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Martín Orozco Sandoval
Asesor de administraciones municipales
martinorozco25@yahoo.com.mx
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Estamos siendo testigos de cómo la crisis financiera internacional ha venido contagiando a los diferentes mercados, incluido el mexicano, que se han visto envueltos en una fuerte turbulencia y que amenaza con tornarse en crisis.
Como comentábamos en la ocasión anterior, el entorno externo favorable es cosa del pasado y la realidad experimentada hace apenas unas semanas en que no se podía realizar una estimación puntual del impacto económico y su repercusión en los distintos ámbitos comienza a delinear posibles escenarios. En ese contexto, hemos visto también cómo la autoridad emitió diversas disposiciones para enfrentar la situación.
Entre otras, las medidas han sido el incremento al financiamiento previsto con organismos financieros multilaterales para el gobierno federal en 2008 y 2009 en alrededor de 5 MMD; subastas ordinarias diarias de 400 MD de dólares; subastas extraordinarias de dólares de montos y fechas indefinidas; facilidades de liquidez en pesos de Banxico a todo el sistema bancario; recompra de hasta 40 MMP de bonos gubernamentales de largo plazo; reducción de la emisión de instrumentos a largo plazo del gobierno federal para las subastas restantes del cuarto trimestre del año y su sustitución por títulos de corto plazo; la reducción en los montos semanales de colocación de instrumentos del IPAB. Además, se inició a través del Banco de México un programa de recompras de instrumentos emitidos por el IPAB hasta por 150 MMP; se estableció un mecanismo de intercambio (swaps) de tasas de interés a través del Banco de México hasta por un monto de 50 MMP; se establece una facilidad temporal para permitir que las instituciones financieras puedan proveer liquidez a las sociedades de inversión pertenecientes al mismo grupo financiero; Nafinsa y Bancomext otorgarán garantías parciales a empresas emisoras de deuda pública (empresas no financieras e intermediarios financieros no bancarios) con plazo hasta 180 días, hasta por 50 por ciento de la emisión: el programa cuenta con 50 MMP.
Como puede observarse, el menú, siendo amplio, se centra en medidas que están ligadas a la oferta de dólares, así como otras ligadas a disminuir las tasas de interés de largo plazo, buscando normalizar las de plazo corto y apoyar a las empresas en su emisión de deuda.
¿Qué puede esperarse de tales disposiciones? Con las reservas de la circunstancia, que el entorno financiero global y por tanto el nacional mejoren paulatinamente en los próximos meses, con lo que podría verse una gradual apreciación cambiaria respecto a sus niveles actuales cercanos a 13 pesos por dólar, así como una disminución del riesgo país y de las tasas de interés tanto de corto como de largo plazo.
De hecho, el conjunto de los precios de los activos financieros que disminuyó su precio fue lo que provocó que el riesgo crediticio del país en dólares, medido por la diferencia entre precio de compra y de venta de los bonos de deuda del gobierno (pread) y la paridad, alcanzaran niveles record de varios años. El nivel de riesgo-país llegó alcanzar más de 600 puntos base (pb) equivalente a 6 por ciento, lo que no se había observado desde 1999, aunque ya ahora se ubica en menos de 400 pb. Esta última cifra expresa un nivel de percepción de riesgo similar a los alcanzados por el país a principios de la década.
Sin embargo, ¿cuánto de esa mayor o menor percepción de riesgo se debe a mejoras en los países y cuánto a una avidez de los inversionistas internacionales? En realidad responde a una combinación de ambos fenómenos que ponen a prueba la parte referente a la fortaleza relativa de países como México, y aunque si bien muchas de las variables financieras, como es el caso del riesgo país, mejorarán en los siguientes meses, es improbable que lleguen a los niveles anteriores a la crisis internacional porque los factores externos con que se contaba habrán desaparecido y porque la propia turbulencia financiera y posible recesión habrá debilitado la fortaleza de algunos de los elementos fundamentales de la economía.
¿Qué podemos esperar para los primeros meses del próximo año? Las perspectivas productivas en México seguirán ensombrecidas. La debilidad de la economía mundial y sobretodo norteamericana, se observa difícil que pueda ser compensada por el mercado interno. Las razones que sostienen esta argumentación son que la actividad económica durante 2008 no tuvo un destacado desempeño; que la política anticíclica implantada por el gobierno federal no contará con los recursos extraordinarios ligados al petróleo como había venido sucediendo en años pasados.
El plan de emergencia anunciado por el gobierno se basa en dos elementos centrales de las políticas públicas, la política fiscal y la política monetaria. Respecto a la fiscal, el gobierno presentó un programa de impulso fiscal, que fue aprobado posteriormente en el marco de la Ley de ingreso y el presupuesto para el 2009.
El programa consiste en aumentar el gasto público en 0.8% del PIB en el 2009 a costa de aumentar el déficit público en la misma proporción, pasando éste de un -2% del PIB planeado previamente a un -2.8% ahora (Vs -1.8% en el 2008). Por su parte, el banco central tendrá que decidir si mantiene su tasa de interés de corto plazo en sus niveles actuales, o comienza, como parecería conveniente, un ciclo bajista de tasas. Aunque la inflación es elevada, la fuerte desaceleración de la economía mexicana puede compensar las presiones inflacionarias ligadas a la depreciación del peso; adicionalmente, la caída en los precios de los commodities también conllevaría menores presiones inflacionarias en el 2009 y sobre todo, en el 2010, que es cuando Banxico ha señalado que busca que la inflación converja hacia el 3% anual.
Con todo, es innegable que la economía ha entrado en un significativo proceso de desaceleración. En el ámbito de la industria, desde hace algunos meses la construcción ha sufrido caídas en su producción y, más recientemente, la manufactura se encuentra con avances cercanos a cero. De hecho, por primera vez en muchos años, el indicador aproximado del PIB mensual (IGAE) ya ha sufrido una baja anual en agosto, (0.3% anual). Como lo muestran los indicadores de demanda, la desaceleración de las exportaciones se mantiene hace varios meses, mientras que el consumo sufrió la desaceleración a partir del segundo trimestre de este año. Por su parte, la inversión aunque presentó un avance transitorio, también se ha desacelerado, lo mismo que el empleo.
En resumen, la caída de los precios de los energéticos, así como de la mayoría de los commodities, sumados a la perspectiva de una economía mundial débil, en particular la estadounidense, mercado al cual todavía se dirige un elevado porcentaje de nuestras exportaciones, incidirá también en una reducción de las exportaciones, pero también de nuestras importaciones dado el elevado contenido de insumos de nuestros productos de exportación. Por consiguiente, cabe esperar una desaceleración del comercio externo de nuestro país, tanto por el lado de las compras como por el de las ventas externas.
Sin duda alguna, el entorno internacional y el nacional estarán determinando la circunstancia local en la que habremos de caminar el siguiente año. Es justo por ello que tendremos que ir más allá de directrices tradicionales, y no sólo de políticas públicas. Es precisamente ante estas circunstancias que causas comunes marcan la diferencia. Sólo con la participación conjunta se alcanzan las sinergias necesarias. Son momentos de hacer propia nuestra causa común: Aguascalientes.