BUSCAR
En esta edición
En todas las ediciones
TIPS EMPRESARIALES
Evitar el despido de personal:
una responsabilidad social
 

Martín Orozco Sandoval
Asesor de administraciones municipales
martinorozco25@yahoo.com.mx

Una de las frases que mucho se repite en el ámbito empresarial es que sin problemas no hay oportunidades. Esto suena bien, y, sin duda, representa una actitud retadora y desafiante de quien lo afirma. Pero en medio de una crisis mundial como realidad económica ¿Qué tan cierto es esto? ¿Cuántas empresas verdaderamente lo creen?

Sin duda alguna, el entorno internacional y el nacional están determinando muchas de las circunstancias locales en que las empresas habrán de caminar los siguientes meses.

Es justo por ello que resulta significativo e importante reflexionar sobre el ir más allá de las directrices tradicionales y habituales con que las empresas se han manejado. ¿Existe una receta para contrarrestar los impactos negativos? ¿Es necesario despedir personal a fin de abatir costos? ¿Sirven de algo las ventajas competitivas?

Algunas de las primeras estrategias para contrarrestar la desaceleración económica son, sin duda, bajar los costos de la producción, reducir los tiempos de entrega, agregar calidad en el servicio, etc. Sin embargo, medidas de este tipo siempre tienen un límite y, seguramente éste, apenas matizará el golpe a la estructura financiera de la empresa.

Cuando los números de las empresas no son positivos debido a que el consumo comienza a disminuir; cuando el mercado doméstico se reduce como consecuencia del incremento en las tasas de interés -factor que reduce las compras a crédito-; cuando se registra afectación en los productos y servicios de bienes de lujo y se prevén estragos en los bienes básicos; cuando el índice de subsistencia se reduce, considerando que su operación depende de su flujo de efectivo, puede pensarse que la empresa desaparecerá.

Sin duda se pensará. No obstante, también hay razones y acciones que pueden emprenderse para que no suceda así. ¿Qué hay por hacer? Primeramente pueden redoblarse los esfuerzos en materia contable, pues si las empresas no mantienen sus números al día no sólo correrán el riesgo de desaprovechar algunas promociones de proveedores, sino que además afectarán su posición crediticia. Un segundo paso es asegurar el flujo de efectivo. Algo más, es seguir buscando maneras de incentivar las ventas, quizá mediante la reducción de la rentabilidad, ofreciendo descuentos o promociones.

La liquidez es una clave muy importante porque evita despidos, cuyo costo resulta alto debido a que además de perder inversión en capacitación se pierde también experiencia.

Alternativas como la reducción de jornadas laborales de trabajadores y la comunicación permanente con ellos son opciones, pero nunca debe olvidarse que la liquidez de una empresa sumada a su factor humano son los cimientos más fuertes que puede tener una organización para enfrentar circunstancias de crisis.

Mientras los gobiernos pueden centrar su atención en multiplicar los apoyos financieros, ofrecer capacitación en rubros diversos como la gestión, el adiestramiento de habilidades o la innovación comercial, dar agilidad a los procesos para emprender o hacer crecer un negocio y fomentar la competencia equitativa, sobre todo con los negocios informales, las empresas privadas deben cambiar los enfoques para diversificar sus mercados, deben asimilar que su mayor ventaja en el mismo es la competitividad, lo que a pesar de implicar alguna o varias reingenierías de procesos, constituye uno de los más sólidos fundamentos de permanencia.

Otro elemento a considerar es la asesoría profesional, que si bien representa un gasto adicional, puede incorporar mejoras en la operación y estimular a los empresarios a cumplir con sus metas en tiempo. Hoy en día, las empresas requieren ser lo suficientemente flexibles para adaptarse a los cambios y satisfacer a sus clientes, pero al mismo tiempo y de igual importancia, deben mantener su control interno.

Al interior de las empresas existen oportunidades tanto de sobrevivencia como de éxito. Es necesario cambiar la conciencia organizacional de mecánica a orgánica, porque las personas son su mayor activo; por ello, un sistema de gestión que mejor motive y dirija a la gente puede convertirse en uno de sus activos más importantes con el que se pueden forjar ventajas competitivas sostenibles.

Asimismo, es importante iniciar el proceso de romper paradigmas, cambiar la combinación de mitos, simples teorías mercantilistas y analogías respecto de situaciones adversas. Tradicionalmente, las empresas han medido sus resultados de campañas, de reestructuraciones financieras o de impactos productivos de nuevos equipos, pero han dejado de lado la valuación de estrategias vinculadas al capital humano. Baste de ejemplo, reconocer que mientras se aprecia el porcentaje que representa el gasto de insumos, publicidad o financiero con relación a las ventas, se desconoce el valor de retorno al realizar cambios en los niveles gerenciales con personal existente.

Las empresas han tendido a pensar en la fuerza laboral como un rubro en el que es fácil recortar costos, en lugar de considerarla un activo que es necesario administrar para obtener mayor valor. Aún es incipiente la consideración de una cultura del capital humano, y se mantiene la creencia que siempre existe un cúmulo de personas buscando un lugar en la institución. Esto es un problema estructural, pues prácticamente ninguna área empresarial mide el peso estratégico de los temas relacionados con la fuerza laboral. Ejemplo de ello lo constituyen los incentivos que no consideran los procesos de trabajo y recompensan a los empleados exclusivamente por sus logros personales, aún cuando se sostenga que premian el trabajo en equipo.

Las empresas, desde las pequeñas hasta los grandes corporativos, saben que para los siguientes años, ante los profundos cambios desencadenados por la tecnología, la competencia global y las nuevas maneras de operar, se demandarán mejores talentos, con nuevas habilidades, y sin embargo, no han destinado áreas específicas que puedan cubrir con tales expectativas.

La mayor profesionalización de las empresas, que a su vez puede generarles viabilidad y sustentación estriba en atraer, desarrollar y retener a personas talentosas; en asegurar que la organización siempre responda a cuestiones trascendentes; en fortalecer la disciplina y el compromiso por el negocio; en respetar la jerarquía de los líderes y dar autonomía a los empleados y establecer sistemas que aseguren en forma consistente un alto desempeño, así como defender los valores centrales del negocio y vencer las resistencias.

En éstos y algunos sentidos más, las empresas pueden evitar los despidos y colaborar a que no se incremente el índice de desempleo. Sólo fortaleciendo el capital humano es posible vislumbrar una salida ante entornos adversos.

 

Ampliar
Ampliar

   www.liderempresarial.com