OPINIÓN
¿Cómo debe reconfigurarse el nuevo empresario?
 

Martín Orozco Sandoval
Asesor de administraciones municipales
martinorozco25@yahoo.com.mx

A partir de la experiencia como presidente municipal, las realidades vividas fueron nuevas y diversas; entre otras tantas se encuentra, que una parte esencial del deber como alcalde es lograr que el ambiente de vida de los habitantes tenga las condiciones mínimas que dignifiquen, pero también se encuentra que toda la gama de programas sociales existentes no tienen fondo, y siempre resultan insuficientes para subsanar las necesidades de algunos sectores de la población.

Con relación a la mejora del entorno, uno de los aspectos que determinan la viabilidad del proyecto económico en cualquiera de los niveles de gobierno, es la promoción de la vocación empresarial, pero del mismo modo,  ante el creciente apremio por ser más competitivo, el mejor empresario es quien se levanta por sobre la masa de la mediocridad y hace las cosas correctas.

En este último aspecto, vale la pena hacer una pausa. ¿Cómo debe reconfigurarse el nuevo empresario? ¿Qué es bueno para las empresas? ¿Qué factores participan en esta la dinámica productiva?

Mi actividad pública vivida también en este aspecto delinea algunas respuestas. Muchas veces se tiende a ver al funcionario público, o al empleado en el caso de la empresa, como un medio para la consecución de ciertas metas. La realidad muestra justamente lo contrario, pues es la institución pública, o la empresa, el medio para la realización de las metas del funcionario, o del empresario y el empleado. Ninguna persona es jamás medio, siempre es fin.

El buen funcionario, o empresario, es quien se planta frente a las iniquidades y con fortaleza trabaja por el completo y buen desarrollo de sí y de los hombres con los que se relaciona. El reto para las organizaciones y las empresas, en un entorno que exige cada vez un mejor desempeño, es el logro de niveles superiores de competitividad.

¿Cómo se enfrenta la nueva dinámica? Desafortunadamente vivimos bajo un sistema -político, social, cultural- que aún transita no por los méritos o las mejores capacidades, sino por las relaciones sociales; parece que las responsabilidades –públicas o privadas- se otorgan no por el profesionalismo sino respondiendo a recompensas; el grado académico sigue estando en ocasiones por debajo, incluso, del apellido.

Otra barrera son los muros educativos en contra de lo novedoso y de la competencia que obstaculizan la movilidad creativa. Es una educación que favorece la apatía y no el desarrollo de habilidades para resolver problemas. Aún no se asume a la educación como un factor de movilidad a través del mayor conocimiento y la innovación.

En todo ello, los gobiernos, la sociedad civil organizada, los empresarios deberíamos actuar en nombre del interés público para favorecer ciudadanos dinámicos, emprendedores, educados, competitivos. La meta debe ser un sistema económico que permita realmente la movilidad social.

Es necesario romper paradigmas y transmitir las señales correctas desde el ámbito de nuestra competencia. Es ineludible cambiar la cultura de trascendencia en la sociedad; en las instituciones educativas, lo imperioso es revisar la pertinencia de sus programas educativos, su calidad educativa y las capacidades prácticas de sus egresados; en las empresas y organizaciones, es necesario la búsqueda constante de mejores niveles de competitividad, a través de la profesionalización de su gestión y de su estructura; a los gobiernos, ser verdaderos promotores y facilitadores del desempeño de las empresas en un entorno con menos barreras y más incentivos, convertirse en mejores atrayentes de la inversión nacional y extranjera que potencie las posibilidades de empleo, capacitación y culturización.

Si bien los retos y desafíos de esta nueva dinámica han planteado procesos muchas veces repetitivos, algunos otros mejorados, invariablemente conllevan relaciones múltiples que deben hacerse convergentes.

En mi experiencia, ser un gobierno eficaz y eficiente representó más que cumplir los fines que la sociedad encomienda. Conllevó ser más democrático; cerrar, o al menos estrechar la brecha de los desequilibrios sociales; incorporar mejores fórmulas de organización gubernamental; impulsar la participación ciudadana en los asuntos públicos; combatir la corrupción, propiciar la transparencia y el control de los ciudadanos sobre el poder público, entre otras tantas cosas.

Y sobre estas nuevas realidades, sigo creyendo que lo más importante es orientarnos a la construcción de un municipio, de un estado o de un país con desarrollo humanista, que justo por ello, sea más competitivo, participativo en los asuntos de su comunidad y con una visión más allá de su entorno local.

En Aguascalientes hemos alcanzado grandes fortalezas en muchos aspectos, pero todavía hay que vencer inercias persistentes que nos retrasan.