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José Luis Díaz Ramírez
Con la colaboración de Miguel Ángel de Alba |
Cantante, compositor, torero. José María
Napoleón, ha realizado a lo largo de su vida
con gran éxito, las actividades que más
le han apasionado, brindándole múltiples
triunfos y alegrías… “Yo siempre
he creído mucho en la humildad y en la sencillez,
y siempre he pensado que lo que tengo es un regalo
de la vida, de dios”.
¿Dónde y cuándo nace?
Nací en Aguascalientes en 1950. Mis padres
son Rafael Ruiz de Lara (†) y María
de Jesús Narváez Narváez. Mi
padre era una persona humilde y mi madre nació en
pañales de seda, hija de un hacendado jalisciense,
descendiente de españoles. Por cosas de política,
mi abuelo fue despojado de sus bienes y mi madre
quedó huérfana a los ocho años,
por lo que de la cuna de seda pasó a la tierra,
a trabajar en el campo. Después se vinieron
a vivir a Aguascalientes y tanto mi madre como sus
hermanas tuvieron que ser las proveedoras de la casa.
Mi nombre es José María Napoleón,
porque mi padre aunque humilde, leía mucho
y admiraba a Napoleón Bonaparte.

¿Qué característica
recuerda más de su mamá?
La música. Cantaba muy bonito y fue quien
me inculcó el gusto por la música,
me guió por ese camino. Yo comencé a
escribir cuando encontré en la basura un libro
de Manuel Acuña llamado “La Luna”,
junto con el de “Robinson Crusoe”. Apenas
tendría unos 10 años de edad.
Manuel Acuña no me dijo nada, pero sí sus
versos, porque sin comprenderlos del todo, veía
que las palabras sonaban. Comencé a
entender que en los versos de cuatro líneas
siempre la tercera con la cuarta palabra se escuchaban
igual. Escribí mis primeras cosas como a los
13 ó 14 años y empecé a tutearme con
las palabras, a hacerlas mis amigas… luego,
Víctor Manuel Esquivel me condujo, pero decía
que no perdiera lo que yo tenía, porque si
escribía técnicamente podía
perder mis palabras sencillas. Él era un personaje
yucateco de la crónica taurina, que se estableció en
Aguascalientes. Tuve otros amigos, como la familia Ávila,
con quienes empecé a “aporrear” el
piano. Yo me acerqué a la gente con mi guitarra,
gente que económicamente tenía maneras
y modos. Compartían conmigo sus fiestas, sus
reuniones, y comencé a abrirme puertas y a
ganarme un peso. A los 16 años empecé a
llevar serenatas.
¿Cuántos integraron su familia?
Somos seis hermanos: Guadalupe, Noé (Fabián),
José María Napoleón, Eleazar,
María de Jesús y Camila.
¿Alguien más trae la vena
artística?
Mi hermano Fabián es torero y ha escrito alguna
que otra canción.

En 1977, el Canta Autor logra
el primer lugar del Festival OTI,
con
la canción "Hombre".
En la imagen,
interpretando durante dicho espectáculo.
¿Cuál fue su primera canción?
“Papel” y “Esta tarde”, pero nunca las grabé.
La primera canción que grabé fue “El Grillo”, a los
15 años, y la escribí en un tentadero, donde estaba como muchos
aspirantes sentado en las gradas mientras el matador Antonio Lomelín
tentaba una becerra, la cual me dejó torear. Estuve más o menos,
porque no es lo mismo iniciar una tienta que agarrar “las tres”.
¿Por qué se hizo matador
de toros?
Fue algo chistoso. Hice una apología del toro
en una feria de abril, en San Marcos… En Aguascalientes
había raíces más profundas y
la Cava Domecq se convertía en un patio de
fiestas después de cada corrida, donde al
final de la temporada se entregaban los premios a
los toreros, a los ganaderos, banderilleros, picadores,
la mejor faena, la mejor estocada. Una de esas tardes
hice la apología al toro, que decía:
“Al toro por su bravura,
por su trapío,
por su estampa;
al toro de cinco hierbas que se emplasta,
que se planta, que se duda para irle,
para llegarle a la cara”.
