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José Luis Díaz Ramírez
luisdiazfoto@hotmail.com
Con la colaboración de Miguel Ángel de Alba
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Para Arturo Navarro Navarro, el objetivo de los partidos no es, ni debe ser jamás, ganar el poder, sino sólo un medio para hacer el bien común. “Los ciudadanos retirarán o refrendarán el apoyo a un partido, en función de lo satisfechos que se sientan por los resultados”, asegura.
¿Cuándo y en dónde nace?
El 29 de enero de 1970, en la ciudad de León, Guanajuato. Mis padres son José Guadalupe Navarro Gutiérrez y María Sara Navarro Mojica, ambos originarios de Arandas, Jal., quienes llegaron a León en busca de nuevas oportunidades de trabajo. Mi papá trabajó gran parte de su vida como empleado en una gasolinera y después puso una tienda de abarrotes, que le sirvió para dar a sus diez hijos lo mejor que tuvo a su alcance; luego puso una pequeña papelería y un negocio de tacos.

¿Donde estudió?
Hasta la preparatoria, en escuelas públicas. Cuando cursaba la preparatoria en el Centro de Estudios Tecnológicos 77 veía la posibilidad de estudiar alguna ingeniería en agronomía, porque sentía que tenía que aportar a la colectividad y consideraba que la agronomía podía ayudar a mejorar los cultivos. En esa época fue dando un giro, inconformándose por la situación global y comenzó a relacionarse con la política; fue entonces cuando decido estudiar derecho en la Universidad Del Bajío, ahora La Salle, aunque me inspiraba ir a la Universidad de Guanajuato. Me decidí por el horario, porque me permitía trabajar en Multibanco Comermex, de tres de la tarde a once de la noche, en el área de remesas.
¿Qué o quién le inculca esa preocupación social?
Tuve una vida bastante agradable, llena de amor, dentro de una familia unida. Mi padre, se daba tiempo para apoyar la campaña del Dr. López Sanabria, en 1976. Recuerdo haberle ayudado a repartir propaganda y era muy difícil para mí ver a tanta gente en situaciones precarias: ahí se comenzó a sembrar la semilla de que tenemos que visualizarnos dentro de un contexto social más allá de la familia y nació mi obligación de darme a los demás, porque en la medida en que nuestros vecinos estén mejor, nuestra familia lo estará.

Arturo tomando protesta como Secretario General del Congreso del Estado,
el 4 de diciembre de 2003
¿Le tocó picar piedra?
Sí, pero yo no entré al PAN pensando en que accederíamos al poder. En 1986-87, cuando empecé a participar en el Comité Juvenil, no lo hice pensando en la búsqueda del poder, pues aunque ya en 1985 el PAN había logrado la presidencia municipal de San Francisco del Rincón, teníamos que trabajar desde la oposición. El poder es un medio para hacer el bien común, y los ciudadanos retirarán o refrendarán el apoyo a un partido, en función de lo satisfechos que se sientan por los resultados. Dijo Manuel Gómez Morín, fundador del PAN, “La política, es el camino más amplio para la caridad…”
¿El poder corrompe?
Sí, a quienes no tienen principios. Por eso los partidos deben ser muy cautelosos a la hora de elegir a sus candidatos, y los ciudadanos deben ser muy cuidadosos acerca de a quiénes le dan ese poder. El poder es como un bate de béisbol: bien utilizado puede servir para jugar, para divertirse, para romper una piñata, pero en manos de una persona sin ética, puede ser un arma, matar personas. El poder público es eso, por lo cual hay que ver a quién se lo damos y estar vigilantes de la función pública.

