ARTÍCULO DE PORTADA
De sangre joven
 

Milton Méndez
Revista Líder Empresarial

Con espíritu emprendedor, Walter Schadtler le da vida a las Agapitas durante la Feria Nacional de San Marcos 2009.

Apenas tiene 28 años de edad y su nombre ya es reconocido en Aguascalientes, sobre todo entre los dueños de bares. Walter Schadtler Contreras, oriundo de la Ciudad de México, es un joven emprendedor que sabe ubicarse en el ambiente donde se mueve, además de conocer su mercadotecnia personal. Para el propietario de Las Agapitas, un proyecto que nació durante la Feria Nacional de San Marcos 2006 a las faldas del Hotel Fiesta Americana, vivir en tierra hidrocálida ha representado un sinfín de oportunidades, sin dejar de lado que ha generado empleos para un importante número de personas desde que decidió radicar e invertir en esta ciudad.

Las Agapitas representa modernidad y compromiso, ya que es uno de los bares que opera más horas en la Feria de San Marcos; desde la terraza del lugar, se puede apreciar el andador principal y a lo lejos, la Plaza de Toros Monumental, además de que no para de escucharse el tradicional ritmo de la tambora.

Debido a que el tiempo promedio de vida de un bar es de un año solamente, Walter ha puesto gran énfasis en el servicio que brinda, ya sea a través de sus colaboradores o de la atención que él mismo se encarga de otorgar. ”No existe un secreto o una fórmula, todo depende de la química que exista con el cliente para que se cree un espacio propio”, señala Walter.

Bajo esta premisa, queda claro que nada debe faltar, pues la idea es hacer sentir en familia. Aunado a ello, y siguiendo los preceptos que le han dado éxito, a un cliente no le etiquetan por sus gustos, y es igualmente bienvenido el que toma cerveza o el que prefiere champagne… “Al cliente hay que hacerlo sentir cómodo, se le debe apapachar. Diariamente te encuentras con gente distinta que puede recomendarte en otros lados, y eso es muy importante para que sigas en boca de todos”. Asegurando que su experiencia con la gente es muy valiosa y que conoce a una gran cantidad de sus clientes –llamándoles incluso por su nombre-, da pasos seguros procurando el mejor servicio y atención.

Walter Schadtler, que vivió por más de dos décadas en Ciudad Satélite, Estado de México, también cuenta con dos establecimientos más que no operan en época ferial, el Prime (antes Schäta y La Celestina) y House (antes La Onza), ubicados en Avenida Luis Donaldo Colosio de la capital aguascalentense.

De padre alemán y madre mexicana, el empresario le tiene un cariño muy especial a Aguascalientes, a pesar de que no nació aquí. Desde los cuatro años de edad, visitaba a un hermano de su señora madre y disfrutaba las reuniones familiares en medio de la calma, alejado del bullicio de su lugar de origen. Años después, esto influyó en su decisión por abandonar la capital del país junto con su hermano Jürgen.

“Jürgen, de 31 años, es el máximo responsable de que yo esté en Aguascalientes, ha sido todo mi apoyo; es la parte sobria y yo soy la parte pasional. Hemos coincidido desde que quisimos poner un negocio cuando éramos niños”. Iniciado en el giro de los bares desde los 13 años de edad, se da cuenta de que en esa área, había oportunidad de crecer y prosperar… “Pues ya ganaba bien en una tardeada”, recuerda.

Walter considera que los logros obtenidos se deben a la educación metódica e independiente que recibió del lado paterno, así como cariñosa, servicial y afectuosa por la parte materna. Tampoco olvida su paso por el Centro de Investigación y Educación Superior (CIDE) donde estudió la carrera de Relaciones Internacionales, una parte esencial en su vida para atender y tratar bien a las personas.

Su primera experiencia dentro de la Feria de San Marcos la tuvo a la edad de 17 años, cuando trabajó como mesero. Al año siguiente tuvo un paso fugaz por esta ciudad para ayudarle a su hermano en un negocio de sushi al norte de la ciudad. Después, puso su primer negocio a los 19 años, un café en Satélite, donde vendió baguettes.