A José Julián Llaguno le gustó mucho
el verso. Pasé por la mesa de Miguel Espinoza,
que siempre ha sido un vivaz amigo, de muchas puyas,
y me dijo ¿quién no escribe un pinche verso?
Lo reté y le pregunté cuánto
tiempo quería para escribirlo. Hicimos una
apuesta a cumplirse en el plazo de un año: él
escribía el verso y yo me hacía matador
de toros. Me hice matador de toros, pero confieso
que era tarde. Tiene mucho mérito el que se
planta ante un toro, porque hay que tener mucho valor,
además de otros ingredientes. Pero el valor
es el ingrediente principal, el más importante,
para poder estar frente a la cabeza del toro y pensar.
Al año siguiente recibí la alternativa
en San Miguel de Allende, junto con José Manuel
Espinoza, y el mismo Miguel fue quien me contrató.
Pero antes tuve una tarde desastrosa: éramos
seis toreros de Aguascalientes, y un toro de Pepe
Garfias se estrelló y se lastimó la
columna, por lo que arrastraba los cuartos traseros.
Como yo era novillero, fue el que me dejaron. Era
un festival muy importante, pero no pude hacer nada.
Regresaron el toro a los corrales. Sacaron otro,
muy bizco, al cual toree bien pero pinché como
14 veces. Encastado, al otro día fui a reclamarle
a Fermín por qué me había dejado
el toro defectuoso. Mi bronca se calmó cuando
me dijo: “¿Por qué no tomas
la alternativa en San Miguel de Allende?”.

Para 1982, cuando triunfa con “Celos”,
era ya un artista consumado.
¿Cómo llegó al Distrito
Federal?
Toree una novillada con otros cuatro toreros y
corté una
oreja. José Luis Ornelas, gente del toro de
toda la vida, cuando estábamos festejando
me presentó a Gilberto Rivera “el Watson” (qepd)
y me hizo cantarle varias canciones. Después
me preguntó si quería ser cantante
y le dije que no, que yo quería ser torero.
- Bueno, si algún día quieres ser cantante,
búscame.
Era el gerente de ventas de Discos Musart. Dos
años
después fui a verlo y ahí empezó la
historia. Me hizo cantarle a Guillermo Acosta, quien
de inmediato mandó traer un contrato, pero
no lo firmé y, prácticamente, me escapé… Regresé un
año después y Guillermo Acosta no me
quiso recibir. Ya en la calle, el vigilante de la
empresa me correteó un buen tramo para que
fuera a entrevistarme con Acosta.
- ¿Ahora sí va
a firmar?
- Sí, señor, sí voy a firmar. –Dije.
¿Cuál fue su primer disco?
“El grillo”. Y él fue quien me puso el poeta de la canción.
Un día llegó el señor Raúl Cabarga cuando estábamos
grabando; él dirigía un programa llamado “Pandorama”,
conducido por Pepe Alameda, en el que participaban figuras internacionales.
Me invitó a su programa y me fui para atrás. Pero en su programa
había que interpretar seis canciones y sólo iba a grabar un disco
de cuatro. Guillermo Acosta dijo entonces que iba a grabar doce y lo hicimos
en dos meses. ¡Ese programa me lanzó en toda la República,
cuando tenía 18 años de edad, en 1971!
Eran seis canciones mías y seis de otros compositores: “Y
volveré”, “El grillo”, “Dos
flores al viento”, “Cada cual busque
su rosa”… Hice el programa y la Casa
Domecq se interesó en mí, por lo que
me contrató para hacer giras, desde Yucatán
hasta Tamaulipas, luego por el centro y luego por
todo el Pacífico. Recorrí todo el país
en tres meses, por carretera… pero no todo
fue miel sobre hojuelas. Cuando salió Guillermo
Acosta caí en manos de Jaime Sánchez
Rossaldo y nos volvimos buenos amigos; hicimos dos
discos con un productor francés, Jean Paul,
y con Rafael Ferro, pero por alguna razón
mis canciones empezaron a ser más profundas,
comencé a escribir más cosas.

