LÍDERES DEL MAÑANA
Entre señales y avisos
 

Manuel Villalpando Villalpando
Director General de Technoconsulting
manuel_villalpando@v2technoconsulting.com

A través de los años,  he visto cómo el ambiente competitivo en el deporte, presenta interesantes paralelismos con los retos a los que nos enfrentamos en el ámbito empresarial.  De esta manera, a continuación procuro dar forma a algunas reflexiones acerca de cómo el deporte nos puede brindar lecciones útiles para el quehacer directivo y empresarial:

  1. Preparación: La preparación es fundamental, y, considero que debe ser llevada de forma perenne.  La mente y el cuerpo requieren una dosis continua y bien administrada de estímulo, con la finalidad de crecer progresivamente y equiparnos con mayores herramientas para hacer frente a los retos a los que se enfrenta un empresario.

  2. Fundamentos: Se deben practicar principios técnicos fundamentales que sirvan como pilares para nuestra competitividad. Dichos principios podrán ser distribuidos o compartidos entre distintos miembros del equipo empresarial, pero es importante contar con ellos y perfeccionarlos: liderazgo, misión, productos/servicios de calidad y claramente definidos, aspectos legales, sistemas (de información, operación, administración, etc.), mecanismos de comunicación y financieros.

  3. Estrategia: Es posible contar con una estrategia simple, pero si es entendida y abrazada por los miembros del equipo, existe un esfuerzo colaborativo que llevará al equipo a trabajar conjuntamente, con dirección y con tendencia ascendente al realizar las correcciones pertinentes a lo largo del camino.

  4. Talento y compromiso: Al lograr una conjunción de ambos aspectos en los miembros del equipo,  es posible gozar de continuidad y conjunción sinérgica de habilidades. Al faltar alguno de los dos elementos,  tanto el equipo como la empresa sufren.

  5. Entendimiento y aceptación de roles: Pocas circunstancias desequilibran más a un equipo que un entendimiento nebuloso de los roles, o bien, son claros, pero no aceptados. Es función del líder empresarial coadyuvar en la identificación de los roles de los miembros del equipo y, orquestar el mejor uso de los talentos para el óptimo desempeño de los roles.

  6. Dar, para recibir: Este es uno de los puntos más difíciles de implementar quizá. A veces observamos equipos con elementos muy talentosos pero, no existe intercambio de opiniones, colaboración o delegación de tareas. Cada elemento pone primero sus intereses y su agenda y  aunque pueden existir “victorias” individuales aparentes, la empresa pierde como un todo.  

  7. Aprendizaje desde la banca: A nadie le gusta pasar tiempo en la “banca”, pero es posible aprender también estando en ella. En el ámbito laboral puede equivaler  a tener un puesto inferior al deseado o, en el mundo empresarial que nuestra empresa aún esté empezando y los clientes importantes aún meditan si “darnos juego” o no. Debemos pensar que es una etapa de transición, de aprendizaje y tener la visión en las metas de mejora para el corto, mediano y largo plazo. No olvidemos que la “suerte” es una combinación de preparación, trabajo y oportunidad.

  8. Juego limpio: Las tácticas sucias pueden dar resultados de corto plazo pero, al final del día, el “éxito” será efímero, además,  minan la confianza y credibilidad de los equipos que se valen de ellas. Se puede ser intensamente competitivo sin violentar las reglas establecidas para la convivencia deportiva y empresarial. 

  9. Aprender de la derrota: La vida empresarial es uno de los maestros más duros, en el sentido de que primero te “castiga” y después te enseña la lección.  Sin embargo, estar abiertos a analizar las áreas de oportunidad y las enseñanzas brindadas por la derrota es una característica esencial para lograr crecer y fortalecer a un equipo.

  10. Tiempo fuera: A menudo nos dejamos llevar por la inercia, llevamos un ritmo frenético sin preguntarnos si estamos siendo eficaces. Podemos tomarnos al menos unos minutos de reflexión, a manera de “tiempo fuera”, para evaluar resultados y la eficacia de  la estrategia implantada. Lo importante no es evitar equivocarse, sino saber cuándo corregir, y podemos detectar formas de corregir mediante  “tiempos fuera”  bien administrados y aprovechados.

  11. Críticar en privado, alabar en público: Pocas acciones bajan la moral de un equipo más que cuando un líder hace ver los defectos de una persona o de su desempeño en público; por otro lado, es motivador cuando el líder reconoce públicamente los logros de las personas. En el deporte, el entrenador puede tomar al jugador por un instante del brazo y decirle discretamente lo que debe mejorar; en la empresa, sostener una reunión privada con el miembro del equipo. La apertura del individuo será mayor y la posibilidad de tener una respuesta positiva ante la indicación será más probable. Recordemos que el rol del líder es dirigir e incidir en la voluntad de los individuos, para que ellos comulguen - pero por convencimiento propio -  con el rumbo deseado para la empresa.

