A nadie le gusta perder. Pero hay momentos en los que el entorno nos obliga a tomar decisiones difíciles.
El pasado 25 de abril, “el día de la fiesta de Aguascalientes” El gobierno del estado se vio en la necesidad de tomar una de estas decisiones y debo de confesar que nunca me hubiera imaginado que, contemplando que la feria representa una derrama económica de grandes dimensiones para el estado, se llegara a suspender, para dar prioridad a la salud de los habitantes, con el objetivo de prever el posible contagio de un virus del cual solo teníamos noticias.
Todos los comentarios en referencia a esta decisión fueron positivos; desde la oposición en el congreso, pasando por los líderes empresariales y la opinión pública en general. Primero es la vida.

Sin embargo a pocos días de anunciada la suspensión del festejo, todos los actores económicos del país se vieron obligados a formar parte de la prevención y cuidado de la salud. El Presidente de la República publicó un acuerdo, mediante el cual se ordenó la suspensión de labores en la administración pública federal y en el sector productivo de todo el territorio nacional, durante el periodo que comprendió del 1 al 5 de mayo.
Todas las dependencias públicas acataron el acuerdo sin preocupación alguna, pero en el caso del sector productivo se dejó abierto a la consideración de cada actor para acatar dicha orden o no. Se hicieron pronunciamientos en el sentido de que la orden no era necesariamente obligatoria, pues no contemplaba en la publicación del diario oficial del 30 de abril sanción alguna y por lo tanto, podría considerarse como una ley imperfecta.
Era algo nunca antes visto, incluso muchos organismos empresariales ni siquiera sabían asesorar a sus afiliados cuando hablaban para preguntar cuál era la postura a tomar por parte del gremio. ¿Se va a trabajar? ¿Podemos no detener nuestro proceso? ¿Tiene esto repercusiones?
Muchos empresarios optaron por seguir operando incluso con el riesgo de salud que esto implicaba, y apelaron dicha decisión a los problemas económicos que tendrían en caso de parar labores. Pero algunos de los que optaron por este camino, habían visto con buenos ojos la suspensión, de la feria, y en los encabezados de algunos diarios locales, incluso aplaudían que el gobierno hubiera puesto la salud de la ciudadanía por encima de los intereses económicos.
Y es que en realidad no es lo mismo ver los toros desde la barrera que bajar al ruedo, y la perspectiva cambia cuando nos toca tomar a nosotros la decisión.
Fue una bola rápida y nadie estaba preparado para esto. El acontecimiento, nos dejó de experiencia que no existen planes de contingencia y deberíamos tenerlos. Pero sobre todo, sería importante que cada empresa revisara los valores y visiones empresariales que cuelgan de las entradas de sus empresas y cuestionaran si de verdad tienen la satisfacción y seguridad de sus colaboradores como uno de sus principales valores, o solo es un acto teatral.
Espero que este ejemplar de Líder Empresarial, sea de utilidad en su quehacer diario.

Rafael López Rivera
Director Ejecutivo