En su estudio, trabajando en
proyectos futuros, reflexiona…
“Transcurro
por la vida de una manera muy sencilla porque
sé hacia
donde voy.
Ahora me dedico a tratar de llevar
lo mejor a mi familia,
porque sé que
su presencia es la que más agradeceré al
final.
¿Cómo surgió “Hombre”?
En Zacatecas un señor humilde se acercó y
me dio una carta, en la que decía que siendo
una persona de origen humilde, campesino de oficio,
dios le había negado muchas cosas en la vida,
y que yo, siendo artista, le regalara 70 mil pesos
para que hiciera su casa. El señor no me dejó ni
a sol ni a sombra durante los ensayos. A ese señor
no le compré su casa, pero yo compré mucho
con lo que él me dio porque me inspiró la
canción de “Hombre”, aunque ese
día sólo gané trece pesos. Sé de
dónde vengo y hacia dónde voy; sé que
la vida es una continua lucha. Por eso no le pidas,
hombre, al Señor que te dé una casa.
Después, con la canción “Vive”,
que obtuvo un cuarto lugar en el festival OTI, tuve
que vender mi Volkswagen para poder grabarla. A los
tres meses había vendido más de un
millón de copias. En 1976 me comprometí a
comprar una casa para mis padres. Ganaba como 12
mil pesos por contrato y me quedaban siete. Me dio
temor porque tenía que pagar 500 mil pesos
en 30, 60 y 90 días. ¡Era un dineral
para mí! Alberto Aguilera me dijo “¡Aviéntate,
cómprala… Si se te atora el barco, ¡yo
te ayudo!” La terminé de pagar en dos
meses, porque no había cobrado mis regalías
y ya se había juntado como un millón
de pesos.
¿Lo mareó el éxito?
Sí, cómo no. Decía Carlos Arruza
que él no conocía a nadie que supiera
manejar la fama. Con el premio de la OTI en 1977,
que fue un millón de pesos y un reloj Rolex
(que por cierto, me acaban de robar, no saben lo
que se llevaron), compré un departamento de
dos pisos en San Ángel. Fue lo primero que
tuve, pero también regalé una casa
a cada uno de mis hermanos. Desde entonces, en silencio,
ayudo en todo lo que se puede a la gente que lo necesita:
hacemos conciertos para orfanatorios, para niños
enfermos, y de algún modo regreso algo de
lo que he recibido.
Mi carrera se detuvo porque así lo decidí.
Jaime Sánchez Rossaldo firmó un contrato
en Argentina con la disquera Cisne Raff y Televisa
me amenazó a través de Raúl
Velasco para que deshiciera ese contrato. En una
cena, Enrique Borja me puso un cheque de 1.3 millones
de pesos para firmar con ellos e Ignacio Morales,
de Melody. No lo firmé y me puse una soga
al cuello. Se acabó la relación con
mi representante por cuestiones de dinero, de mala
manera. El dinero siempre ha sido muy maligno. Empiezo
a tropezar y a tropezar. Firmé un contrato
con Ariola para pagar a los argentinos. Mi carrera
comenzó a irse a pique, a pesar de grabar
muy buenos discos, de relacionarme con los compositores
y los artistas del momento. ¿Qué hice
entonces? Volví la vista a los toros.
Tuve una tarde en Aguascalientes, pero no estuve
bien e incluso el toro me rompió tres costillas.
Estuve en el hospital, pero feliz. Me llamaron de
León, Guanajuato, y de ahí toree más
de cien corridas.
Como torero, como artista, como
cantante, ha sido muy asediado por las mujeres. ¿Cómo
ha manejado las cuestiones del amor?
Tuve muchas oportunidades de andar con mujeres
muy guapas, pero nunca me aproveché de nadie.
Además, no todo lo que se ha dicho es cierto.
El amor es una forma de vida, no un cuestionario
para llenar. El amor no se contabiliza por las conquistas
que has hecho. No te enamoras un montón de
veces, sino una o dos. Siempre fui más enamorado
del amor que de las personas. Además, los
estados de ánimo se vuelven canciones, y las
mejores canciones nacen de los momentos difíciles
de la vida.
