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MC. Jaime Damián García
Gerente Técnico Learning Ingeniería, S.C.
jdamian@artizon.com.mx
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Quiero compartir con ustedes una pequeña anécdota que me encontré mientras navegaba por el ciberespacio. Se dice que en cierta ocasión un ángel hace su aparición en una reunión del claustro de profesores de una universidad, se dirige al rector y le dice que, como recompensa por su comportamiento ejemplar y generoso, el Señor le recompensará con uno de estos tres premios: riqueza, sabiduría o belleza. Sin dudarlo un instante, el rector escoge sabiduría infinita. "Concedido" exclama el ángel y acto seguido desaparece dejando una nube de humo y un relámpago cegador. En ese momento, todas las cabezas se giran hacia el rector quien se halla rodeado de un celestial halo de luz. Uno de los catedráticos le susurra "Di algo profundo". El rector respira hondo, se rasca el mentón y dice: "Debiese haber escogido el dinero".
Hablar hoy en día de educación implica terminar haciendo énfasis en los números: matrícula, horas clase, avance del programa educativo, presupuestos, costos, inversiones entre otros. La educación es un lucrativo mercado y la formación es un negocio que no dejará de crecer exponencialmente en una sociedad en la que la educación pública ha dejado mucho que desear.
Como resultado de mi trabajo, he recorrido varios lugares de la república mexicana y el extranjero impartiendo mis seminarios dirigidos principalmente a maestros y profesores de instituciones de educación pública y privada así como a instructores de capacitación del sector productivo. He tenido la oportunidad de conocer a este tipo de profesional de manera muy cercana así como la estructura administrativa.
Con esta advertencia en mente, me gustaría explicar lo siguiente. Nuestra sociedad adora la velocidad, la cultura del correcaminos, la comida para llevar, matrimonios exprés, donde todo debe ser cada vez más rápido, donde no vivimos la vida sino que corremos la vida y donde el tiempo es dinero. Estamos obsesionados en medir todo con cifras y que cada año, esas cifras sean considerablemente mejores que las del anterior. Obviamente era muy ingenuo creer que esta ola no iba a inundar también el mundo del aprendizaje. Cada día nos ofrecen desde cursos de lectura rápida, hasta cómo aprender todo sobre alta dirección en un día. Las instituciones de educación privada por su parte, ofrecen carreras en tan sólo dos años a nivel bachillerato y ni hablar de universidades que ofrecen un título profesional en tan sólo tres años y en muchas ocasiones asistiendo sólo algunas horas por semana, esto sin descontar los días perdidos ocasionados por “los puentes”, días festivos y paros sindicales (que ni ellos saben por qué).
Aprender es una ciencia, pero el aprendizaje no se puede medir con cifras y aunque fuese posible, no merece la pena hacerlo. Lo que importa es medir el resultado de su aplicación; no cuánto sabe alguien sino qué hace con lo que sabe, qué resultados obtiene. Posiblemente usted sea una de esas personas que “no le fue nada bien” en la escuela al obtener una nota de 7 u 8 o quizá no terminó su carrera profesional y sin embargo es un trabajador o empresario exitoso ¿qué dice todo esto de Usted? Una nota dice tanto de una persona como su número de empleados. Es decir, nada. Cada vez que tengo que contratar un instructor para integrarlo en nuestro equipo de trabajo me fijo básicamente en ciertas competencias fundamentales. Apenas hago caso de su currículum, es más, trato de que no sean pedagogos (formado con los viejos paradigmas y modelos educativos) porque el trabajo de “desaprender” que debemos hacer es muy costoso.
Queridos amigos, no hay niños o jóvenes con déficit atencional sino adultos con ese déficit. Criamos niños y adolecentes estresados que no saben pensar y no saben soñar. Se busca lo más rápido, lo más efectivo pero al mismo tiempo lo más barato. El problema es que esa ecuación no se sostiene y alguien pierde.
No sé de quién es la responsabilidad, si de la oferta que es capaz de ofrecer cualquier cosa con tal de vender en un negocio que cada vez resulta más apetitoso o de la demanda del mercado, que ve una manera fácil y sencilla de gastar lo menos posible. O posiblemente de los maestros o profesores reutilizando los viejos manuales, power points y CD´s que ya tenían y de la poca actualización en habilidades docentes que le permitan ser facilitadores o gestores del aprendizaje.
Realmente no tengo la respuesta pero lo que sí puedo asegurar, con base en mi experiencia, es que la educación pública no está a la altura de los requerimientos de este nuevo siglo. Tenemos instalaciones como son los salones, laboratorios, talleres, escuelas en muy malas condiciones -en muchos casos deprimentes-; instalaciones del siglo pasado. Contamos con profesores y docentes con falta de competencias básicas acorde a los nuevos requerimientos educativos y cuyas actitudes dejan mucho que desear y lo peor es que lo van heredando a sus alumnos; docentes de principios del siglo. Tenemos alumnos que van más adelante que nosotros y que exigen y necesitan la actualización urgente de nuestro modelo educativo; alumnos de principios del siguiente siglo. Y por último tenemos unas autoridades con falta de visión y compromiso, enredados en los procesos burocráticos y hostigados por sindicatos que sólo buscan beneficios personales. Bajo este planteamiento no podemos esperar un México competitivo, no podemos aspirar a un mejor país. Desde mi perspectiva, de seguir así el panorama no es muy halagador y créanme, no es pesimismo, lo digo con todo sentido de esperanza y con la única idea de tener un lugar digno dónde vivir.
No se trata de merecer sino de actuar. Sin duda tenemos un gran reto gobierno, empresarios, instituciones de educación, sindicatos y padres de familia. Lo menos que podemos hacer es hacer lo que nos tocar hacer.
Hasta la próxima.
