HABLEMOS DE NEGOCIOS Y COMPETITIVIDAD
El empresario, la delegación y el ocio
 

Salvador Rodríguez Aldrete
Director General de Asesores Patrimoniales CAS del Bajío, S.C.
srodriguez@sryamex.com

Los empresarios, por naturaleza, somos personas independientes a las que nos disgusta sujetarnos a una agenda que no sea la propia, la que nosotros marcamos. Normalmente, para que la empresa sobreviva el empresario se exige a sí mismo un enfoque absoluto en ella. El viejo refrán “el que tenga tienda, que la atienda” es regla de vida para quien quiere una empresa exitosa.

Cuando uno es empleado, acuerda con el patrón un determinado número de días de asueto vacacional que pueden ser, desde los que norma la Ley Federal del Trabajo hasta varias semanas según las prestaciones que ofrezca el patrón. De hecho, existe una prima vacacional que se supone nos sirve para salir de vacaciones a algún sitio que esté de acuerdo con nuestros gustos y nuestra posición económica pero lo que es común a todos los empleados, es el derecho a las vacaciones. ¿Y para el dueño?

Aún más, cuando un empleado se va de vacaciones, es costumbre el decir “moléstenlo solo si es indispensable” pero cuando el patrón sale, se hace uso de toda la tecnología: celulares, Blackberry, computadora, PDA y en el último caso un anticuado fax.

¿Es esto sano? ¿Es una condición para ser empresario? Como dicen los norteamericanos, ¿va con el territorio?

No lo creo así y de hecho, considero que no apreciar el valor del ocio y su contribución a la productividad y la competitividad de la empresa es uno de los vicios mas acendrados en la cultura empresarial mexicana. Por supuesto que no aplica al cien por ciento de los empresarios en México. Somos muchos los que tomamos nuestras vacaciones con frecuencia, quizá demasiada, sin embargo, existe un porcentaje significativo, me atrevo a decir que mayoritario, que toma poco tiempo de esparcimiento y cuando lo hace no disfruta verdaderamente de él, por mantenerse en continuo contacto con su oficina.

¿A qué se debe esta práctica? Pienso que el primer problema consiste en no entender que el ocio, como tal, no significa no hacer nada sino hacer algo distinto a lo de todos los días. Fernando Savater, el filósofo español en su libro “Los diez mandamientos en el siglo XXI” dice: “Una persona culta aprovecha los momentos de descanso para desarrollar lo que lleva dentro. Por supuesto que puede utilizar cosas externas, por ejemplo libros o discos, pero es él quien pone el valor agregado en el ocio. Utiliza sus conocimientos, memoria y sensibilidad para generar algo distinto al trabajo diario”.

Salir de nuestro entorno diario nos da grandes beneficios. Permite interactuar con nuestra familia, pareja, hijos y otros, de una manera distinta. Nos da la oportunidad de conocer nuevos lugares y ver cómo se hacen las cosas de forma diferente. ¿Cuántas veces hemos tomado ideas acerca del servicio al cliente de un buen hotel o un buen restaurante? Nos da tiempo para cultivarnos, para leer, para escuchar música, para admirar la naturaleza, para apreciar la grandeza del Ser Supremo en otra dimensión. Entonces, ¿Por qué somos tan renuentes a tener tiempo de ocio? ¿Por qué nos da pena decir: “Me voy de vacaciones”?

El tema tiene muchas aristas. Como líderes empresariales, creemos que poner el ejemplo a nuestros colaboradores es hacerles ver que, “El negocio lo es todo para mí por eso siempre estoy en contacto con el”.  Yo creo que las verdaderas razones están en otro lado y parten de nuestra incapacidad para delegar correctamente y dar autoridad a los nuestros con el riesgo de que se equivoquen.

Para poder tener tiempo libre es necesario contar con colaboradores que tomen las decisiones que normalmente tomamos nosotros y que sean capaces de evaluar cuando algo es tan importante que no hay otro remedio que llamarnos. Esto requiere de madurez de ellos pero sobre todo de madurez de nosotros. Se delega a quien se le ha preparado para decidir y actuar en consecuencia, es decir, a quien se le ha educado para tomar las decisiones que nosotros tomaríamos y ojalá, algunas mejores. Cuando se delega se acepta que el delegado cometerá errores, de la misma forma que nosotros los cometemos y que no por ello lo vamos a castigar o disminuir nuestra apreciación de él. El único que no se equivoca es el que no actúa.

En las organizaciones globales existe el concepto de “acting”. El que actúa cuando yo no estoy. En el gobierno se conoce como “el encargado de despacho”, con toda la autoridad y la responsabilidad del titular del despacho. ¿Y en las pequeñas y medianas empresas?

¿Qué podemos hacer para tener nuestro tiempo libre? Todas las organizaciones son diferentes pero hay algunas recomendaciones de carácter general. Por ejemplo, en todas existen uno o varios ejecutivos que han destacado y a los que consideramos nuestros reemplazos naturales. A ellos se les puede nombrar “acting” cuando nosotros salimos a algún viaje corto de trabajo y pedirles que solo nos llamen si es muy necesario. Así podremos ver la calidad de sus decisiones y discutirlas con ellos para orientarlos en lo que nosotros consideramos correcto. De hecho, debemos de iniciar pidiéndoles que nos den una recomendación cuando se requiera decidir algo y si no estamos de acuerdo con su respuesta explicarles nuestras razones.

Una vez que ya identificamos a quién es necesario preparar adecuadamente podemos iniciar dándole autoridad durante nuestras salidas cortas, pidiéndole que se comunique con nosotros un par de veces al día, soltándolo poco a poco. El ejemplo más gráfico es un niño aprendiendo a andar en bicicleta: Primero con rueditas, después con el instructor deteniéndolo al arrancar y luego solo, hasta que el problema se convierte en controlarlo para que no se vaya demasiado lejos.

¿Y si no tenemos a nadie en la organización? Pues entonces existe un problema mayor. Si no hay alguien que nos pueda reemplazar por unos pocos días nuestra organización tiene una vida exactamente igual en duración a la nuestra. La preocupación es ciertamente mayúscula. Necesitamos hacer un examen de conciencia rápido y honesto y ponernos a hacer “staffing”de inmediato.

Lo que no es aceptable es convertirnos en esclavos del trabajo. Acudo una vez más a Savater quien continúa la cita anterior diciendo: “Por estas razones se debe tomar en cuenta que no solo hay que educar para desarrollar un oficio o una profesión. También hay que educar para el ocio, y conseguir una capacidad creativa que nos evite vivir esos momentos sólo en el despilfarro y el consumo, como hacen los prisioneros de su propia incultura”.

Hasta el próximo número de Líder Empresarial.