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Salvador Rodríguez
Aldrete
Director General de Asesores Patrimoniales CAS del Bajío S.C.
srodriguez@sryamex.com
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Estimado Lector:
Espero que el título de esta colaboración no te haga dejar de leerla.
Sé y aprecio que ya estamos hartos de discusiones sobre elecciones, candidatos,
consejeros electorales, sueldos millonarios y demás. No es mi interés
el entrar a temas tan complicados como las elecciones para cargos gubernamentales.
Me quiero referir a situaciones más básicas
como los procesos en nuestro micro mundo de las organizaciones
civiles y empresariales.
En años que ya parecen muy lejanos los empresarios nos veíamos
forzados por Ley de Cámaras a afiliarnos a una Cámara de nuestro
sector en particular. De hecho, no es hasta el 20 de diciembre de 1996 en que
se abroga la obsoleta Ley que en 1941 se había promulgado (como sucesora
de dos leyes anteriores, la de 1906 que creaba el concepto y la de 1936 que estableció la
obligatoriedad de afiliación) y que obligaba a cualquier empresario con
capital manifestado superior a $2,500 a afiliarse a una cámara comercial
o empresarial en clara violación al Artículo 9º Constitucional
que consagra la libertad de asociación.
Así, por muchos años, los empresarios aportábamos cuotas
para que los líderes empresariales, no todos porque existieron honrosas
excepciones, se llenaran de privilegios y canonjías por ser parte del
corporativismo gubernamental. Es claro que el sistema sirvió durante muchos
años al gobierno y aprendimos que era solo a través de estar bien
con el líder en turno cómo se podían obtener permisos para
establecerse, importar, exportar, tirar agua sucia y otros más.
Durante este tiempo surgieron, como sucede en toda
dictadura, voces discordantes, algunas de ellas de
claro origen empresarial; quién no recuerda las andanzas
de Maquío que inició como líder empresarial; el caso de
los llamados “encapuchados de Chipinque” en Monterrey en contra
del gobierno de Luis Echeverría y otros grupos verdaderamente activos.
También surgieron organizaciones paralelas de filiación voluntaria
como Am Cham que albergaba a las empresas norteamericanas o con nexos con los
Estados Unidos, Asociaciones de Industriales como las de Naucalpan, Estado de
México, el Salto en Jalisco, el GIA en Aguascalientes, e Industriales
Potosinos en San Luis Potosí y muchas más. Merece especial mención
COPARMEX que se fundó en 1926 por el empresario Luis G. Sada quien en
una sesión de Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio
e Industria plantea su idea de crear un organismo de participación
voluntaria.
En todas estas organizaciones se tenían valores similares: respeto a la
participación de cada socio, elección democrática de los
representantes, actuación del líder a favor del bien común
y no del personal y otras similares. En muchas se trataba de mantener una sana
distancia con el gobierno, sin romper relaciones pero sin entrar en el juego
de alabanzas mutuas públicamente y
componendas en privado.
En el terreno de la sociedad
civil, la llegada de los programas de vivienda pública
en los 50´s y las necesidades de proteger la propiedad de la violencia
en décadas posteriores exigieron el concepto de cohabitar en condominio
y por lo tanto la formación de las asociaciones de condóminos con
personalidad propia. Las antiguas asociaciones de vecinos evolucionaron para
tener su propio patrimonio que inicialmente formaban las áreas comunes
y que al paso del tiempo se enriqueció con
los activos necesarios para dar servicio a los socios.
Y todas las asociaciones que arriba menciono crecieron
y se desarrollaron. Hubiéramos
esperado que con base en sus principios y en visualizar la experiencia ajena
de liderazgos inadecuados, las reglas de una democracia pura y sin tacha fueran
su principio fundamental. ¿Qué encontramos en cambio? Organizaciones
que, una vez más con honrosas excepciones, se desgarran cada vez que hay
que elegir al Líder y ni siquiera los que luchan representan a la mayoría
porque esta se ha vuelto silenciosa y simplemente
no acude al proceso electoral.
Revisemos algunos
casos recientes:
- El Centro Patronal de Aguascalientes elige a
su Presidente para el ejercicio 2009-2010 con 163
votos totales de los cuales un porcentaje significativo
se otorgan mediante cartas poder. Hay acusaciones
de favoritismo por parte del consejo saliente hacia
un candidato.
- CANACINTRA elige a su Presidente con una asistencia
de 180 socios o aproximadamente el 35% de la membresía.
- COMCE Aguascalientes: Creamos la AC, la operamos
y administramos al brazo de apoyo a los exportadores
(OPEXA) y hace unos meses se “nombra” presidenta
sin ninguna asamblea de la sociedad y por decisión
del organismo nacional en conjunto con el gobierno
del estado.
Y puedo seguir contando historias como las anteriores.
La realidad es que los mexicanos somos muy buenos
creando grupos y sociedades pero muy malos administrándolos.
Pareciera ser que la democracia y el gobierno corporativo
no se nos dan, que nos subimos al tren del poder
y no queremos bajarnos.
Y si esta es la realidad o por lo menos algo cercano
a ella, ¿Qué podemos hacer? ¿No
hay remedio?
Difiero con quienes piensan que no es posible hacer
nada al respecto. Estoy convencido de que en este
tema, como en la mayoría de los grandes problemas
nacionales, la solución está en la
educación. Me complace enormemente ver el
esfuerzo que se ha hecho con el ejercicio del parlamento
infantil y creo que debemos continuarlo pero también
pienso que necesitamos algo más. Me
parece que desde el nivel de Primaria tenemos que
fomentar las sociedades de alumnos con reglas democráticas
muy claras. Que en las preparatorias públicas
y privadas deberíamos tener, en todas, Consejos
Estudiantiles que se enfoquen a obras para su propia
comunidad y para la sociedad civil en lugar de buscar
prebendas. Me parece que en las familias tenemos
que hacer a nuestros hijos conscientes del valor
de la democracia. Las consecuencias de no hacerlo
pueden ser terribles.
Hace algunos años tuve oportunidad de escuchar
al Dr. Moisés Naím, Editor en Jefe
de la revista “Foreign Policy”. El Dr.
Naím es venezolano y en el momento de la conferencia
Hugo Chávez estaba celebrando su reelección
y México estaba por entrar al proceso electoral
del 2006. Uno de los asistentes preguntó al
Dr. Naím porque Venezuela había reelegido
a alguien que claramente tenía perfil de dictador
(como se ha comprobado posteriormente) y qué podíamos
hacer en México para evitar un proceso similar.
Naím respondió con tres razones que
relato a continuación con un énfasis
especial en la tercera que puede sumariar mi colaboración
de este mes:
- Creímos que en Venezuela esto no podía
pasar. Venezuela era una de las democracias más
estables de América Latina. No lo vimos
posible y no le dimos importancia.
- Nos olvidamos del poder del ejército.
No lo entendimos ni lo apreciamos.
- Por último y la más importante:
despreciamos a los políticos. Consideramos
que el estar en la política no era de gente
bien y permitimos que aquellos que tenían
objetivos personales tomaran el control. Cuando
nos dimos cuenta era demasiado tarde.
Creo que en México no es aún muy tarde
pero no estamos lejos. Tenemos la obligación
y la necesidad de construir verdaderas democracias
en todos los niveles y tenemos que iniciar por nuestras
propias organizaciones pero trabajar al mismo tiempo
con las instituciones públicas. Ojalá y
así lo entendamos. El costo es demasiado alto,
se llama Dictadura.
Hasta el próximo número de Líder
Empresarial.
