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ELLOS SON
Arnaldo Coen
 

José Luis Díaz Ramírez
Plató 54
luisdiazfoto@hotmail.com
Con la colaboración de Miguel Ángel de Alba

En 1963, presentó su primer trabajo individual. Ha realizado importantes exposiciones en diferentes ciudades de Europa, Estados Unidos, Latinoamérica y Asia. En México ha expuesto en la Sala Nacional del Palacio de Bellas Artes y en el Museo de Arte Moderno entre otros. “Mi ideal es hacer una obra para que el espectador se vuelva creativo”, reflexiona.

¿Cuándo y dónde nace, cuál es su trayectoria?

El 10 de junio de 1940 en la Ciudad de México. Entre 1959 y 1960 trabajé en el taller de Laurence Calgagno y comencé a experimentar en el “expresionismo abstracto”. En mi primera exposición individual, en 1963, presenté “expresionismo figurativo” y a partir de 1964 incursiono en el “expresionismo fantástico”. Fui becado por el Gobierno Francés en 1967. En 1968 me convertí en miembro fundador del Salón Independiente y en 1972 participo en la creación de “Robarte el Arte”, una película que se filmó y mostró en documenta5, la exposición de arte contemporáneo más importante del mundo en Kassel, Alemania. Comencé a trabajar con pinturas objeto y escultura, utilizando como tema principal el torso femenino con diferentes tratamientos. De 1977 y 1978 viví en Tanzania para la realización del proyecto del diseño urbano de su nueva capital. Además de la pintura he realizado enviroments, escenografías y vestuarios para obras de teatro y danza.

¿Qué técnica emplea en sus carpetas?

Es una combinación de litografías (dibujos sobre piedras) con serigrafía. La litografía nos da la posibilidad de manejar medios tonos, en tanto que la serigrafía, que son plastas, maneja los colores planos. Hay una pieza, que es de un poema que escribió un amigo para una exposición, y un fragmento de ese poema es el texto integrado en el dibujo de un torso femenino, casi como si estuviera pintado el cuerpo o fueran unas vetas proyectadas sobre él, que dicen: “Espacio desnudo en el espejo, leve espesor del aire”.

Escogimos el título para una serie de gráficas, para la que él escribió diez poemas a partir de una obra que hice en los años 60, cuando trabajé en París. Entonces hice unos apuntes en una guía que usaba en París, ya que entre mapa y mapa había una hoja en blanco; cuando los vio, dijo que sería bonito evocar esos tiempos... Entonces le dije que escribiera unos poemas y que yo haría una nueva versión de las piezas, pero sin tener referencia alguna, y después, aleatoriamente, las uniríamos. Lo único definido en ese momento era que el tema principal sería el torso femenino.

Cada quien trabajó por su lado y, para juntar las obras, vimos ciertas analogías entre las piezas y los textos. En este caso, por ejemplo, era un juego entre el cuerpo femenino y una pared, como estas cosas que se crean, una obra vista a través de un accidente en un muro donde se suman imágenes que quedan grabadas. Viendo las piezas, fuimos acomodándolas buscando similitudes.

Estas piezas surgieron porque en esa época había conocido el arte tántrico y me gustó mucho la idea esquemática de la representación simbólica de lo místico con lo orgánico del cuerpo. En esta obra se da una especie de combinación de lo orgánico, de las formas femeninas con una serie de signos que tienen referencia con algunas cosas simbólicas, como la unidad en lo mismo tántrico.

Lo tántrico es muy bonito porque es el encuentro del alma con el cuerpo. Es decir, el éxtasis mayor místico se da a través del cuerpo, y hay una especie de referencia en algunas de mis piezas.




La obra de Arnaldo Coen, concebida como “arte tántrico” es una representación simbólica
de lo místico con lo orgánico. “Lo tántrico es muy bonito porque es el encuentro del alma
con el cuerpo”, expresa.

¿Hay alguna influencia hindú en su vida?

Sí, pero se refleja más bien en mi obra. De las primeras obras que leí cuando empecé a pintar, recuerdo una traducción de Octavio Paz de un libro de filosofía oriental escrita en forma de haikus llamado Sendas de Okú, en el cual el poeta sintetizaba lo que había visto durante su recorrido. Otro libro es uno que me regaló un amigo mío, “Zen y psicoanálisis”, que era una combinación del psicoanálisis de Erich Fromm con D.T. Suzuki, un japonés que introdujo los conceptos orientales a occidente.

