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Juan Enrique Sandoval
Socio Director Skillsa S.C.
juan.sandoval@skillsa.com
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La creatividad en momentos en que la situación
económica y los nuevos retos del entorno exigen
nuevas soluciones a todo tipo de problemas, puede
ser un arma de doble filo. Tal vez usted se pregunte: ¿Creatividad
para qué? y puede que tenga razón,
si es de los que piensan en que ahora más
que nunca hay que “jugar a lo seguro”.
La creatividad puede servir para encontrar nuevas
formas de ahorrar costos, para llegar a nuevos clientes,
para diseñar nuevos productos o funciones
nuevas para productos viejos. Sin embargo, hay empresas
que no nacieron para ser creativas, pues es muy fácil
caer en la trampa de innovar por innovar. A continuación
le presento los siete métodos más seguros
para detener la innovación vergonzosa.
1. Contar sólo con expertos
Vale más contar con personas que sepan lo
que están haciendo, que invitar a jovencitos
con visión fresca que pueden poner en riesgo
los menguantes activos de la empresa. Generalmente
en su empresa usted debe asegurarse de que la gente
que lleva más de 20 o 30 años en el
negocio siga brindando el valor que da la experiencia,
bloqueando efectivamente las aportaciones de jóvenes
capacitados que se integran más recientemente
al mercado laboral.
Pensar que los empleados más jóvenes
son aptos para generar nuevas ideas de negocio es
casi una blasfemia. Recuerde: Ellos hacen y usted
piensa. Así deben ser las cosas ¿no?
Si, claro. Usted y los “expertos” son
quienes nos llevaron a esta situación, pero
tengamos confianza en que esas mismas ideas nos saquen
del atolladero. Después de todo, ¿qué puede
saber un muchacho rebelde recién salido de
la universidad donde estudió las más
novedosas tendencias de gestión, producción
y comercialización?
2. Siempre buscar un culpable
Cuando
en su empresa alguien comete un error, usted debe
asegurarse de que los culpables reciban su merecido.
Y si se trató a que alguien tuvo
una nueva idea que falló, o bien, demasiado
iniciativa en mejorar un proceso o un servicio,
con mayor razón debe aplicar las sanciones
y dejar en evidencia a los culpables.
Nótese que no estoy hablando de “responsables”,
sino de “culpables”. El juego de echarse
la culpa unos a otros en el interior de la empresa,
aunado a sanciones inmediatas y desproporcionadas,
le permitirá a usted tener la confianza de
que nadie tendrá otra vez ideas novedosas
que fracasan. Mucho menos premiar las ideas realmente
buenas.
Tal vez en un futuro estará bloqueando algunas
iniciativas acertadas pues la gente estará temerosa
de innovar, pero también habrá bloqueado
las iniciativas peligrosas, y eso siempre es mejor. ¿O
no?
3. Instalar una burocracia creativa
Otra
de las formas de impedir que los empleados se extralimiten
en su creatividad, pero sin que se den cuenta, es
instalar lo que llamamos una “Estructura
de Creatividad”, lo que en sí mismo
es una paradoja. La creatividad por definición
no es muy estructurada. Pero nadie lo notará y
creerán que usted y su empresa apoyan la
creatividad. Establezca límites, ponga procesos,
instale comités para controlar las nocivas
ideas innovadoras.
Por ejemplo, si algún empleado tiene una
nueva idea de reducción de costos, no permita
que la implemente. Mejor que la ponga por escrito
en un formato especial y se la entregue al superior,
quien la canalizará en la siguiente reunión
del CILENCIO (Comité de Innovación
Laboral Empresarial Necesario para la Calidad Integral
de la Organización). Ahí, la propuesta
será analizada, platicada, valorada y con
suerte, archivada en el olvido.
4. Tener creatividad de arriba hacia abajo
Debe
haber un orden en el grado de innovación
que tiene una organización. Establezca que
en su empresa las ideas las debe tener primero el
dueño o el consejo de administración.
Después, y sólo si lo han consultado
con los superiores, los gerentes podrán darse
el lujo de tener una o dos ideas creativas al año.
De ahí para abajo, nadie debe tener el privilegio
de ponerse a pensar. Se les contrata para trabajar, ¿no?
Esta medida tal vez no funcione por decreto, aunque
sí servirá para que los empleados de
la base y la trinchera no anden por ahí expresando
sus opiniones sobre el desempeño de los procesos
en la organización.
5. No escuchar a los clientes
Si
los empleados no deben darse el lujo de pensar por
sí mismos, mucho menos los clientes.
Puede que ellos compren, usen y vivan con nuestro
producto o servicio, pero ello no les da derecho
a que nos importunen con ideas de cómo deberían
ser nuestros procesos, métodos, o funciones.
De hecho, probablemente los Clientes sean los menos
capacitados para proponer ideas sobre lo que les
gustaría que tuvieran nuestros productos.
Si supieran tanto, ¿no nos estarían
comprando a nosotros, verdad?
6. No llevar un registro
Pero si
pese a todo, no puedes evitarlo... y la gente sale
con sus ideas, por lo menos no permita que lleven
un registro de tales innovaciones. Aún
en el caso de las ideas más revolucionarias,
sabemos que si nadie las apunta, nadie las llevará a
cabo. Por eso los sistemas de registro (puede ser
una simple libretita y un bolígrafo) no
deben estar disponibles para los técnicos,
obreros o empleados. No les mate la creatividad,
simplemente ignore las buenas ideas y verá como
poco a poco van desapareciendo de la mente de sus
trabajadores.
7. No les deje tiempo libre
Podríamos
incluso decir que si un empleado tiene tiempo para
generar nuevas ideas, es que no tiene suficiente
carga de trabajo. Normalmente la gente piensa mejor
en sus momentos de ocio, por lo que puede estar seguro
de que las personas más
creativas en su empresa son las que menos trabajo
tienen.
De modo que, el día que llegue Rodríguez
a platicarle sobre su nueva idea de añadir
funciones a su producto más vendido en el
semestre, no le diga que no. Simplemente, limítese
a preguntarle a Rodríguez por sus otras actividades
cotidianas, o encárguele algún “proyecto
especial” como hacer un comparativo entre los
flujos de efectivo de esta semana, contrastado con
la semana del 6 de noviembre de 1998. Así,
Rodríguez irá aprendiendo en su subconsciente
que cada vez que tiene una idea, aumenta su carga
de trabajo. Usted verá como disminuirán
las visitas de Rodríguez a su despacho.
La creatividad en fin, es un valor necesario en
las empresas, pero también es un valor arriesgado,
por lo que si usted se asegura de que los creativos
son sólo unos cuantos elegidos, reducirá también
el riesgo de las ideas peligrosas. Claro, también
las ideas genuinamente buenas se quedarán
atoradas y eventualmente sus clientes y competidores
lo sacarán a usted del mercado. Pero entonces
yo le diré que, al haber escrito este artículo,
le advertí al final que no me hiciera caso.