HABLEMOS DE NEGOCIOS Y COMPETITIVIDAD

De Estados Unidos de Norteamérica a México
 

Martín Orozco Sandoval
Asesor de administraciones municipales
martinorozco25@yahoo.com.mx

Lo que parecía un problema local, rápidamente adquirió dimensiones globales y aún no hay indicios de que el apremio haya terminado, ni tampoco se puede cuantificar con certeza el total de los quebrantos que pueda provocar. Su inicio se vincula a problemas en el sector inmobiliario de Estado Unidos, pero hoy se ha convertido en desajustes de todo el sector financiero extraterritorial.

Acercándonos al término del presente año, cabe reflexionar en ello a fin de esclarecer el entorno general que pueda predominar en el siguiente, y que impactará a todos los sectores de cada uno de los estados de México.

El desplome del sector inmobiliario que en un principio no se había traducido en algún ajuste en México en cuanto a la producción industrial y el empleo, ya lo empieza a hacer: la industria manufacturera ha decrecido en comparación anual en los últimos cuatro meses y el empleo no agrícola prácticamente no creció en el mismo lapso.

Por ahora, la incertidumbre sobre la fuerza de la recuperación de EUA continúa dominando, si bien el consumo en aquel país ha recibido un impulso reciente por el regreso de impuestos a las familias los incrementos en el precio de energéticos, así como condiciones crediticias más adversas continuarán mermando la capacidad de compra de las familias estadounidenses.

Dada la estrecha vinculación de México con Estados Unidos, la moderación industrial en aquel país ha implicado menor demanda por productos mexicanos particularmente en ramas distintas a la automotriz con elevada participación, como la fabricación de equipo de computación y accesorios electrónicos, así como productos metálicos, entre otros.

Pero en realidad, no sólo ha sido efecto de los últimos acontecimientos en el país vecino; de hecho, desde finales de 2007 y particularmente en el primer semestre de este año, las cotizaciones internacionales en precios de alimentos —principalmente granos y pecuarios—, así como de energéticos, registraron alzas muy importantes en sus cotizaciones; estos incrementos que han tenido su origen tanto en factores relacionados con el abasto como con el clima implicaron presiones de demanda importantes, que alertaron y mantienen una gran incertidumbre tanto en inflación como en el crecimiento económico.

Para el caso de México, con datos de agosto, la industria ha presentado decrementos en variación anual en cinco de los últimos seis meses y su crecimiento anual medio de enero a agosto fue de 0.6%, contra el 1.6% en los mismos meses del año pasado. Más al interior, con información también del mes citado, las manufacturas, que aportan cerca del 60% de la industria (y 18% del PIB) se contrajeron 2% anual, muy por debajo del también exiguo crecimiento de 1.6% del mismo periodo del año anterior. Es de destacar que cerca de la mitad de las 21 ramas de la manufactura presentaron disminución en su tasa de crecimiento anual, y es previsible que esta industria se vea afectada en mayor medida en los siguientes meses al estar estrechamente vinculada con el ciclo industrial en Estados Unidos.

¿Qué primera lectura podemos hacer de este fenómeno? Asumiendo a los mercados financieros como la gota que derrama el vaso, nos colocamos sin duda frente a un momento de cambio necesario del sistema financiero, y la manera en que se gestione la situación actual resultará clave. Conseguir un punto de inflexión, haciendo ganar confianza a los agentes en el mercado se convierte en un objetivo primordial. El papel de las autoridades económicas deberá ir orientado a conseguirlo. Afortunadamente las previsiones tomadas, en buena medida apuntan en esta dirección.

Es esperanzador ver la reacción reciente de las autoridades de México. En términos económicos, los peores escenarios todavía se pueden evitar si los planes ya aprobados se implementan bien y con oportunidad. Recuperar la confianza de los agentes es la condición de corto plazo, necesaria para avanzar hacia una resolución eficiente de la crisis financiera global. Creo que se va por buen camino, aunque no se solucionen los problemas con la rapidez deseada y se abran problemas e inquietudes regulatorias y de competencia, que deberán de ser atendidos también.

La incertidumbre que existe en este momento sobre cómo funcionará la economía de Estados Unidos en los próximos meses es muy grande. La realidad es que en este momento no hay manera de hacer una estimación adecuada. En unas semanas, cuando vayan aclarándose y estabilizándose los mercados, cuando se aprecie la respuesta que dará la Reserva Federal, se tendrán más y mejores elementos para evaluar.

Entretanto, puede advertirse que las principales tensiones que sufrirá la administración mexicana en materia económica vendrán de la menor aportación monetaria que harán los migrantes mexicanos a sus familias vía remesas, de la volatilidad en el precio del petróleo, la crisis de liquidez del mercado mundial y la propia recesión de Estados Unidos.

En consecuencia de ello, los principales factores que podrían obstruir el ritmo de la economía en los próximos meses son la debilidad de los mercados externos y de la economía mundial, la inestabilidad financiera internacional, la falta de avances en las reformas estructurales pendientes, las presiones inflacionarias y los problemas de inseguridad pública.

Otros factores, considerados fuertes catalizadores o motores de crecimiento de la economía mexicana son las exportaciones no-petroleras y la inversión fija bruta.

Aunque una primera visión tradicional es observar a México como uno de los mercados más vulnerables a la crisis financiera surgida en Estados Unidos, por ser el país que mayor exportaciones orienta a esa economía y por ser una de las economías más abiertas de América Latina, en estos momentos, en medio de la tormenta no es adecuado hacer pronósticos, lo prudente es esperar a vislumbrar la primeros signos de estabilidad en los mercados financieros.

Ejemplo de ello ha sido que al mismo tiempo que el déficit de la cuenta corriente va en aumento, la futura disponibilidad de las principales fuentes del superávit de la cuenta de capital es incierta. Durante el primer semestre de este año, México registró un superávit de la cuenta de capital de US$ 10,200 millones. La inversión extranjera directa (IED) y la inversión de cartera ascendieron a US$ 10,500  millones y US$ 8,300 millones, respectivamente. La crisis del sector financiero no ha propiciado que las empresas modifiquen sus planes de IED aunque, si estas previeran una reducción significativa y prolongada de la demanda, tendrían que reevaluar sus planes de IED.

La inversión de cartera es mucho más volátil. De persistir el “vuelo hacia la seguridad” de los últimos días, será más difícil atraer la inversión de cartera a México. Durante el primer semestre de este año, la inversión de cartera (US$ 8,300 millones) constituyó una aportación importante al superávit de la cuenta de capital de US$ 10,200 millones.

Sin duda, el entorno externo favorable es cosa del pasado. Ahora más que nunca aumentar la tasa de crecimiento sustentable a largo plazo de México implica superar los obstáculos para mejorar la competitividad.

Este reto se encuentra en manos de los propios mexicanos.