LÍDERES DEL MAÑANA
Tiempo de crisis, tiempo de oportunidad
 

Osvaldo Cuadro Moreno
Escritor y Consultor Empresarial
osvaldo@homini.com.ar

En toda publicación de negocios, el tema de hoy es crisis. Incertidumbre, caída, salvataje, depresión o inflación o deflación. Cuando se habla de crisis, todo el mundo se asusta, pensando que se habla de desastre. La palabra crisis es de origen griego. Ella significa: cambio; es lo que llamamos punto de inflexión, en un gráfico. Curiosamente, esto mismo significa en el idioma mandarín, de China. Y es que realmente este es el significado no sólo de la palabra, sino de los hechos.

Llama la atención que en tiempo de crisis, mientras algunos quiebran, otros se enriquecen aceleradamente.

Nos viene a la memoria, entre otros, el caso de Honda. Este joven tenía la pretensión de fabricar motos y tal vez autos. Pero eso fue durante la postguerra, cuando en Japón sólo salían a la calle los autos oficiales, mientras los otros pocos que quedaban permanecían en los garajes porque la gasolina les era prohibitiva por el precio y porque además no había dinero para pagarla. Toda la gente se movía en bicicleta, grandes y chicos, ricos y pobres.

A este muchacho se le ocurrió comenzar a experimentar un motorcito de muy reducido costo, con bajísimo consumo de combustible y, además, con un combustible muy barato, una mezcla ideada por él; logró hacerlo y colocó ese motorcito en una bicicleta. Muy pronto, como es de imaginar, todas las bicicletas de Japón se movían con el motorcito de Honda. Además, eso mismo pasó a otros países. Y así despegó esa gran empresa.

Este caso nos pone ante dos consecuencias claras:

Por una parte: la importancia de partir de las necesidades reales de la gente y no de los propios proyectos. Postergar los proyectos propios en homenaje a esas necesidades. Rechazar la terca insistencia en lo que se viene produciendo o planeando desde tiempo atrás.

Por otra parte: reconocer lo decisivo de la creatividad y de la inventiva, de la iniciativa; en otras palabras, reconocer lo decisivo de la personalidad del empresario, del liderazgo empresarial, distinguir administrar de liderar. En un camino difícil es la capacidad de volver la hoja del plano, de girar el volante.

Estos dos puntos son básicos y están entrelazados. Tienen que ver, además, con cierta dosis de audacia y también de creatividad. No temer a cambios. Ponerse en la cresta de la ola antes de que la ola atropelle y tire todo.

Aquí, como tantas otras veces, el que piensa gana. Es decir, el que medita, el que contempla la realidad, el que se mantiene cuerdo en medio de la tormenta.

Hay quienes se desilusionan y lloran. Mientras otros prosperan.

Como vemos, son todas capacidades empresariales que no se aprenden en las universidades.

Y aquí cabe señalar, partiendo de Honda, una particularidad del empresario de hoy. Anteriormente se decía en todas partes, empezando por la universidad, que el objetivo de un empresario era ganar dinero. Por supuesto, hoy se sigue con el objetivo de ganar dinero. Pero también es fundamental enfocarse a un bien social, a beneficiar a la sociedad con su producto o servicios. Pues si sólo el empresario gana y no la gente, aquél termina matando la gallina de los huevos de oro.

De modo que: por un lado, procurar que toda la clientela comprando el producto o servicio, compre también algo de bienestar físico y espiritual. Y que, además, la propia gente, la que lucha con uno, mejore en sus finanzas y en su vida personal. Es algo decisivo para el éxito.

Tengamos presente que partir de la necesidad, de la necesidad real, y no de la necesidad fabricada, eso es respeto por la gente, amor a la gente. Y la gente inevitablemente responderá. Y además llegará a sentirse orgullosa de ayudarte a progresar, empresario de hoy. ¿Cómo? Adquiriendo tus productos y publicitándolos espontáneamente.

Aparte de lo dicho hasta aquí, deberíamos recordar lo que ya hoy es un axioma: la empresa no vale tanto por sus activos, sino por su gente. Es misión empresarial identificar los talentos que existen en la empresa, escucharlos y darles cierta libertad; ser muy controladores es un signo de debilidad de gestión. A esta misión debemos sumar otra: extraer lo máximo posible de las capacidades, atender al desarrollo de la personalidad empresarial de nuestra gente.

Sería interesante que les escucháramos opiniones sobre la predicción del futuro estado de nuestros  negocios (por ejemplo, las ventas de la empresa dentro de cinco años). También solicitar a los miembros del panel que expresen sus mejores conjeturas. Por lo general, suele aparecer una concurrencia marcada de ideas y, más tarde, se puede demostrar que son muy probables.

Así que, tal vez, tengamos la solución en nuestra propia casa.