  12. Ansiedad por el resultado: Cuando competimos, el talento, facultades, preparación, etc. de los equipos contrincantes son factores extrínsecos a nuestro control directo, así pues, aunque es importante conocer estos aspectos de nuestros competidores para tener información para la toma de decisiones y fijación de estrategias, cuando hablamos del tema de control, debemos centrarnos en ejercerlo sobre aquellos factores que sí podemos controlar y mejorar directamente, es decir: nuestra preparación, mentalidad, estrategia, procesos, hábitos, y trabajo colaborativo. Si ponemos esto en práctica, la ansiedad por el resultado de una competencia (por un mercado, por un cliente, etc.) disminuye, siempre y cuando haya existido un esfuerzo sincero, enfocado y por explotar al máximo nuestras capacidades. ¿Competir para ganar? Por supuesto, siempre. ¿Permitir que la ansiedad por ganar nos domine al desear controlar factores externos a nuestro dominio?  Cuidado con eso.

  13. Sentido de satisfacción al competir: El hacer empresa presenta altibajos, momentos de frustración y alegría, manejo del riesgo e incertidumbre. Sin embargo, con todas las implicaciones que esto conlleva, al final del día debemos sentir satisfacción por la actividad realizada, de lo contrario los momentos de dificultad pesarán más sobre nuestros hombros.

  14. No perder el piso: A veces pequeños momentos de éxito pueden nublar la razón; conviene hacer revisiones periódicas y poner las cosas en perspectiva; curiosamente la derrota tiene una forma “sutil” y elegante de regresarnos de la nube. 

  15. El que se enoja, pierde: Libros completos se han escrito sobre el tema de la inteligencia emocional. Daniel Goleman destaca que la inteligencia emocional  es el principal factor involucrado en la eficacia de un líder en el entorno empresarial, aportando mayor valor a la sociedad en el proceso, y, siendo mejor remunerado como consecuencia natural. Es frustrante ver cómo una persona con gran talento tiene complejo de “estrella” y, en momentos de frustración, su desempeño se deteriora, daña la colaboración con miembros del equipo y sabotea el rendimiento de la empresa. Es mejor alternativa contar con elementos con talento medio pero comprometidos y emocionalmente inteligentes.

  16. Prevenir las “lesiones”: En ocasiones existen medidas tomadas en forma extemporánea, o, el cúmulo de  omisiones (ya sea conscientes o inconscientes) nos detonan en la cara, manifestándose como “lesiones” en flujo de efectivo, cobranza, ventas, mercadotecnia, producción, desarrollo, etc.  Un equipo bien conformado puede evitar que esto suceda, o bien, si sucede, ayuda a “sanar” el problema en forma expedita.

  17. “Buen juego”: Al final de la “jornada competitiva”, si respetamos a nuestros contrincantes y reconocemos que indirectamente nos ayudan a identificar áreas de oportunidad y debilidades para ser mejores, podemos continuar con el aprendizaje y crecimiento empresarial.

  18. Crecerse ante la adversidad: La presión y la adversidad templan el carácter y son estímulos valiosos para forjar a los equipos en las empresas. La adversidad se puede aceptar de mejor manera al reconocer que puede extraer lo mejor de nosotros,  haciéndonos más sabios y fuertes en el proceso.

  19. El esfuerzo suple muchos errores: No equivocarse es imposible, pero si estamos alertas y nos esforzamos, podemos corregir los errores a tiempo o bien, avisar a los afectados y trabajar conjuntamente para resolverlos. 

  20. Hacer, poseer más volumen: Quizá han oído la frase “Lo que haces suena tan fuerte, que no puedo escuchar lo que dices”. Es fácil decir, “¡echémosle ganas!”, “¡vamos con todo!”, etc., pero sin las acciones que respalden las palabras, el equipo pierde credibilidad, motivación perdurable, y,  frecuentemente,  mercado.

  21. Al final... situar las cosas en perspectiva: La empresa es asunto serio, porque el bienestar y el trabajo de muchas personas pueden están de por medio, sin embargo, considero que el tomar lecciones de otros campos del quehacer humano (como el deportivo en esta reflexión), nos pueden dar una perspectiva distinta para poder llevar a cabo nuestras actividades  empresariales con éxito. 

Hagamos un esfuerzo intenso y auténtico por competir éticamente y,  ¡que gane el mejor!