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Lic. Juan Enrique Sandoval MBA
Desarrollo de Negocios-Skillsa S.C.
juan.sandoval@skillsa.com |
Los negocios y empresas hoy tienen un gran problema.
De hecho, siempre lo han tenido. El 95% de las compañías
con las que trabajo y a las que he ayudado se detienen
y no pueden crecer después de cierto nivel
de éxito. Añadamos a eso que la crisis
económica que ya se ha vuelto grave y que
tendremos un escenario infernal para emprendedores,
gerentes y empresarios. ¿No se había
dado cuenta? ¡Revise sus números! Obtenga
un poco de simpatía entre su círculo
de amistades, probablemente ellos estén peor.
Aquí, unas razones para seguir quejándose
y generar un poco de lástima. Le voy a decir
todo lo que está mal.
1. Ya no tengo lo
que tenía
Los balances y estados por fin estuvieron listos
por parte del contador. Llegan a sus manos y usted
observa cómo sus sueños e ilusiones
se van alejando irremediablemente. Diez por ciento
menos en ventas, 20 por ciento más en costos,
30 por ciento menos en vacaciones, 100 por ciento
menos en alegría y esperanza. La economía
puede ser una excusa para la falta de crecimiento
y utilidades. Entre menos ventas y utilidades, menos
vale la compañía, tal vez menos vale
usted.
Por lo tanto, en vez de encontrar métodos
nuevos de gestión, de pedir la ayuda de agentes
externos, de modernizar sus cuadros administrativos,
usted tendrá una nueva oportunidad de lamentarse
y relatar lo dañina que ha sido la recesión
para usted y su empresa. No se trata de encontrar
nuevas soluciones, cuando puede sentarse a llorar.
2. Los sistemas no funcionaron
Durante los últimos tres o cinco años,
usted se encontraba diseñando nuevas metodologías
para controlar y detonar su empresa. Se le acercaron
consultores en administración y finanzas;
expertos en calidad total y TQM; profesionales de
la mercadotecnia y publicidad; líderes en
el Internet, redes y nuevas tecnologías. Todos
tratándolo de convencer de lo importante que
era para usted estar actualizado.
Les hizo caso. Instaló un comité de
innovación, colgó un bonito buzón
de sugerencias junto a su oficina, se certificó en
ISO 9000, asistió a cursos y conferencias...
Hoy, usted sabe que todo eso sirvió para nada.
Adiós a la novedad, las soluciones mágicas
no eran tan mágicas, el conejo en la chistera
era un simple roedor que se comió la mitad
de las inversiones y volvió a desaparecer
cuando se fueron los últimos clientes. ¿Lo
volvería a hacer?
3. Tengo que hacer más
llamadas
Uno de los grandes inconvenientes de las recesiones
es que nos obligan a revisar nuestros métodos
de venta. De pronto los teléfonos dejaron
de sonar y las órdenes o pedidos ya no llegan
por sí solos. Su mejor cliente está en
problemas, le debe y no puede seguir comprando. Los
otros están igual, o peor.
¿Qué hacer? Volver a empezar suena
aterrador, tendría usted que hacer tantas
cosas; trabajar en adecuaciones de producto, conseguir
nuevos contactos, volver a crear listas de clientes
potenciales (por algo la palabra “prospectar” es
tan fea), llamarlos, ofrecer sus productos e identificar
las necesidades que ellos tengan. Casi, casi como
si usted fuera un vendedor. Cuando usted fundó la
empresa y contrató a sus primeros vendedores
creyó que no tendría que volver a tocar
puertas. ¿Y ahora resulta que tiene que volver
a hacerlo, como cualquier vendedor? Sí, es
devastador.
4. No quiero reducir tantos gastos
¿Por qué tiene que dejar tantas cosas
que le gustan y a las que estaba tan sanamente acostumbrado?
Ya no puede usar el auto de la empresa para llevar
a su familia a pasear. Esto es muy injusto. Ya no
puede importar ese café de grano colombiano
y ahora se debe conformar con café nacional
instantáneo. Todas las cosas buenas de la
vida, aún las insignificantes, parecen ahora
un lujo.
Peor aún, tiene que revisar los costos de
las horas extras, el consumo de energía en
maquinaria y transporte, los contratos de servicios,
renegociar los pagos de créditos, y volver
a posponer sus vacaciones. ¿Por qué tiene
que hacerlo? ¿Por qué la vida es tan
injusta? ¿Por qué?
5. Los planes no sirvieron
También puede ponerse a pensar en qué quedaron
esos planes maravillosos que tenía usted para
hacer crecer la empresa. Las ventas iban a duplicarse,
las utilidades a triplicarse. Pasó usted horas
en reuniones de planeación con sus directivos
y gerentes, y ahora parece que todo fue tiempo perdido.
Por culpa de unos malos inversores en Londres y
de unos codiciosos banqueros en Nueva York, usted
tendría que volver a elaborar planes de negocio,
pensar en escenarios probables, definir hasta dónde
puede y quiere llegar este año. “Planear
el crecimiento”... en estas fechas, la frase
parece una burla. ¿Puede darse el lujo de
volver a planear?
6. Mis competidores aún
sonríen
Cuando llegamos a este punto, ya estamos no sólo
tristes. Esto no es sólo un blues. ¡Es
un coraje nacido de lo más profundo de las
amargas entrañas! Porque si se pone a pensar,
los vendedores de la tienda de enfrente, los productores
de la ciudad vecina, los mismos competidores también
están enfrentando malos tiempos. La crisis
nos está pegando a todos. Y ellos tienen el
descaro de presentarse a las reuniones de industriales
con su mejor traje y con una sonrisa en la cara.
Pareciera que se creen mejores que nosotros. Como
si hubieran encontrado una fórmula secreta
en el optimismo cotidiano, cuando sabemos que tampoco
les está yendo bien. Las ventas de ellos han
bajado, sus costos también suben, sus clientes
ya no les compran. ¿Será que tienen
un as bajo la manga? ¿Quién puede sonreír
en estos tiempos?
No se preocupe. Tal vez la crisis económica
les ha pegado tan fuerte a sus competidores que ya
perdieron la cordura.
7. Nadie quiere comprar mis productos
Bueno, por último esta razón para
quejarse sintetiza todas las demás. Ya no
está vendiendo. Es la razón máxima
para deprimirse. Podría ponerse a rediseñar
sus productos, a encontrar nuevas funciones para
productos tradicionales, o nuevos productos para
nuevas necesidades. Podría.
Pero se trata de sumirnos en la depresión,
de llorar un poco nuestras penas y hacerle saber
a nuestros acreedores que no pagamos porque tenemos
razones importantes para no hacerlo. Además,
creo que a estas alturas, ya despidió a sus
mercadólogos y diseñadores de productos.
En fin.
Puede quejarse de estas cosas y de muchas más.
Puede pasar su tiempo tratando de descubrir todo
lo que no sirvió, todo lo que fue inútil.
Pero en verdad, la única forma de romper el
ciclo es cambiar sus hábitos; incluidos los
hábitos de sufrimiento. Mejor póngase
las pilas y reinicie el trabajo; es momento de volver
a construir, aun cuando todo esté destruido.
Decida cuánto quiere que gane su empresa este
año. Sí. Las utilidades son posibles,
incluso en este 2009. No me haga caso en este artículo,
deje de quejarse. Dispóngase a triunfar otra
vez.