HABLEMOS DE NEGOCIOS Y COMPETITIVIDAD
La competitividad de Aguascalientes
 

Salvador Rodríguez Aldrete
Director de Asesores Patrimoniales CAS del Bajío, S.C.
srodriguez@sat-ags.com

Cuando hablamos de la competitividad de un país o de una región pensamos en muchos factores: en términos generales se dice que una región es competitiva cuando ofrece al capital lo que éste considera FACTORES RELEVANTES para su toma de decisiones sobre dónde invertir.

Por ejemplo, Irlanda, un país que no hace muchos años era de los más pobres de Europa, ha crecido a tasas impresionantes posicionándose en la mente de los inversionistas “Como una localidad altamente eficiente para que las empresas multinacionales sirvan al mercado europeo”. Dicho posicionamiento está soportado mediante su trabajo para reforzar los elementos relevantes para los negocios como sigue:

  • Educación de calidad para generar una fuerza laboral de alta competencia a costos atractivos.
  • Enfoque en la infraestructura de comunicaciones creando una plataforma eficiente para servir al resto de Europa.
  • Una agencia de promoción de inversiones altamente eficiente y efectiva.
  • Cuidadosa selección de los candidatos a invertir basándose en la contribución al potencial de crecimiento del país.

Estos factores que para Irlanda han sido claves, no necesariamente son exactamente los mismos en otras regiones del mundo. En el caso de China, por ejemplo, se comparte la pasión por la educación y la disponibilidad de mano de obra competitiva pero se agrega el tamaño del mercado interno y el potencial de crecimiento. Para Singapur, el factor más relevante, aparte de la calidad de su gente es su legislación fiscal. Para la zona de la bahía en California, el atractivo es, con mucho, la disponibilidad de talento y proveedores innovadores.  

En nuestro caso, como país, gozamos de una posición privilegiada por ser frontera con los Estados Unidos y tenemos los tratados de Libre Comercio. Además, el mercado interno, a pesar de su flojo crecimiento, es de magnitud significativa. La clase media ha crecido en número y poder de compra y tenemos una población joven y dependiendo de la región, preparada. Luego entonces, ¿Por qué no atraemos mayor inversión?

Es desagradable hacer un análisis partiendo de los puntos negativos pero desafortunadamente, es la forma más realista de hacerlo. A continuación, listo y explico brevemente lo que considero los factores que inhiben un mayor crecimiento de nuestro país,  particularizando en el caso de Aguascalientes cuando ello aplique.

Inseguridad física

El primer escollo que los potenciales inversionistas enfrentan es el nivel de inseguridad en nuestro territorio. Cuando uno recibe ciudadanos de otros países que nos visitan pensando en invertir y al transportarlos nos encontramos con un retén militar o combinado que nos baja del vehículo en medio del desierto (sin dejar de reconocer la invaluable labor del ejército), la pregunta es ¿por qué necesitamos estos retenes? o cuando ven en CNN que durante marzo hubo 378 ejecuciones derivadas del narcotráfico o quieren ir a la frontera y el agente aduanal no los puede atender porque está secuestrado, la intención de invertir se debilita mucho.

En el caso particular de Aguascalientes, la seguridad era uno de nuestros activos clave. Desafortunadamente ya no lo es. Sufrimos ejecuciones, secuestros, levantones, llamadas de extorsión, etc. y la respuesta de las autoridades es, en mi opinión, altamente pasiva: “Estamos mucho mejor que otros lugares”,  “Llamadas como esa tenemos diez al día”, “Es un pleito entre las mafias”. El caso es que la inseguridad crece y no parece ser que se pueda frenar. Las instituciones encargadas de ella no tienen éxito y el ejército tiene que entrar al rescate con todos los riesgos que ello implica.

