento. También por supuesto, se
hace necesario que las campañas de culturización
sean de forma completa y no simplemente con carteles
que vemos pegados en paredes de la empresa, pues
por sí solos no consiguen nada.
Es interesante comprender que por muy robustos
sistemas de seguridad que se posean, es inútil si el
usuario no forma parte del programa de cultura de
seguridad y si no se desarrolla una métrica
para evaluar el avance del mismo, que permita precisar
si realmente se está cumpliendo o no con
los objetivos del programa.