Aunque Walter Schadtler laboró para empresas como Daimler Chrysler y Colgate, siempre quiso ser independiente, apostando todo por Aguascalientes. Así, al lado de Jürgen, abrió un bar con escaso capital, llamado La Onza, que en poco tiempo pasó de ser un negocio pequeño a un sitio interesante entre los jóvenes aguascalentenses, debido a que cambió la metodología y temática de la ciudad con un concepto innovador y fresco.

Pero no se conformaron los hermanos con tal proyecto, pues el objetivo era tener un bar en la Feria de San Marcos, y fue así como iniciaron Las Agapitas en 2006… “Todo resultó excelente en la Feria, sobrevivimos sin patrocinios”, comenta Walter.

El dueño del bar Prime reconoce que no existe un dogma para el negocio de los bares, sino que, más bien, se aprende en la praxis al relacionarse, conocer la música, entender al cliente, y ver lo que hay detrás de cada persona, cierto de que, para ser emprendedor, se debe empezar desde abajo.

Otra de las pasiones de Schadtler Contreras es la política, y sus aspiraciones van más allá de formar parte de un partido. Anhela una política nueva: tolerante y comprensible, alejada de las frases de campaña que manejan algunos partidos, distante de la política popular y dentro de un estado de derecho, con la firme convicción de salir y dar la cara a la gente, por lo que le interesaría aportar a una ciudad como Aguascalientes, buscando una diputación… “Aguascalientes está sufriendo una metamorfosis. Quiero acercarme al PRI en Aguascalientes, para ser diputado local en 2010. Conozco a los jóvenes, a los empresarios y a los políticos”, explica con efusividad.

El grupo de negocios que encabeza Walter busca expandirse a otras ciudades del país, aunque su proyecto actual más importante es reactivar el centro histórico de Aguascalientes con bares y restaurantes, para aprovechar la visita de los habitantes de la ciudad, así como del turismo nacional y extranjero. Aunque la idea aún no se ha platicado con las autoridades locales, ya existen sobre papel los elementos necesarios para ver el sueño cristalizado a corto plazo.

Así Walter Schadtler Contreras, aguascalentense por convicción y emprendedor por vocación, constituye en su giro de negocio una promesa para el sector empresarial, con una visión amplia y progresista.

La logística de Las Agapitas

Se necesitan siete días para montar Las Agapitas. Toda la estructura es de acero, además de teja. Sólo cuatro personas contratadas se encargan del armado.

Todos los lugares en la feria ya están montados. La magia de Agapitas es que sólo existe en esa temporada. Las Agapitas es de Aguascalientes y no se piensa llevar a ningún otro lado.

Quienes administran el Hotel Fiesta Americana Aguascalientes han confiado en el proyecto de Las Agapitas y en su propietario. Hay un contrato por cuatro años más para que el lugar siga ensamblando su estructura en el hotel durante la temporada de feria.

Marcas como Casa Domecq, Bacardí, Corona, Herdez, Red Bull y Coca-Cola se mantienen como patrocinadores de Las Agapitas, año con año.

SCHACON Corporativo, empresa hermana de Las Agapitas, se ha encargado del diseño del lugar, así como de la organización de los eventos que ahí se llevan a cabo.

Lo que le recomienda Walter Schadtler a los jóvenes:

  • No excederse en el consumo de alcohol.
  • Divertirse sanamente.
  • No consumir drogas.

