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Joaquín Guerra Achem
Director General ITESM, Campus Aguascalientes
joaquin.guerra@itesm.mx
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Frecuentemente me encuentro con algunos dueños de empresas o directivos de las mismas a los cuales les pregunto por qué no invierten en el desarrollo educativo de su gente. La típica respuesta “porque es un gasto”, nunca lo ven como una inversión. Pero lo más grave es que no quieren capacitar a su gente porque luego van a pedir un mejor sueldo, porque van a pedir un ascenso, o porque se van a ir a trabajar a otra empresa que les pague mejor. Qué tristeza me da escuchar a estos empresarios o directivos con una mentalidad pequeña o más bien, subdesarrollada.
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Considero que un elemento muy importante para que nuestra sociedad se desarrolle en la economía del conocimiento es que sus empresas, sus organizaciones en general, inviertan en su gente para educarla, capacitarla y desarrollarla más. No es posible ser protagonista en la economía del conocimiento si no se tiene un mayor desarrollo educativo en las personas; que nos quede claro: la economía del conocimiento la genera las personas. Los ciudadanos de nuestra sociedad son los que hacen del conocimiento la palanca del desarrollo y para que los ciudadanos apliquen y generen conocimiento se requiere que tengan mayores niveles de educación, pero de una educación de calidad, con estándares internacionales. Las organizaciones deben de invertir en la educación de todas las personas, a todos los niveles incluyendo en su planeación un plan de desarrollo de su recurso humano. Los presupuestos de las empresas deben siempre tener partidas de educación, capacitación, investigación y desarrollo, entre otras.
Ahora bien, un pequeño empresario podrá argumentar que su tamaño no le permite, o no le justifica invertir en educación. Grave error. Es precisamente esa mentalidad la que no permite que los pequeños, entre otras razones, no crezcan o no sobrevivan en un mercado cada vez más competitivo y global. Los pequeños siempre serán pequeños si mantienen una mentalidad de pequeños. Los grandes son grandes por la grandeza de sus pensamientos. Hoy por cierto, nos encontramos empresarios que dicen: “Yo nunca me eduqué y soy exitoso, por lo tanto no necesito más educación, ni siquiera desarrollar a mis empleados”. Grave error también, pues la economía global se los está comiendo. Esos empresarios están en vías de extinción, afortunadamente para la economía del conocimiento, desafortunadamente para nuestra sociedad, pues sus lugares los están ocupando en general empresas extranjeras, que sí han comprendido la importancia de invertir en su gente. Por ejemplo, antes era común tener tiendas de abarrotes o farmacias en las esquinas de nuestras calles. Hoy existen las grandes cadenas de supermercados, tiendas de conveniencia o farmacias, todas con una gran capacidad y talento humano para aplicar el conocimiento en su beneficio. Vuelvo a insistir, los grandes están ahí porque han invertido en conocimiento.
En una economía global y del conocimiento, la compañía grande se come a la pequeña, porque tiene más personas capaces, con mayores conocimientos, con sistemas que los aplican para resolver problemas. La riqueza y tamaño de las empresas es consecuencia en gran parte del nivel educativo de sus personas. Si como empresa quiero sobrevivir y crecer en este entorno actual y futuro, necesito educar a mi gente.
De acuerdo a la OCDE, en un documento del 2006… “La falta de crecimiento en productividad puede relacionarse justo con restricciones regulatorias relevantes, falta de competencia en algunos terrenos, y baja calidad del capital humano y físico”. “En economías en las que la innovación y los avances tecnológicos apuntan a un mejor desempeño y el crecimiento de la productividad, el nivel educativo y, lo que es más, las habilidades de los individuos, son fundamentales”1 Este mismo documento recomienda que para verdaderamente mejorar la productividad de un país o empresa, es necesario mejorar el capital humano, a través de la capacitación de la fuerza laboral y el mejoramiento de todas sus habilidades básicas.
Un estudio realizado por la empresa IBM en el 2005, en el cual se encuestaron a 300 ejecutivos de recursos humanos en todo el mundo, tuvo un resultado muy contundente para demostrar que el desarrollo de las personas en una empresa, es verdaderamente una inversión. Las empresas en que el 80% o más de sus gerentes está inmerso en un programa de desarrollo, tienen una rentabilidad casi tres veces mayor a las empresas en que 60% o menos de sus gerentes está capacitando.2 Qué resultado tan más rotundo, para hacernos ver que es necesario de una vez por todas convencernos de que tenemos que invertir recursos para desarrollar nuestra gente. ¿Cuánto invertir? Si su empresa actualmente no lo hace recomiendo empezar por fijar metas progresivas. Es decir, empiece a destinar un porcentaje de sus ingresos anuales al desarrollo de su personal. Una meta inicial puede ser el 1% y tratar de aumentarla gradualmente hasta llegar al orden del 3% o 4%. Inténtelo, haga la prueba, estoy seguro que cosechará los resultados: tendrá un recurso humano de mayor calidad, con mayor motivación, pero sobretodo, tendrá un talento humano capaz de llevar a su organización a enfrentar mejor sus retos actuales y futuros.
Al final como consecuencia de esto, la utilidad de la empresa crecerá. Hágalo en todos los niveles, y desarrolle a todas las personas de su organización.
1) Políticas Públicas para un Mejor Desempeño Económico EXPERIENCIAS DEL MUNDO PARA EL DESARROLLO, MÉXICO 10 AÑOS EN LA OCDE”. (www.oecd.org/dataoecd/32/31/36577222.pdf )
2) The Global Human Capital Study, 2005.