Inseguridad legal

La inversión demanda ante todo seguridad legal incluyendo el aspecto fiscal, pero en este país reinventamos las reglas a cada rato. Llámese IETU, Impuesto al Activo, legislación aduanal o cualquier otro tema que tenga que ver con la viabilidad de largo plazo, el inversionista desea estabilidad. Entendemos que se requieren cambios pero no podemos vivir en una situación de indefinición. Por otro lado, cuando escuchamos al mesías (con minúscula) de Macuspana despotricando en contra de una hipotética privatización de PEMEX si se llegara a cometer el pecado de que la paraestatal co invirtiera con particulares, (cuando en Cuba, con paradigma del comunismo trasnochado, ya lo hacen), no nos queda más que preguntarnos ¿en qué país y en qué época vivimos?

Corrupción

El tema de la corrupción se asocia generalmente con los tres niveles de gobierno y ciertamente ellos no están exentos. Sin embargo, el sector privado también es actor y víctima de ella. Es imposible una economía competitiva cuando el jefe de tráfico recibe mil pesos por cada contenedor del transportista o un porcentaje de cada trámite aduanal que se efectúa por cuenta de su empresa. Cuando un proveedor honesto y competitivo no puede acceder al contrato porque “no se mocha” y peor aún, cuando los directivos o dueños no se enteran porque viven sobreprotegidos en su oficina del penthouse. Por supuesto, existe también el problema de colusión entre empresarios y funcionarios que se tapan los unos a los otros con el fin de sacar ventajas de los programas oficiales o de las oportunidades laborales o abusar de la información privilegiada.

Carencia de cadenas industriales

Uno de los atractivos mayores de un cluster exitoso es la existencia de las cadenas de proveedores de bienes y servicios con calidad y costo competitivo mundialmente. Algunas regiones de nuestro país han destacado en estas cadenas como la zona de Monterrey, Saltillo, Toluca o Chihuahua. Con tristeza veo que en nuestra región, a pesar de tener un gigante como Nissan, no somos capaces de crear una cadena del sector automotriz que vaya desde el nivel 1 (tier 1) hasta el nivel 4 (tier 4).

Recursos capacitados y a costo competitivo

El costo de nuestros recursos humanos en los niveles bajo y medio es muy competitivo. La dificultad viene con sus competencias. Si bien tenemos una gran cantidad de graduados universitarios muchos lo son de disciplinas suaves y no de las ingenierías y ciencias que se requieren en los negocios. Por otra parte, el costo a nivel ejecutivo es comparable al norteamericano o al canadiense dada la gran disparidad entre los niveles medios y los ejecutivos de alto nivel.

Podría seguir analizando otros factores que inhiben la competitividad pero los cinco que enumero arriba  hacen, en mi opinión más del 80 por ciento del problema. Entonces, ¿qué podemos hacer para eliminar estos inhibidores?

Como en todos los problemas complejos, la solución no es sencilla y mucho menos única. Indudablemente se requieren acciones de toda la sociedad, cambios en la legislación, educación desde la cuna y muchas otras cosas que serían tema de uno o varios libros. No obstante, deseo presentar a ti, amigo lector, una propuesta que considero, ayudará a nuestra sociedad a disminuir los perniciosos efectos que nos hacen perder cada día competitividad. Se trata simplemente de ejercer nuestro derecho a DENUNCIAR.

¿Denunciar qué? Denunciar todo aquello que no se apegue a las leyes, desde tirar basura en la calle hasta el narco menudeo. Denunciar la colusión entre funcionarios y particulares, empleados y proveedores, empresarios y gobernantes. Denunciar a las universidades patito que venden falsas promesas. Denunciar a los empresarios incompetentes que no quieren arriesgar. Denunciar a los gobernantes que establecen planes y no los cumplen. Exigir que lo que compramos se nos dé al 100%, sea producto o servicio privado o servicio público, educación, diversión o cualquier otro.

Por supuesto, mi propuesta asume que cuando denunciamos tenemos los elementos para hacerlo. Como se dice coloquialmente, “Con los pelos de la burra en la mano”. No se vale el calumniar sin bases. Esto también debe de ser objeto de denuncia.

Sin duda, denunciando no resolveremos todos los problemas pero es un buen inicio. Las sociedades maduras tienen la cultura de la exigencia y la denuncia. Si el empresario, gobernante o el simple ciudadano mete la pata, paga por ello. No hay ocultamientos ni favores. Y créanme, viven mucho más felices.