¿Cómo y cuando se casa?
Me casé muy chavo,
como un juego, con Rosario de Alba. En la segunda
vez que salíamos,
decidimos casarnos. Nos habíamos conocido
en una promoción de discos en Querétaro; éramos
inocentes, sin experiencia… duramos muy poco
tiempo casados y tuvimos dos hijos: Linda, quien
es Maestra Educadora y Christian, quien estudió comunicación
en La Salle del D.F. y se quedó en esa Universidad
como maestro; él también escribe
y compone.
Regresé a Aguascalientes en 1981, con mis
hijos, y después de un tiempo de vivir muy
solo, conocí a María Susana de Alba, Susan, con
quien felizmente me casé hace 28 años
y tenemos cuatro hijos: Susana, María José,
José María y Natalia, quienes por cierto,
no sabían que yo era cantante, pues me conocieron
como torero. A José María que tiene
22 años, también le gusta cantar y
componer; igualmente le gusta el toro y lo hace muy
bien, pero lo suyo es cantar. Acabamos de regresar
de una promoción y está esperando algunas
respuestas, porque no quiere depender de mí.
Canta conmigo en mis presentaciones, en los coros,
y a medio show lo presento.
¿Cual es tu canción predilecta?
Todos los sentimientos de que hemos hablado han
producido todas las canciones que he hecho y eso
ha sido maravilloso, yo vivo eternamente agradecido
con las personas que los provocaron porque todas
ellas dejaron cosas buenas que me ayudaron a ser
lo que hoy soy, y de ellas se rescatan las cosas
bellas que nos entregamos; por ejemplo Pajarillo. Ella,
quien era una prostituta de quien yo era mandadero
cuando tenía ocho años de edad, nunca
supo que le escribí una canción,
nunca supo que dejó una huella en mí,
y sin embargo inspiró una de mis canciones
de más éxito.
Me gustan todas. La que me dio la llave para abrir
todas las puertas, la mas sencilla, fue la que no
se complica, “Vive”: “Nada te
llevaras cuando te marches, cuando se acerque el
día de tu final; vive feliz ahora mientras
puedes, tal vez mañana no tengas tiempo para
sentirte despertar”… esto, es una verdad
de todos conocida, estamos aquí de paso nada
más, la vida es un proceso prestado, y uno
lo sabe pero no lo quiere entender.
¿Cuales son las satisfacciones más
grandes que te ha dado ser el poeta de la canción?
Evidentemente
estoy muy agradecido con José José quien
ha sido mi principal interprete; el escucharme en
la voz de Vicente Fernández, Pepe Aguilar,
Pedro Fernández, Yuri, en España Elsa
Baeza, Maciel; Frank Pourcel, con una versión
de orquesta de “Lo que no fue no será” o
la hermosa versión de la canción “Celos”,
que hizo Plácido Domingo, me hace ir hasta
el cielo.
Yo siempre he creído mucho en la humildad
y en la sencillez y siempre he pensado que lo que
tengo es un regalo de la vida, de dios, porque yo
no podría mirar por encima del hombro a nadie,
transcurro por la vida de una manera muy sencilla
porque sé hacia donde voy, y sé que
el espejo me va diciendo todos los días que
mi aspecto va cambiando, que debo entender las cosas
como son. Ahora me dedico a tratar de llevar lo mejor
a mi familia, porque finalmente sé que la
presencia que más agradeceré al final,
es la de Susan y la de mis hijos, lo demás
son solo recuerdos colgados en las paredes, será la
satisfacción de haber conseguido algo con
el paso de los años y que sin embargo llenarán
solo unos aspectos de mi vida.
José María, ¿cómo
te gustaría que se escribiera tu epitafio?
Hace
mucho tiempo lo escribí en una canción
que dice:
“Cuando me muera, no quiero ni claveles
ni coronas
cuando me muera yo quiero que me transcurran
las horas
cuando me muera yo quiero que rece así mi
epitafio,
‘Aquí nace un verso en prosa,
una palabra con canto’ ”,
Pero no quiero que diga eso la tumba, quiero que
diga “VIVE”.