DE INTERÉS
Los viajes ilustran
 

Salvador Rodríguez Aldrete
Director General de Asesores Patrimoniales CAS del Bajío, S.C.
srodriguez@sryamex.com

Dice la sabiduría popular: “los viajes ilustran” Cuanta verdad hay en ello.

Escribo esta colaboración en mi regreso de un viaje de tres semanas por España, Francia e Italia. Como mis lectores han apreciado, durante los últimos meses he escrito frecuentemente sobre mis observaciones al viajar por Asia y en particular por China, sin duda alguna la región que hoy día es la mas dinámica del mundo. Sin embargo, y considerando que ya hacía algunos años que no visitaba Europa, decidí pasarme unas vacaciones como turista por los tres países que arriba menciono. Regresé a lo clásico: los museos, las ruinas arqueológicas, los centros históricos, etc. No obstante el objetivo primario, no es posible para el observador no apreciar todo lo demás, particularmente el desarrollo económico, incluyendo infraestructura y actividad económica y el desarrollo del conocimiento. Son estos dos temas los que me ocuparán en la colaboración que ustedes leen.

Inicio por España, el hijo modelo de la Comunidad Europea. Leo en la prensa de hoy que el producto per capita de los españoles ya excede el de los italianos. Y quizá después de haber estado en lo que se consideraba la región pobre de España, Andalucía, no era necesario el dato ante el evidente avance en el desarrollo. Campos perfectamente cultivados, parques para el desarrollo de empresas de creación de conocimiento, actividad comercial, autos de alto valor en las calles, modernos sistemas de transportación masiva y una sonrisa en la cara de las personas.

Madrid sigue siendo el centro neurálgico del país y con las elecciones en puerta, la contienda entre el actual Presidente, José Luis Rodríguez Zapatero y su contrincante de la derecha, Mariano Rajoy, está cada vez más encendida pero siempre sobre el tema económico. Ambos prometen mucho. Pareciera ser que la historia dice que, en lo general, han cumplido.

Barcelona, el centro industrial del país sigue siendo una bella ciudad perfectamente trazada con un sentido urbanístico que no he visto en ninguna otra parte, con un metro y autobuses de categoría superior y vibrante todos los días.

En general, observo una gran actividad en todas las ciudades que visitamos. Las tiendas llenas y las personas con bolsas (es época de rebajas, como ellos dicen), los restaurantes llenos a pesar de que la comida ya es bastante cara, aún para quien recibe euros, los teatros a reventar y el tráfico pesado pero muy ordenado.

Me llama la atención en particular el apego del español por las normas y el respeto a la ley. Al cruzar la calle, aún cuando lo hagamos con luz roja, el automovilista se para respetuosamente sin recordatorios familiares. Las colas del metro son ordenadas, los autobuses limpios y el tráfico fluye.

También se nota un descontento por la inmigración ilegal, sobre todo de África y de Europa oriental. Sin embargo, percibo que al igual que en los Estados Unidos, es un asunto altamente emocional porque los inmigrantes son los que realizan las tareas del nivel mas bajo como limpieza, jardinería y otros.

Nuestro siguiente punto es Italia, que como comenté anteriormente acaba de ser desbancada por los españoles en PIB per cápita. Roma sigue siendo la ciudad en la que a donde camines huele a historia y también aprecio una gran actividad económica. Sin embargo, la situación política es inestable por la renuncia del Primer Ministro que no ha podido ser reemplazado y los italianos siguen siendo tan poco respetuosos de las reglas como antes, aunque debo de decir que nos sorprendió el gran trabajo que han hecho en el control de los fumadores en lugares públicos, la limpieza de los canales de Venecia y la de otros ríos. Es evidente la influencia de las regulaciones de la CE.

Italia ha apostado claramente a un desarrollo tecnológico con sus avances en electrónica y telecomunicaciones y creo que en el mediano plazo le dará resultados espectaculares. Sin embargo, me parece que aún tienen que aprender a manejarse con apego a la ley y a las reglas. Creo que esta diferencia ha sido importante en su crecimiento a tasas menores que países como Irlanda y España. Pareciera ser que su capacidad de seguir creciendo a pesar del desorden político se ha terminado. Los resultados refuerzan mi convicción de que ningún país puede crecer en el largo plazo sin una sociedad apegada a la ley y el orden y sin una política que deje de lado los intereses personales o de grupos por el interés superior del país.

De Francia mi visión es limitada ya que solo estuvimos en París, que sigue siendo una bellísima ciudad y un centro cultural de primer orden pero la actividad  económica no se concentra en ella.

En general, observamos una Europa vibrante, activa económicamente, con grandes logros en el control de contaminantes (los autobuses de servicio público y los vehículos privados usan en su mayoría combustible diesel, no observamos humos ni malos olores), con excelentes sistemas de transporte público, con una actividad política centrada en la parte del crecimiento del país y con una población mayoritariamente bilingüe (su idioma e inglés).

Al regresar, lo hago con una serie de inquietudes. La primera es reafirmar mi convencimiento de que no hay mejor inversión que en educación y los viajes son educación. Aún más, los viajes crean inquietud, elevan el nivel de expectativas porque ya lo robamos en otras partes y nos hacen mejores ciudadanos. Francamente me cuesta trabajo comprender a quienes, teniendo la posibilidad física y económica, no viajan.

Por otro lado, me parece que en nuestro estado podríamos tomar muchas acciones que harían de nosotros una región ejemplo en Latinoamérica, iniciando con el transporte público. ¿No cree usted, apreciado lector, que podríamos aspirar a una línea de tren ligero o tranvía eléctrico que corriera por todo Héroe de Nacozari desde Jesús María hasta la planta Nissan y de oriente a Poniente por López Mateos desde el penal hasta tercer anillo? ¿Qué le parecería que a los choferes de autobús urbano se les pagara no solo por el ingreso de la unidad sino por su apego a las normas viales y respeto a los peatones? y ¿Si tuviéramos en las esquinas principales las rutas de los urbanos dentro de un mapa de la ciudad? y ¿Si los jóvenes que pintarrajean la infraestructura urbana fueran penalizados con trabajo para limpiar la ciudad? y ¿Si el programa de verificación ecológica de veras funcionara y se retirara de la circulación toda la chatarra contaminante? ¿Y que a los automovilistas se les exigiera un seguro de responsabilidad civil y que todos los que obtienen su licencia de conducir por primera vez estén obligados a reglas especiales por un período que puede ser un año?

¿Sueños de opio? Quizá, pero todos ellos realizables y nada complejos. Se necesita voluntad política y visión. Me atrevo a proponer que los contribuyentes invirtamos en mandar a algunos de nuestros legisladores y funcionarios por el mundo a ver otras culturas y formas de vida para que se les abra la mira. Pero que vayan a ensuciarse las manos, a subirse al metro o al transporte público como cualquier ciudadano, sin guías ni escoltas oficiales. Que hablen con el pueblo, no con comitivas de sus pares, que viajen en turista, en tren, en autobús, en taxi. Cargando sus maletas y buscando dónde lavar la ropa, comiendo en bares y cafeterías y no en eventos oficiales. Quizá esto sí sea demasiado pedir pero hay que hacerlo porque finalmente, que no se les olvide, los contribuyentes pagamos su sueldo y el que paga, manda.

Los viajes ilustran y cambian expectativas y estándares. Busquemos viajar.

Hasta la próxima colaboración.