La leyenda de Las Agapitas

Walter Schadtler quiso darle el nombre de Las Agapitas a su bar en la Feria Nacional de San Marcos, luego de haber escuchado una leyenda de Aguascalientes. Aquí explicada de forma sucinta:

En el siglo XVII, el mesón de Las Agapitas se encontraba en la calle del Reloj, ahora calle Juárez, en el que atendían dos señoras, madre e hija de ese mismo nombre, haciendo otras labores los tres hijos de doña Agapita, José, Antonio y Salvador. Las Agapitas tenía fama de ser muy limpio, y de que la dueña se esmeraba en servir buena comida a precios módicos. Pero a pesar de que nunca faltaban los huéspedes, la señora tenía dificultades para vivir con cierto decoro. En una ocasión, llegó al mesón un anciano; era alto, muy moreno, de pelo rizado, cano, nariz chata y pómulos pronunciados, es decir, con rasgos propios de la raza negra y pidió una habitación para él.

Doña Agapita lo vio con cierto temor, era difícil que un hombre con esas características anduviera por la región pero a su insistencia, le aceptó. Pidió a su hijo José le arriara el asno al corral, y ella le señaló su aposento. Por la vestimenta, parecía un trabajador del campo: llevaba varias bolsas de mecate, rollos de papeles y una talega de cuero con una correa que le cruzaba el pecho.

Así pasaron los meses, y “El Silencioso", como le apodaron al hombre, era el mejor huésped. No reclamaba nada y semanalmente pagaba con monedas de oro, lo que le daba gran alegría a doña Agapita y a la vez, temor. Un día, El Silencioso no bajó a desayunar, lo que preocupó a la dueña del mesón, quien le pidió a José, su hijo, fuera a ver qué pasaba con el hombre. José lo fue a buscar a su cuarto, encontrándolo gravemente enfermo.

Después de una noche complicada, en la que su muerte estaba cerca, casi habiendo perdido el conocimiento tuvo un momento de lucidez, y le dijo a José que iba referirle su historia haciéndolo depositario tanto de su secreto, como de los bienes materiales que tenía a su cuidado.

Le dijo que desde muy joven sirvió a una familia de españoles que vivían en Zacatecas. El señor González, su patrón, se había hecho muy rico gracias a las minas que trabajó en esa ciudad, amasando una gran fortuna. La ilusión de aquel hombre era regresar a su país y vivir disfrutando del dinero que había logrado hacer en la Nueva España. Pero no fue así. Repentinamente falleció su esposa, quedándole sólo un hijo como única familia, que había mandado a estudiar a España.

Fue así como el rico español regresó al viejo continente, mas al no poder llevarse consigo todo el dinero, escondió el resto de oro y plata en El Cerro de los Gallos para que lo cuidara “El Silencioso”, que casi desfallecido, le dijo a José que pasaron muchos años y el señor González nunca volvió; así, sólo tomó parte de la fortuna escondida para sobrevivir, llegando enfermo al mesón de Las Agapitas.

El negro, del que nunca se supo el nombre, entregó al hijo mayor de doña Agapita, su burro y pocas pertenencias. Ese día, antes de la media noche falleció el fiel mozo haciéndosele posteriormente un decoroso entierro, pues había dejado muchas monedas de oro en su talega. José estaba inquieto, a nadie habló del secreto de El Silencioso; por la noche se pasaba estudiando el plano que le dejó, y recordaba palabra por palabra de lo que le había dicho, pero no se atrevía a ir a investigar en dónde estaba escondido aquel dinero; decidiéndose días después, encontró el tesoro y usó parte de esa riqueza para llevarla a Las Agapitas, que se transformó en un mejor sitio.

Esto marcó un cambio total en la vida de la familia, pero un día que José se encontraba con muchas copas de licor, platicó a sus hermanos, Antonio y Salvador, el gran secreto del negro, del que él había sido depositario. En los hermanos se despertó la ambición y, al verlo embriagado, le obligaron a decir toda la verdad, robaron el plano, dispusieron una recua de mulas y tomaron para el Cerro de los Gallos.

Jamás se volvió a saber de Antonio y Salvador. José, cuenta la leyenda, perdió sus facultades mentales, Doña Agapita y su hija desaparecieron, aunque muchos dijeron que huyeron a Guadalajara, otros que a Zacatecas y a la capital.