Al lado del presidente de México, en 2006
¿Quién le inspira en la política?
Mi familia. No hago nada en el poder público que no pueda mostrar a mis hijas; esa es la medida de mis actuaciones en el ámbito público. Si no puedo comentar abiertamente lo que hago con mi esposa, Marcela Esqueda, y con mis hijas, Karol y Paula, entonces cuestiono si realmente es ético, más allá de lo legal, que lo doy por descontado.
¿Que otros estudios ha realizado?
Terminé la Licenciatura en Derecho en 1993; en 1998 estudié la Maestría en Administración Pública en la Universidad Complutense de Madrid; un posgrado en derecho administrativo en la Universidad de Salamanca, en España; un diplomado en asuntos electorales en la Universidad de Guanajuato; otro sobre derecho parlamentario y otros cursos sobre emprendedores, para conocer y entender su realidad.
¿Cómo llega a la Secretaría General del Congreso Estatal y a la Presidencia de la Comisión Estatal Electoral de su partido?
Creo tener más perfil para ser administrador público y me he preparado para aportar a las instituciones del estado y del país. Al terminar la carrera, ingresé al Jurídico del DIF León, con posterioridad, fui director de Atención Ciudadana en el gobierno del estado, cargo al que renuncié en 1988, y me fui a estudiar una maestría en Administración Pública en la Universidad Complutense de Madrid. He tomado algunos diplomados más, como Derecho Parlamentario, Derecho Administrativo, Derecho Electoral… Soy un convencido de que puedo aportar más dentro de la administración. Tomé la decisión de no buscar un cargo de elección popular, lo cual es un requisito para integrar una Comisión Electoral. El comité estatal envió cinco ternas a la Comisión Nacional de Elecciones, donde escogieron a cinco integrantes, conmigo a la cabeza. El pasado sábado 29 de noviembre asumimos el cargo y ahí estamos Juan Alcocer Flores, Rosario Vargas, Héctor Ortiz Polo y Katia Soto. El trabajo de esta comisión es importantísimo, a la vez que sencillo: es ser el árbitro. Y ya sabemos que el árbitro nunca queda bien con todos.

Con Vicente Fox el 29 de mayo de 1995, un día después de su elección como
gobernador del estado de Guanajuato
¿Quién lo marca como político?
Muchas personas. Leí a don Manuel Gómez Morín, fundador del PAN, estadista, rector de la UNAM, fundador del Banco de México; el otro, Manuel Clouthier, Maquío, un gran luchador social: escuchar sus mensajes, su compromiso. Pero hubo muchos más, como don Miguel Segura (†).
¿Cuáles son sus fortalezas?
La constancia. Sé que las cosas no se hacen de un día para otro, pero hay que meter velocidad para que las cosas sucedan, pero si uno no es consciente de las implicaciones del trabajo que realiza, puede desesperarse demasiado rápido. Un ejemplo son los cambios estructurales: acabaríamos frustrados si pensamos que vamos a acabar de un día para otro con el rezago educativo… aunque creo que pudiéramos hacer más. La constancia, la convicción, son los rasgos que me han caracterizado.
¿Qué le apasiona?
México, porque tenemos todo el potencial para ser un país desarrollado, y no sólo en lo económico; podríamos tener un país con seres humanos más felices por sus índices de calidad de vida.

En familia, acompañado por su esposa Marcela, sus hijas Karol y Paula
¿Te consideras líder?
Todos lo somos, para bien o para mal. Me considero un compañero, más que un líder. Si se entiende al líder típico como el orador que dice a la gente lo que quiere escuchar, no lo soy, pero me considero un buen administrador, un buen conductor de proyectos, que toma al ser humano como lo más importante.
¿Qué opina de los partidos políticos?
En el mundo el sistema menos malo que hay es la democracia partidista. Los partidos políticos son necesarios para la vida institucional, pero deben replantearse muchas cosas. El presidencialismo omnipotente, por fortuna, ha caído, pero corremos el riesgo –y para allá vamos- de caer en una partidocracia. Si los partidos no trabajan más cerca de la sociedad, corren el riesgo de que la ciudadanía los vea como un estorbo y eso traería como consecuencia el regreso del autoritarismo, de los caudillos. Venezuela es un ejemplo de ello.
¿Cree en la alternancia?
Creo en la democracia, y en el respeto a la decisión de los ciudadanos; creo en la reelección, como una medida para comprometer a los funcionarios a rendir cuentas, pero también en que deben fomentarse los mecanismos de participación ciudadana. Mucho tenemos que trabajar en varias reformas, esto a lo que tan pomposamente le han llamado la reforma del estado.
¿Cómo le gustaría ser recordado?
Como alguien que buscó sumar granitos de arena; que fue consciente de su tiempo, de la época que le tocó vivir y, además, la disfrutó.