Era la época en que el expresionismo abstracto en los Estados Unidos tenía mucho que ver con la caligrafía; fue la época en que el arte oriental comenzó a influir mucho en occidente, y eso tiene mucha similitud con nuestras raíces prehispánicas, con todo este pensamiento de relación con el entorno natural, con el todo…

¿Cuáles fueron sus estudios?

Diseño gráfico, pero como sentía inclinación por la arquitectura, cuando estaba en la preparatoria me iba de pinta a la Facultad de Arquitectura, y estuve de oyente durante dos años, lo que me hizo conocer a muchos arquitectos pero tenía inquietud por la pintura. Mis padres, a pesar de que estaban cerca del arte -con toda razón- temían que fuera artista, pero cuando uno trae la vocación, de alguna manera se sigue por ahí y lo va ligando a su quehacer cotidiano. Entré a estudiar diseño gráfico porque mi madre murió cuando yo tenía 17 años y mi padre se quedó con la inquietud de que ella quería que yo estudiara algo práctico. Por esa época vino a México Gordon Jones, un artista dedicado a usar el arte en la publicidad y comenzó a formar un equipo e invitó a muchos de sus alumnos a trabajar con él. Ahí me empapé de todo su conocimiento y de la historia del arte, de los movimientos de principios del siglo XX. Ahí conocí el movimiento vanguardista, porque lo analizábamos para ver cómo usar las obras de manera comercial, para entender el concepto y ver cómo lo percibía el consumidor. Pero vimos que no necesitaba ser digerido para dárselo digerido al espectador. Ahí entendí que el arte era hacer una obra abierta para que el espectador no perdiera su posibilidad creativa y enriqueciera con su interpretación la obra propuesta.

Una obra de arte debe tener la capacidad de hacer que un artista produzca la posibilidad creativa, plural, como tantos espectadores hay.

Jones usaba todos los recursos artísticos en beneficio de la publicidad. Fue un factor muy importante, porque aparte de lo estético y visual, estaba la parte de concebir la imagen en función de un resultado; en este caso, el producto: qué quería decir, cómo teníamos que hacer que lo dijera y que fuera legible; debía tener un concepto y un sentido. Me acerqué mucho al arte entre las artes plásticas y audiovisuales y la parte conceptual.


“...No es un paraíso natural, sino geométrico. Pero un paraíso invadido como por una liana
funesta por el deseo. La mujer y su tropa de monstruos encantadores y terribles”,
dijo Octavio Paz de la obra de Arnaldo Coen.

El artista ¿nace o se hace?

Es como una especie de intención surgida del inconsciente y después uno se va haciendo responsable de eso; no se si sea genético, pero creo que tiene mucho que ver con lo cultural, con lo que nos enseñan de niños; cuando estamos en el kindergarten, a todos nos dicen que somos geniales, que somos sensacionales… y algunos nos lo creemos; por eso tuve sembrada la semilla desde niño…

Entonces ¿desde niño supo que sería artista?

De alguna forma nací en el arte: mi abuela era cantante de ópera –Fanny Anitúa- y por eso mi padre nació en Italia. Ella llegó a la ciudad de México muy joven, y Porfirio Díaz la apoyó para que siguiera estudiando en Italia, y llegó a ser parte del elenco de “La Scala” de Milán. Ahí se casó con Carlos Coen, un judío italiano, y de esa unión nació mi padre, Arrigo Coen, psicólogo y lingüista destacado. Esa fue mi cercanía mayor con el arte.

¿Cuál es su concepción del arte?

Es la capacidad de percibir algo superior a uno; de alguna manera uno es intermediario de algo que le es dictado, de un espíritu o de una musa que le dicta a uno cosas… Entonces, tiene uno que estar en actitud de vacío y no pretender que es el creador; tiene que ser intérprete o medio de algo que le es manifiesto. Uno tiene que estar perceptivo para captarlo, plasmarlo y llevarlo a un lenguaje inteligible y poder transmitir algo a través de ello.

¿El espectador termina siendo parte de su obra?

Ese es mi ideal, pero aún no sé si llega integrarse realmente. Es un acto de libertad que mucha gente no se permite y me pregunta “maestro ¿Qué significa, qué quiere decir esto?” Recuerdo que Picasso decía “¿qué quiere decir un árbol, una nube? Es simplemente lo que es”. Depende de ti y de cada espectador, de su capacidad creativa para interpretar… y no necesariamente tiene que ver con algo racional. Muchas veces la explicación de algo limita la posibilidad del espectador para crear, para imaginar, pero el espectador que va a fondo es aquel que se vuelve creativo con cada obra que ve. Mi ideal es hacer una obra para que el espectador se vuelva creativo.

 

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