SECCIÓN ESPECIAL - UNIVERSIDAD PANAMERICANA
La mediación... ¿Privatización de la justicia?
 

Dos palabras están dominando el ámbito jurídico: el arbitraje y la mediación. Es frecuente que las personas pregunten si esto supone la privatización de la justicia y la respuesta es que es la siguiente generación en medios para resolver los conflictos. Es decir, conforme el comercio Internacional se ha hecho más intenso -comunicaciones, apertura comercial, nuevas políticas arancelarias, globalización, etc.- han surgido, como parte del proceso, los inevitables conflictos, tanto en el cumplimiento de lo convenido -precio, calidad, tiempo- como en la interpretación de las normas que rigen los contratos internacionales. Recuérdese que los sistemas legales de los países anglosajones son muy distintitos a los de tradición latina y más aún los derechos exóticos de África, Asia y el Oriente medio, lo cual supone un problema siempre presente, pero que no es compatible con los requerimientos del comercio moderno.

Es por ello que la ONU, a través la OMC y otras dependencias ha fomentado el UNIDROIT (derecho único) que estandariza los formatos para el comercio internacional y, en paralelo, desde mediados del siglo pasado, se han creado algunos centros mundiales de arbitraje en los que los expertos en comercio internacional –algunos abogados, otros expertos ex ejecutivos de grandes corporaciones-, brindan sus servicios como árbitros en asuntos concretos a cambio del pago de honorarios que resultan más económicos que lo que supondría un juicio convencional que, con todas sus instancias, nunca dura menos de tres años con el costo financiero que ello supone y son siempre rápidos, confidenciales, justos e inapelables de acuerdo  al convenio internacional en la materia del cual son parte la mayoría de los principales países del mundo, México incluido, lo cual es garantía de definitividad, agilidad y equidad para las partes.

Casi no existe un negocio importante o transacción internacional que no prevea el uso de los formatos del UNIDROIT y que no prevea la designación de árbitro para el caso de cualquier diferendo. Esto ha traído como consecuencia la agilidad de los procesos, la imparcialidad, la prácticamente nula corrupción, y en suma, la plena satisfacción de las partes, que de otra forma, tendrían que elegir en qué país ventilar sus diferencias, bajo qué formas hacerlo y someterse al sistema judicial convencional.

Por fortuna México cuenta ya con un centro mexicano de arbitraje y cada vez es más frecuente que se recurra al arbitraje como un medio moderno, seguro y eficaz para resolver los conflictos sin necesidad de largas demoras o problemas de corrupción, ineficiencia o imparcialidad. ¿Se privatiza la justicia? Yo diría que se adecua a las necesidades específicas como parte de un proceso de evolución y de adaptación del derecho contemporáneo a las necesidades sociales de nuestro mundo.

Existen materias, como el derecho familiar o los juicios penales, en los que por el interés social que revisten se ha prohibido en nuestro sistema legal la intervención de árbitros, pero, a cambio, cada vez hay mayor conciencia de que temas como el divorcio, la adopción, o las sucesiones testamentarias, resultan demasiado importantes para no ofrecerles  alguna solución alternativa en la resolución del conflicto. Es por ello que ha ido creciendo la práctica de la mediación que tiene por objeto el logro de posturas conciliadas entre las partes en litigio más que definiciones de quien tiene o no el derecho, porque, tristemente en un divorcio convencional, por ejemplo, los abogados buscan –por formación o por sistema- la aniquilación del contrario, en un proceso de controversia y oposición que resulta muy lastimero cuando los que ganan o pierden son los hijos del matrimonio o la propia pareja.

Por ello, los mediadores familiares –hay institutos de mediación que han nacido desde los poderes judiciales y hay institutos de mediación privados-, frente a una desavenencia irreparable, buscan que la separación de los cónyuges no se traduzca, necesariamente, en algo traumático para los hijos y para los cónyuges, quienes son orientados para buscar posturas conciliadas que supongan la ausencia de ganadores y perdedores a favor de lo equitativo y menos dañino. La mediación es una cultura de paz, de conciliación, de entendimiento, de búsqueda de soluciones alternativas que resulten orientadas hacia el beneficio común y no a la aniquilación de los contrarios.

En los estados en los que se practica la mediación familiar, se ha tenido un gran éxito porque la misma ha contribuido a resolver problemas inevitables con un enfoque constructivo y benéfico para las partes, puesto que la mediación es multidisciplinaria, intervienen en ella abogados, psicólogos, trabajadores sociales, expertos en negociación, etc., toda una gama de profesionales que buscan distender las situaciones potencialmente destructivas.

Lamentablemente todos conocemos alguna historia de crisis familiar que ha terminado en un proceso judicial en el que los abogados enconan y polarizan posiciones hasta separar irreconciliablemente a las parejas, convirtiendo el disenso en odio, la diferencia en antagonismo y, muchas veces, pauperizando la economía familiar o lesionando psíquicamente a los hijos, dañando su conducta para siempre.

La mediación, es un proceso inscrito en la lógica de ser más civilizados, menos agresivos, más justos en las inevitables desavenencias del ser humano en sociedad.

En la medida que los empresarios apoyen a los centros de arbitraje y mediación, estarán contribuyendo, de modo tangible y efectivo a mejorar su entorno comunitario y a influir de manera positiva en los procesos sociales de distensión y aumento en la calidad de vida de sus empleados y de ellos los mismos. En Aguascalientes el Instituto de Atención a la Familia, y su centro de mediación, nacido en la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana, requieren el apoyo comprometido de empresarios con visión humanista.